Renacimiento atómico

Jean Grey (Sophie Turner) se las verá luchando contra sí misma y contra sus hermanos mutantes después de absorber una fuerza cósmica descomunal.

En una peligrosa misión de rescate en el espacio liderada por los X-Men, uno de sus miembros se ve alcanzado gravemente por una extraña fuerza cósmica. Sin embargo, lo que parecía la muerte segura de Jean Grey se torna en una gigantesca ampliación de sus superpoderes. Renacida cual ave fénix, y tras descubrir el secreto que ocultaba la verdad de su llegada a la escuela para jóvenes talentos del profesor Xavier cuando tan solo era una niña; Jean se debatirá entre seguir al lado de la patrulla de mutantes o dejarse llevar por los cantos de sirena de una siniestra raza alienígena necesitada de su fuerza para colonizar la Tierra.

La serie protagonizada por la patrulla X vuelve a ofrecernos espectáculo en pantalla grande, esta vez de la mano de Chris Claremont como director y guionista de X-Men: Fénix Oscura. Y decimos espectáculo, sin dudar de su puesta en escena al servicio del “entertainment”, pero sin aplicarle el aumentativo ni ningún tipo de grandilocuencia al adjetivo, ya que tras un inicio realmente esperanzador -la operación de rescate tiene una viveza fílmica fabulosa- la película progresivamente se va dejando pelos en la gatera. La pérdida de punch gradual se debe a la falta de consistencia de la trama central -la búsqueda de respuestas de una desconcertada y desconcertante Jean Grey, incapaz de controlar emociones y su impresionante poder- y de una subtrama adicional de extraterrestres que pasaban por ahí, o sea por la Tierra, un tanto cogida con alfileres y escasamente original.

A James McAvoy le sigue sentando como un guante el papel del profesor Xavier.

A diferencia de otras sagas de superhéroes, X-Men se ha caracterizado por cierta profundidad en las motivaciones de los personajes. Fénix Oscura pone el foco en el trauma infantil de su protagonista y en el daño brutal que ésta causa a quienes más ama. Lamentablemente pronto se dispersa la explicación, peca de reiterativa y las causas no parecen justificar las consecuencias ni el “pifostio” que la susodicha monta. Así, la construcción del nuevo personaje en la esfera mutante queda a medio camino de la empatía. Una pena, porque la presencia de Sophie Turner (Juego de Tronos) en la piel de Grey es realmente sugerente y la intensidad de su mirada azul podría haber tenido más recorrido introspectivo antes de incendiarse hasta desatar una furia desmelenada, la cual, eso sí, causa efecto “ojiplático” en el espectador.

Sea por no interrumpir el ritmo de la acción, bien dosificado y sin concesiones al aburrimiento, la mayoría de los mutantes se suben al carro como monos de feria a los que les han dado cuerda para desplegar sus habilidades en la función, obviando cualquier referencia a sus personalidades. No busquemos nada más allá de la activación de sus superpoderes en Tormenta, Cíclope, Mística, Quicksilver… incluso en Magneto. Meros comparsas, aunque muy dignamente arropados por el trabajo del siempre solvente James McAvoy como el profesor Xavier, salpicado en esta ocasión por la sospecha del egoísmo y que, una vez más, el guión no sabe aprovechar como posibilidad narrativa. Sobre el papel “bon-boom” otorgado a Jessica Chastain, una alienígena exterminadora de sangre verde y fría, mejor deslizar un discreto velo: precisamente no cubrirá de gloria su hasta el momento estupenda hoja de servicios.

El apartado técnico en X-Men: Fénix Oscura depara momentos estelares y de gran belleza visual.

X-Men: Fénix Oscura no es una película que desmerezca, ni mucho menos. Entretiene en su superficie y posee escenas vibrantes y visualmente de calidad. Pero adolece de la esencia del universo X-Men que Brian Singer marcara en la dos primeras películas de la serie y prolongó años más tarde en ‘Días del futuro pasado’. Con tal línea trazada lo conveniente y seguro hubiera sido continuarla. Visto la resultante, desviarse de ella no ha sido un buen negocio.

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La fuga de Logan

Hugh Jackman, sacando las garras por última vez, o eso asegura

Hugh Jackman, sacando las garras por última vez, o eso asegura

Cuando las barbas de tu enemigo veas pelar, saca las garras a pasear. Si son
de adamantium, ya sabemos del pelaje y la barba del ínclito dueño. Aunque en
esta peli las susodichas van a rebanar pescuezos y hasta decapitar cabezas a
cuatro manos. No solo quien estabais pensando, también su «dulce» hijita de
probeta le va a poner saña y precisión a la faena de ensartar a todo individuo o
mala copia mutante que se ponga por delante. A Lobezno no le podía haber
salido mejor compañera de viaje para esta sui generis road movie fantástica,
con la séptima marcha todoterreno metida desde el minuto uno cuando
despierta resacoso dentro de su coche: instantes después tirará de repertorio
contra unos incautos chicanos a los que Trump estaría encantado de pagarles
las copas en el bar de «Abierto hasta el amanecer».
«Logan» (Hugh Jackman) nos lleva a los infiernos internos de su protagonista.
Otros tiempos fueron mejores para él y para los de su raza, de camino a la
extinción. Ahora anda de capa caída, alcoholizado y malviviendo como chófer.
Bajo su custodia está el profesor Charles Xavier (Patrick Stewart), ya con la
cabeza más allá que aquí, lo cual supone un peligro para quienes están a su
alrededor si le da por no tomarse la pastillita que controla sus achaques de
poderes mentales desatados. Junto con el albino Caliban, se esconden como
parias lejos del mundanal ruido y de una sociedad que en el 2024 no los
necesita, acaso sólo para utilizar arteramente sus increíbles dones. Pero he ahí
que al decadente Logan-Lobezno le cae la «niña bonita», una última misión de
conducir al fruto de sus genes a la frontera. A la jovencita mutante le pisan los
talones una facción gubernamental armada hasta los dientes para meterla en
vereda, o sea recluirla de nuevo en la «fortaleza-laboratorio» de donde escapó
junto a otros niños, con los cuales se experimentaba para fabricar auténticas
armas de guerra andantes.
La cosa tiene miga y el filme… pues bueno, podemos decir que es un intento
de despedida con honores para el más carismático miembro de la Patrulla X. Si
arrascamos un poco desde luego nos salpican unos cuantos topicazos
argumentales (esas cobayas infantiles letales…) y manidos esquemas
formales, surgidos como de una extraña mezcla del cine de acción
multiorgásmico de Roland Emmerich agitado con el chinorri de estilo
hongkonés. No obstante algunos de los cruentos desenlaces nos pueden dejar
tan atónitos, por lo inesperado de quienes caen al hoyo, como petrificados fiel a
la secuencia: un mannequin challenge macabro de rechinar dientes. La factoría
Marvel ahí le da manga ancha al director, James Mangold, y nos avisa que este
Lobezno es más oscuro, canalla e implacable que otros. Es un superhéroe más
terrenal en cuanto se muestra vulnerable dentro de una personalidad
fatalmente marcada por el destino pero, ay amigo, cuando saca las cuchillas
anda sin concesiones y nos olvidamos de la pretendida elegía humanista. Ojo,
y la pequeña salvaje que le acompaña no le va a la zaga, menuda pieza.
El asunto está que las ruedas de la fuga de Logan no dejan huella, sólo
reguero de sangre. Si lo que buscamos son escenas espectaculares,
estaremos bien servido, aunque extenúe, pero en tensión dramática y
profundidad el filme se queda cortito. Hay intentos, porque quiere desmarcarse
y tomárselo (demasiado) en serio respecto a otros títulos de la serie, pero ni siquiera el paralelismo con la realidad actual, cuando de soslayo aborda el problema de la inmigración en la frontera sur del país del tío Sam, da apenas rédito. Sí acierta la autorreferencia al propio cómic, un recurso bien traído y calza en el argumento como zapato a medida. Tampoco disgusta el guiño crepuscular, más el romántico de «Raíces profundas» enmarcado en la televisión de un motel, que el fatuamente evocado de «Sin perdón».
Palomitera sí, para fans con pedigrí no.

 

Texto: José María Fillol

La despedida de Lobezno no puede ser más espectacular

La despedida de Lobezno no puede ser más espectacular

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Magníficos y mutantes

Seguramente, el western del año, así que no te digo ná y te lo digo tó

Seguramente, el western del año, así que no te digo ná y te lo digo tó

La verdad es que nos resulta muy fácil que se nos caiga la baba con «Los siete magníficos». Ya, sabemos que el original está impregnado de sagrada magia y solemnidad, por no hablar de su auténtico germen, «Los siete samuráis» del maestro Kurosawa, pero un blog como éste, con sabor a western galopando por sus venas, no necesita mucho más para que la mecha se prenda. Tampoco importa que su director, Antoine Fuqua, últimamente no dé demasiado pie con bola, ni que las críticas desde el Festival de Venecia no hayan sido muy positivas: basta con contemplar el fantástico arranque, con un Peter Sarsgaard maligno y que se va afianzando a pasos agigantados como uno de los mejores y más camaleónicos actores en la actualidad, para que empecemos a frotarnos las manos. Aunque la función gana aún más enteros cuando hace acto de presencia Denzel Washington, el pistolero sin sombra porque él mismo es una sombra -aparte de por su precioso moreno natural-. Y no digamos cuando se va completando la pandilla, con actorazos del calibre de Ethan Hawke (atormentado y peligroso), Chris Pratt (el necesario contrapunto cómico a tanta escabechina) o un Vincent D’Onofrio osezno y a años-luz de su Recluta Patoso. Seguramente haya otros que sobren, o que hagan bulto en plan discriminación positiva (el chino, el indio y el mexicano), pero qué más da si el último acto es tan brutal y enloquecido que casi recuerda al de «Grupo salvaje», salvando las distancias. Lástima que el inmortal score no haga acto de presencia hasta los créditos finales. Pero, mira, tampoco se puede decir que hayan abusado a caballo ganador. Hala, a verla derechitos. Y si es en sesión doble con «Captain Fantastic», con Viggo Mortensen y sus «seis magníficos» trotskistas y hippilongos, mucho mejor.

La nueva misión de los X-Men ya ha desembarcado en formato doméstico

La nueva misión de los X-Men ya ha desembarcado en formato doméstico

PD. Por si fuera poco, acaba de lanzarse en DVD, Blu-Ray y 4K Ultra HD «X-Men: Apocalisis», la nueva aventura de la patrulla mutante de Marvel. Después de recaudar más de 500 millones de euros en salas comerciales, ya podremos disfrutar en casita de una épica aventura dirigida por Bryan Singer, director de las primeras y más celebradas entregas de la franquicia. Esta vez con un reparto impresionante, que incluye a James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Oscar Isaac y Hugh Jackman, y con una trama centrada en Apocalipsis, el mutante más poderoso que ha existido nunca, que despierta de su sueño casi eterno para reclutar a un ejército encabezado por Magneto con la sugerente idea de acabar con toda la humanidad y crear un nuevo orden mundial. Pero el Profesor X, con la ayuda de Mística, se unirá a un grupo de jóvenes mutantes para tratar de detener al mayor enemigo contra el que se hayan enfrentado jamás. La edición está realmente cuidada, y cuenta con extras jugosos como escenas eliminadas, tomas falsas y celebración de fin de rodaje, concept art generoso y audiocomentarios de productor y director. Imprescindible para los fans de la saga, ni que decir tiene.

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Llámalo X

Mística, pasándolas canutas gentileza del malo malísimo Apocalipsis

Mística, pasándolas canutas gentileza del malo malísimo Apocalipsis

Ya está aquí, ya llegó… no, la Patrulla Canina no: la Patrulla Mutante. Porque hoy se estrena el último episodio de la saga de nunca acabar, responsable en buena medida de la resurrección-empacho de género superheroico que vivimos en la actualidad. Al menos, el responsable es Bryan Singer, que inició la franquicia allá por el año 2000 y que ahora se pone por cuarta vez a la batuta con «X-Men: Apocalipsis», filme con un argumento de los buenos, y que se centra en Apocalipsis, el mutante más poderoso que ha existido nunca, adorado como un dios mientras acumulaba los poderes del resto de mutantes convirtiéndose en un ser inmortal. Tras su debilitamiento después de miles de años, su desilusión hacia el mundo le obliga a reclutar a un grupo de poderosos mutantes, incluyendo al descorazonado Magneto (Michael Fassbender), para purificar la humanidad y crear un nuevo orden mundial, del cual estará al frente. Mientras el destino de la Tierra pende de un hilo, Raven (Jennifer Lawrence) con la ayuda del Profesor X (James McAvoy) tendrá que liderar un equipo de jóvenes X-Men para detener a su mayor enemigo y salvar a la humanidad de la destrucción total.

Michael Fassbender, un Magneto que templa más y mejor que un torero en San Isidro

Michael Fassbender, un Magneto que templa más y mejor que un torero en San Isidro

Esto es, un chorreo de efectos especiales, alusiones bíblicas y actores de relumbrón, que dan lo mejor de sí tras «Días del Futuro Pasado», anterior filme de Singer. Un espectáculo de cabo a rabo definido así por el productor Hutch Parker: «Bryan tuvo que tirar la puerta abajo en la narración para trasladar a este increíble elemento desde un punto tan distante de la historia. De hecho, mucho antes de que el mundo fuera consciente de la existencia de los mutantes, Apocalipsis reinaba como si fuera un dios. En realidad, Apocalipsis no sólo se imagina como un dios, sino como el dios. Ésta es una idea extraordinariamente rica para un villano. No se trata de un hombre frente a la lucha mutante, como hemos visto en otros filmes; es un mundo que ha sido concebido por Apocalipsis, en el que sólo los fuertes sobreviven. Apocalipsis es un peligro distinto a cualquier otro que los X-Men hayan conocido antes. Apocalipsis es un ser antiguo y sobrenatural al mismo tiempo». Hablando de seres antiguos y sobrenaturales, también se estrena «Noche real», una simpática comedia sobre la noche en que una jovencita Isabel II se fue de picos pardos y hasta se soltó la corona, metafóricamente hablando. Que no todo van a ser mutantes hoy viernes, ¿no?

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