Videojuegos que matan (a disgustos, al menos)

Cuidado, Bart, ¡a tu derecha!

Cuidado, Bart, ¡a tu derecha!

Siempre que enchufamos la caja tonta aguantamos el zapeo ante los programas humorísticos, tan necesarios en estos tiempos que corren. Por eso, cuando no estamos viendo alguna subasta de trasteros, allá que conectamos Cuarto Milenio casi en vena. Además, el pasado domingo con más motivo porque, junto con las paparruchas del Tío Camuñas de siempre (algunas, contadas por un ex colega pitagorín del periódico, metido a Tristanbaker de chichinabo), dedicaron unos minutillos a «videojuegos malditos». Arrea. Con tono conspiranoide y careto de vaca lechera mirando a un zepelín por parte del bueno de Íker, fueron saliendo algunos ejemplos más o menos conocidos y chocantes, empezando por la leyenda de «E.T.», cataclismo histórico que casi condena al abismo a la industria hace justo 30 años, y del que se dice que cientos de miles de copias sin vender fueron enterradas en el desierto de Nuevo México. Quien tenga pico y pala, que lo compruebe.

El videojuego maldito por excelencia (mareo asegurado, eso sí)

El videojuego maldito por excelencia (mareo asegurado, eso sí)

Más «regomeyos» fueron los siguientes ejemplos de juegos creados para, literalmente, enloquecer o matar al pobrecito jugón de los salones recreativos de los 80: «Polybius» (1981), hipotético ingenio luciferino que, con la piel de cordero de un shooter espacial al uso, encerraba todo un código subliminal de mareos, cefaleas y hasta intentos de suicidio en sus víctimas. Su existencia real nunca se comprobó (más o menos es como la fábula de Ricky Martin, el perro y el tarro de mermelada), pero abundaron las leyendas alrededor de su densa humareda: desde víctimas internadas en frenopáticos hasta «men in black» de la CIA encargados de depositar y recoger las unidades del juego en los recreativos. Ni «Juegos de guerra», vamos. También tenemos «Killswitch» (ver clips al final del repor), salido del caldero con olor a azufre de unos desarrolladores rusos (la amenaza roja seguía palpitante en la era Reagan) y ambientado en una misteriosa mina poblada de fantasmas. Lo mejor del tema era que, como en los tebeos de Mortadelo, el juego se autodestruía nada más acabarlo, o tras un simple «game over». Por lo visto un japonés pagó una fortuna por una de las 5.000 copias que se hicieron y, en vez de organizar un show para friquis ricos estilo «Hostel», fue colgando en la red sus evoluciones. Ja. ¿Maldición o inocentada? Por último, en el programa se habló de «Berzerk» (1980), otro juego jurásico (esta vez real y creado por una major como Atari) cuyo estigma se debe a que un par de jugadores murieron fulminados nada más grabar sus iniciales en el «high score». Amos, anda.

Pueblo Lavanda: entre el Flautista de Hamelin y el Heraldo de la Muerte

Pueblo Lavanda: entre el Flautista de Hamelin y el Heraldo de la Muerte

Aparte de estas «perlas» de la mitología (sub)urbana, también hay otras más escalofriantes no tratadas en el programa: por ejemplo, la que afectó a otro gigante como Nintendo en su línea «Pokémon», concretamente las ediciones «Verde», «Roja» y «Azul» (todas ellas, en sus versiones japonesas, que no llegaron a Occidente, por suerte). Por lo visto, mientras el jugador recorre Pueblo Lavanda, suena una estridente y machacona musiquilla que puede inducir a males y quebrantos parecidos a los de «Polybius». Cierto o no, la realidad es que un total de 104 niños de entre 7 a 12 años se suicidaron en el país nipón en ese verano del 96 cuando todos los críos jugaban como posesos a «Pokémon». Ahí queda eso…

Elige tu propia muerte con "Taboo", lechuguino

Elige tu propia muerte con «Taboo», lechuguino

Otro juego de la casa, «Taboo», también logró cierto revuelo cuando algunos fallecimientos reales de jugadores coincidían con lo que, en teoría, habían escrito en sus datos personales al comenzar la partida (ser atropellado por un camión, volverse loco, un accidente múltiple…). Como escarpias se nos ponen los pelos de las orejas. También a la competencia de Nintendo, Sega, le tocó la china y el cuervo negro cuando un crío murió en su casa por un ataque epiléptico (otra de las acusaciones tradicionales hacia la saga «Pokémon», por cierto) tras lograr desbloquear a «Tails Doll» como personaje jugable en su «Sonic R» de Sega Saturn. Un accidente fatal que, por supuesto, bastó para encender un reguero de habladurías, maldiciones y búsqueda y captura del bicho en cuestión en más juegos de la saga. Qué morbosillos somos…

"Manhunt" nos los pone de corbata, las cosas como son

«Manhunt» nos los pone de corbata, las cosas como son

Por supuesto, los juegos de terror también tienen lo suyo: desde pasadizos secretos que conducen a sustos de muerte en varios «Silent Hill», a la leyenda (difundida por su distribuidora de entonces a la prensa, sin ir más lejos) de que, al acabar el horripilante «Manhunt» con máxima dificultad y máxima puntuación, aparece una escena particularmente insoportable que puede provocar algún «corazón partío», como diría Alejandrito Magno. Historietas y chanzas para contar a la luz de la hoguera en las largas noches de verano porque, en realidad, los únicos videojuegos que han causado la muerte de inocentes son los que previamente han pasado por la mente enferma del verdugo, sea el «asesino de la katana» de «Final Fantasy VIII» o algún pirado que se toma «Mortal Kombat» o «Call of Duty» demasiado en serio. Eso, sin contar aquel taiwanés que se tiró 10 horas jugando al «World of Warcraft» en un cibercafé, le dio un tabardillo letal y el resto de viciados, como si tal cosa. Consejo básico y cabal: consumir siempre con moderación y con cabeza, sobre todo con cabeza. Y los cuentos de brujas y duendes, mejor para los niños que no quieren comerse las lentejas.

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2 comentarios en “Videojuegos que matan (a disgustos, al menos)

  1. Madre mía el Polybius, eso es verdad¿¿??? acojona, quien sabe la de imágenes subliminales que nos devén de estar metiendo en las nuevas maquinas ….
    Me voy a por una Cocacola que calma la sed y al mismo tiempo refresca…. Cocacolaaaaa

  2. No sé si será cierto o no, pero la verdad es que es inquietante y hasta escalofriante. Si en el cine, la TV o la publicidad hay docenas o cientos de imágenes y mensajes subliminales, sin duda en los videojuegos, caldo de cultivo juvenil por excelencia, también. Hombre, tanto como para inducir al suicidio no creo, pero para orientar conciencias y mentalidades, seguros. De todas formas, el tema es apasionante e inagotable. Saludos.

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