¡Viva Woody!

El autor de «Manhattan», impartiendo magisterio a un par de aprendices

Albricias. Después de pasarse una temporadita condenado por la inquisición de memos, regresa uno de los mejores cineastas del último medio siglo. Woody Allen vuelve con su estilo ligero y profundo a la vez en «Día de lluvia en Nueva York», fábula urbanita centrada en Gatsby Welles y Ashleigh, una joven pareja enamorada que se dispone a pasar un día en la ciudad de Nueva York. Ella debe entrevistar al reconocido cineasta Roland Pollard, mientras que su novio se topará por casualidad con Chan, una vieja conocida que removerá en el joven ciertos sentimientos del pasado. Por otro lado a Ashleigh le nace dos nuevos pretendientes, el escritor Ted Davidoff y el cautivador Francisco Vega, que intentarán ser el nuevo interés amoroso de la joven. ¿Qué podría salir mal? Esta comedia romántica escrita y dirigida por el geniecillo de Brooklyn (tras Café Society, Blue Jasmine y Wonder Wheel) cuenta en su reparto con Timothée Chalamet (Call Me by Your Name, Lady Bird), Selena Gomez (Malditos vecinos 2, Los principios del cuidado), Elle Fanning (La seducción, The Neon Demon), Rebecca Hall (La cena, Mi amigo el gigante), Diego Luna (Enganchados a la muerte, Rogue One: Una historia de Star Wars), Liev Schreiber (Ray Donovan, Spotlight) y Jude Law (Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur). Una pieza delicada y vivaz donde los temas eternos del gran cineasta se repiten y crepitan en la sartén de la Gran Manzana una vez más. Pues eso, que viva Woody por muchos años.

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Sueños desvaídos

Kate Winslet protagoniza lo último de Woody Allen

Kate Winslet protagoniza lo último de Woody Allen

Despedimos el año cinéfilo, como quien dice, con un Papá Noel judío y octogenario: Woody Allen, que presenta su último filme, «Wonder Wheel», otra piececilla nostálgica y algo plúmbea, siguiendo la estela de su anterior trabajo, «Café Society». En esta ocasión nos trasladamos a los años 50 en pleno Nueva York, cuando las vidas de cuatro personajes se entrelazan en medio del ajetreo y el bullicio del parque de atracciones de Coney Island. Ginny (Kate Winslet) es una ex actriz emocionalmente volátil que ahora trabaja como camarera, Humpty (Jim Belushi), es el rudo operador del carrusel Wonder Wheel, Mickey (Justin Timberlake) es un apuesto salvavidas que sueña con convertirse en dramaturgo y Carolina (Juno Temple) es la hija de Humpty que tiene problemas con ciertos gangsters. A destacar la fotografía del mitico Vittorio Storaro en un filme que, desde luego, no es ninguna obra maestra, pero que resulta apetecible en estas fechas navideñas llenas de artificio y ñoñerías. Y, para seguir la tradición, allá van las listas de las mejores y peores pelis que han pasado por mis cada vez más desgastados y desencantados ojos en 2017. 

5 BUENAS

«Train to Busan»

«La la land»

«Silencio»

«El otro lado de la esperanza»

«Coco»

 

5 BIRRIAS

«La cabaña»

«Madre!»

«Rings»

«La seducción»

«Rey Arturo»

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Woodywood y l’amour

El viejo profe Allen, aleccionando a la de "Crepúsculo" y al de "La red social"

El viejo profe Allen, aleccionando a la de «Crepúsculo» y al de «La red social»

Cada vez se estrenan antes las películas de Woody Allen, tal vez en un imposible anhelo espacio-temporal de alcanzarse entre sí, replegar su propio universo judío y, de una vez por todas, formar un todo orgánico en eterna expansión y lograr la eternidad cósmica con su intrínseca fuerza gravitacional (uf, echemos el freno si no queremos parecernos a Mtnez., el flamante columnista-onanista petunio de «El Mundo»). La cosa es que, aún en agosto, ya tenemos la última postal romántica y sencillita del abuelete que decició casarse con su hija hace unos cuantos años: «Café Society», una historia mínima en tonos pastel y con ciertos ecos a «El apartamento» (pobre diablo enamorado de una secretaria a la que se tira su jefe mientras la camela con un divorcio dilatado) enmarcada en un período efervescente como pocos: el Hollywood dorado de los años 30. Seguramente esa localización, y la dirección artística majestuosa que conlleva, sea lo mejor de una comedia agridulce sobre los caprichos, tontunas, azares e injusticias a doble velocidad del amor que Allen despacha con la mecánica celeste de quien se auto-obliga a estrenar una cinta al año por lo civil o lo criminal (si esta historia hubiese caído en manos de Edgar Neville, por no mentar a torres más altas…). Pero ha caído en las del autor de «Hannah y sus hermanas», que al menos sube el listón subterráneo del que hizo gala en sus dos últimos estrenos, aunque no llega al nivel de «Blue Jasmine», principalmente por la presencia de una actriz tan limitadita como Kristen Stewart, y eso que la chica le pone ganas y ojeras -casi echamos de menos al personaje de la prostituta a lo «Poderosa Afrodita» que inexplicablemente desaparece al primer plumazo-. Algo mejor resulta el trabajo de Jesse Eisenberg como el enésimo alter ego del propio Woody (digamos que está en el «top 10») y, sobre todo, de un Steve Carell que se muestra como pez en el agua en tan florido estanque astracanado. Por supuesto, no faltan los tópicos alrededor de la familia judía (buen gag sobre el condenado a muerte que se pasa al cristianismo sobre la bocina) y la nostalgia de una Gran Manzana que ya empezaba a pudrirse a la misma velocidad que el «séptimo arte» (también ojo a un par de dardos sobre la industria, sus guionistas vendimiadores y sus lobas con pieles de armiño). En fin, un trabajo agradable, aunque tal adjetivo sepa a poco, o incluso sepa a cuerno quemado, si nos referimos a uno de los cineastas más importantes de los últimos 40 años.

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La barriga kantiana

Joaquin Phoenix y Emma Stone, pelando la pava y arreglando el mundo

Joaquin Phoenix y Emma Stone, pelando la pava y arreglando el mundo

Los nostálgicos de Woody Allen sin duda se lo habrán (nos lo hemos) pasado pipa con la reciente «Mientras seamos jóvenes» y esos guiños setenteros a los años felices de «Annie Hall» (cambiando coca por ayahuasca) o «Manhattan» (cambiando snobs por hipsters). Ah, qué tiempos, ¿verdad? Porque ahora, o hace ya bastantes años, el geniecillo de Brooklyn parece limitarse a rescatar alguna ocurrencia más o menos vieja y quizá garabateada en algún cuaderno de anillas, y con un poco de oficio y toneladas de déjà vu, cumplir con su (absurda) obligación de entregar al mundo su peliculita anual. ¿Un acto de generosidad para un cuasioctogenario de vuelta de todo? Sin duda. Pero, también, una irresponsabilidad a la hora de manchar una filmografía apabullante a base de naderías o medianías. Desde luego, a veces suena la flauta y despacha obras del calibre de «Medianoche en París» o «Blue Jasmine», pero otras el desafine es estrepitoso, casos de «Vicky Cristina Barcelona» (lagarto, lagarto), «Conocerás al hombre de tus sueños» o «A Roma con amor». La de este año, «Irrational man», anda entre Pinto y Valdemoro, o entre «Si la cosa funciona» y «Magia a la luz de la luna»: una anecdotita argumental tamaño post-it recubierta de capas y capas de ideario alleniano de ayer y de hoy. El show se deja ver gracias a la presencia de Emma Stone, la última «chica Woody» que encaja perfectamente en su universo y que no desentona con históricas como Diane Keaton. Pero el que no pega ni con cola es Joaquin Phoenix, que interpreta a un profesor universitario (por supuesto, en un campus pijo y de madera noble) borrachuzo y obsesionado con Kant y sus boutades de salón hasta que, por puro azar, tiene la ocasión de llevar a cabo algún ajuste de cuentas con la ética y la razón práctica. Lo que viene a ser un crimen perfecto perpetrado por un aficionado chapucero y, ejem, metafísico, vamos. Aunque cualquier parecido con «Misterioso asesinato en Manhattan» es pura coincidencia: detalles y pistas deshilachadas (el zumo, la linterna…), poquísima gracia e ironía (a pesar de lo que digan sus palmeros de siempre), un uso atroz de la música (increíble en un melómano como él) y, cómo no, el eterno alter ego seductor del propio cineasta sobrevolando todo el metraje, aunque en este caso luzca barriga cervecera y muy poco filosófica. Eso, y el curioso idealismo romántico que algunos «intelectuales» aún tienen de nuestro bananero país, parece mentira. En fin, una bobaduca con ínfulas
y momentáneamente entrañable. Pese a todo, menos da una piedra, sobre todo viniendo de un tipo que se casó con su hija (no olvidemos).

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Señores mayores

Christian Bale, separando cráneos en vez de aguas del Mar Muerto en "Exodus"

Christian Bale, separando cráneos en vez de aguas del Mar Muerto en «Exodus»

Cumplidos los 70, Billy Wilder tuvo que jubilarse forzosamente porque ninguna aseguradora quería cubrirle las espaldas. De esa forma, Hollywood se permitió el lujo de desaprovechar 20 años más de uno de los mayores talentos de la historia del cine. Apúntate una, sí señor. Ahora las cosas son distintas: la maquinaria pesada y los egos aún más plomizos hacen que los septuagenarios estén hechos unos chavales, y hasta estrenen pelis cada año como churros. Hoy llegan a la cartelera dos buenos ejemplos. El primero, Ridley Scott, que después de torturarnos con «Prometheus» y «El consejero», se pone la túnica peplum (el hombre sigue siendo en los carteles promocionales «el director de Gladiator») en «Exodus: Dioses y reyes», una epopeya bigger than life con Moisés y Ramsés como si fuesen Ali y Frazier. Christopher Bale le pone planta y ceceo a una superproducción vistosa, claro, pero algo rancia cual vestuario de Cornejo, y de dos horazas y media de eslora, así que a aprovisionarse de polvorones para la tarde del domingo. Personalmente, con «Noé» ya he tenido bastante mundo bíblico viejuno y aguerrido, pero en fin.

Emma Stone, relajándose al saber que no va tener la suerte de Cate Blanchett el año pasado

Emma Stone, relajándose al saber que no va tener la suerte de Cate Blanchett el año pasado

Y, en la otra acera, otro «tito yayo» de campanillas: Woody Allen, que después de su estupenda «Blue Jasmine» despacha «Magia a la luz de la luna», una golosina de esas que escribe entre tiempo muerto y tiempo muerto de un partido de los Knicks. La chispa es conocida de sobra (París, años 20, un mago detective, una médium carota…), y a Allen le basta con un par de pases, un dúo protagonista solvente (Emma Stone y Colin Firth) y algunos retales de otras pelis anteriores («Scoop», «La maldición del Escorpión de Jade», «Midnight in Paris»…) para cumplir la papeleta. En fin, mucho mundo viejuno y batallitas del abuelo Cebolleta esta semana. Aunque, tiene gracia, el mejor estreno lo firma un «veterano» de 25 años llamado Xavier Dolan: «Mommy». Juventud, divino vete a saber qué. De todas formas, no es mal fin de semana para pasar por el cine. O semi-puente, ya que el lunes tenemos fiesta, así que a aprovechar la libranza.

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Qué asco de vida

"Como alguien vuelva a mentarme a Mario, me quito los cascos y verás"

«Como alguien vuelva a mentarme a Mario, me quito los cascos y verás»

Posiblemente nadie tenga más razones para odiar a los videojuegos que el recientemente desaparecido Bob Hoskins. A pesar de que el único papel del que renegó públicamente en su vida fuese el de «Super Mario Bros», no ha habido manera: venga a recordar su participación en tan nefasta película en todas las necrológicas de estos últimos días. Así es la vida: si cometes un error, nada vale que el resto de tu historial sea ejemplar: pasarás a los anales por él. De todas formas, aunque este sea un blog de videojuegos y de cine, o precisamente por eso, recomendamos encarecidamente disfrutar del trabajo de este pequeño gran actor en «Mona Lisa», «El viaje de Felicia», «¿Quién engañó a Roger Rabbit?», «La noche de los cristales rotos», «Brazil», «Mrs. Henderson presenta», «Hook», «Danny the dog» o una de nuestras debilidades, «Last orders». Y, ahora, los estrenos de la semana, con un par de días de antigüedad por este país que encadena fiestas y libranzas como si fueran cañas en el bar (claro que, para cuatro gatos que trabajan indecentemente y cobran decentemente…):

Dos leones y una tigresa

Dos leones y una tigresa

“Carmina y amén”. Paco León vuelve a demostrar que madre no hay más que una en una astracanada doméstica con aires de Azcona («Los muertos no se tocan, nene») y con tono igual de ordinario y escatológico que la anterior (lo del «ch… colgón» de la enorme Yolanda Ramos es de traca). Pese al sello de «Telecinco Cinema», y a veces parecer un piloto para sustituir a «Aída», mantiene el listón, de momento. ★★★

“Divergente”. Siguiendo el rastro de «Los juegos del hambre», otra de ciencia-ficción chunga, distópica y teen, con mucho jovencito con ansias de gloria y algún que otro nombre ilustre (Kate Winslet) para darle brillo a la cosa. Ya sabemos que el mundo está hecho un asco (seguro que hasta en las oficinas de Google cuecen habas podridas) y que el Gran Hermanos no nos quita el ojo de encima. Mediocre y olvidable. ★★

“No se aceptan devoluciones”. Solamente por su inmenso éxito (ser la peli latina más taquillera en USA no es moco de pavo), merece la pena echarla un ojo. La historia no deja de ser la mil veces contada reunión entre un padre tarambana y su hija por sorpresa, pero se deja ver, aunque algunos la comparen con «La vida es bella» (aún estamos buscando los nazis). ★★

¿Quién necesita un psicoanalista pudiendo tener a un prostituto?

¿Quién necesita un psicoanalista pudiendo tener a un prostituto?

“Aprendiz de gigoló”. ¿Una de John Turturro haciendo de chapero, Woody Allen de chulo y, ojo, Vanessa Paradis de viuda judía ultraortodoxa? Pues sí, y no está nada mal, principalmente por el buen oficio de Turturro como director (de actores, sobre todo), el tacto de las situaciones y referencias «cultas», la improvisación de Allen (esa familia afroamericana) e imaginar a Sofia Vergara fanática de Julius Erving. Y no precisamente de su peinado. ★★★

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¿La familia nipona? Bien, gracias

Marchando un rico choque generacional con guarnición de sushi

Marchando un rico choque generacional con guarnición de sushi

Este viernes, aparte de alguna opción tan recomendable como ver de nuevo «Blue Jasmine» (que desde ya incluimos en nuestro top 10, o tal vez 15, anual, ránking del que nos ocuparemos en el último y especialísimo post de 2013, por cierto) y pasmarnos ante el tour de force de Cate Blanchett, de la demoledora escena final, de lo bien que están los «chicos Boardwalk Empire» (el dentista y el chulángano novio de la hermana) y de lo enjuto que se ha quedado Peter Sarsgaard, no es mala idea recomendar un estreno que a buen seguro interesará a los adoradores de la cultura y la idiosincracia japonesa de este blog: «Una familia de Tokio». Se trata, como cualquier cinéfilo sabrá, de un homenaje-remake (ya se sabe cómo van estas cosas en el cine: cuando copias a un clásico es una legítima reverencia) a la mítica «Cuentos de Tokio» del seminal Yasujiro Ozu, que tanto disfrutamos en aquellas tardes heroicas en la Filmoteca allá por los 90.

Precioso cartel original del mítico "Tokyo monogatari", de Ozu, alma mater de esta película

Precioso cartel original del mítico «Tokyo monogatari», de Ozu, alma mater de esta película

Lo bueno de este caso es que el filme lo rueda Yoji Yamada quien, aparte de ser un especialista en la parodia amarilla más chillona (la saga «Tora-san») fue un discípulo aventajado del maestro, y ha tenido el tacto y buen gusto de tratar tan idolatrado material original (que suele estar en el podio de las mejores películas de todos los tiempos junto a «Ciudadano Kane» y alguna de Bergman o Fellini) trasplantándolo al Japón actual, aunque la temática (cómo tratan los hijos a sus padres cuando éstos peinan canas) es atemporal y universal: de hecho, es habitual en el cine de Paco Martínez Soria, toma blasfemia cinéfila. Que tampoco es tanta, ya que el ritmo costumbrista y algo astracanero se impone al principio, aunque la muerte de la abuela gira dramáticamente el tempo del filme, que se vuelve emocionante y reflexivo en su tramo final. Un trabajo sólido, intenso y honesto que recuerda los guiños cómplices de Ripstein hacia su maestro Buñuel, por ejemplo. Curiosamente, el componente tecnológico y «jugón» (aunque aparece algún letrero de Sega al fondo) casi brilla por su ausencia en una crónica del Tokio actual. Y es que ponerse analógico una vez al año no hace daño…

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