Zombies de arte y ensayo

Randall, el protagonista de "Deadlight. Director's cut", solo ante el peligro

Randall, el protagonista de «Deadlight. Director’s Cut», solo ante el peligro

¿Qué, hacen unos zombies fresquitos para animar el verano? La verdad es que aún no sabemos por qué no se anima alguna empresa heladera en sacar el «polo de zombi»  o algo así, porque canícula y no muertos hacen bastante buena pareja (recordemos la saga «Dead Island» o la memorable promo playera del inicio de «Fear the walking dead» el año pasado por estas fechas). Sea como fuere, en verano o en el crudo invierno, cualquier estación es buena para disfrutar de «Deadlight: Director’s Cut», perla terrorífica salida de la mente calenturienta de Tequila Works y Abstraction Games que ya se encuentra disponible para PS4, Xbox One y PC. Y la cosa promete lo suyo, ya que estamos en pleno 1986, año Chernóbil, en un mundo apocalíptico donde encarnamos a Randall Wayne, un superviviente que intenta contactar con sus seres queridos en mitad de un infierno de tres pares. Así que nos espera un buen cóctel con los elementos clásicos del tema: exploración en mitad de parajes desolados, combates a mordiscos o zarpazos con seres luciferinos (conocidos aquí como «sombras»), puzles y plataformas ingeniosos y ese toque de humanidad desesperada de obras como «La carretera», de McCarthy.

El depurado arte y diseño es uno de los elementos más alabados de este juego

El depurado arte y diseño gráfico es uno de los elementos más alabados de este juego

Hay que recordar que «Deadlight» vio la luz hace cuatro años en XBLA y en Steam, cosechando grandes alabanzas y laureles gracias, sobre todo, a su inspirado look 2D, que dio lugar a un diseño impactante y saturado que hacía aún más pavorosa la experiencia de nuestro héroe. Ahora, la mejora es evidente gracias a su subidón 1080p, que abrillanta animaciones y contenidos en el modo Supervivencia, la perla de la corona de esta edición. Como siempre, el instinto de conservación y la maña a la hora de fabricar nuestro arsenal serán dos de las claves del juego, así como el sigilo entre las ruinas de una Seattle devastada e infectada de monstruos, que nos llegarán a oleadas. Para detenerlos vale todo: ametralladoras, cócteles molotov, rifles de francotirador, explosivos o hasta palos y ganchos construidos artesanalmente. Aparte de la acción, también hay sitio para los gourmets jugones, gracias al libro de arte que podemos consultar en mitad de la aventura, y a los sucesivos diarios del bueno de Randall. Y, si queremos acción de la buena, ojo al modo Pesadilla, que hace honor a su nombre. En definitiva, una maravilla a un precio reducido y que garantiza escalofríos casi de arte y ensayo. Dos pulgares arriba.

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