Queen for ever

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Freddie Mercury/Rami Malek dándolo todo sobre el escenario, puño en alto

Primeros acordes de ‘Somebody to Love’ en el piano…

Recuerdo el día que llegó ‘A Day at the Races’ a casa. Vino acompañado de dos discos más (uno de Status Quo y otro de un grupo olvidable) que mi primo, “el francés”, nos regaló a mis hermanos y a mí, chavales de provincias en la extrema Algeciras. Lo de menos, a quién le tocó uno u otro. Los tres nos quedamos con Queen, para siempre. ‘Somebody to Love’ es el tema más conocido de aquel álbum, en palabras de su autor el mejor que compuso. No es baladí que sea el primero escogido para sonar en el film ‘Bohemian Rhapsody’, durante una evocadora escena inicial, preámbulo de una de las actuaciones más memorables del grupo londinense: Live Aid, Wembley, 13 de julio de 1985. De espaldas, la Leyenda, con una cámara siguiéndola en sus rápidos y decididos pasos, registrando sus movimientos corporales inconfundibles (‘Body Language’) antes de saltar al escenario…

Acercarse a una figura tan popular como la de Freddie Mercury resulta tarea compleja si no es con un cierto subjetivismo (léase apasionamiento). La talla de descomunal e indiscutido artista contrasta con la imagen pública de excesos proyectada en un tramo de su vida –fiestas muy locas con coca circulando en bandejas sobre las cabezas de enanos-, hasta su muerte por neumonía como consecuencia de haber contraído el SIDA. Tratándose de un biopic, lo fácil hubiera sido ahondar en el lado más morboso de la estrella de rock con final trágico y devastado por la enfermedad. Pero los responsables del film toman la acertada decisión de, sin obviar los episodios oscuros, en verdad no se los podía saltar un torero, abordar el periplo de una de las bandas más influyentes de la historia de la música, desde los ojos y el corazón de su carismático líder. Como el baño de multitudes que Queen se daba en cada uno de sus conciertos, la película quiere perpetuar esa emoción, esa vibración transmitida a estadios llenos de público, en la gran pantalla.

‘Bohemiam Rhapsody’ es la celebración de la música de Freddie, Brian, Roger y John desde la elección del mismo título del film, el mismo título de la canción que les abrió la puerta definitiva del éxito. El talento, la imaginación y los sentimientos indescifrables de Mercury volcados en esa pieza fundamental de Queen y demiurgo del propio autor, sirven en la película como eje dramático y simbólico. Así, el proceso creativo se nos ofrece con aura especial (‘A Kind of Magic’), envuelto en la inspiración del genio y en la inercia de sus compañeros que, a coro y en la mesa de mezclas, intuían algo grande a punto de nacer. Este momento clave en la trayectoria de cuatro melenudos es de lo mejor de la cinta, la llegada a la rampa de lanzamiento, tras un camino de esfuerzo e ilusión, hacia el firmamento musical del cual ya nunca bajarían. En la puesta en escena, una granja transformada en estudio, donde flotan ideas y musas, cantan gallos y “galileos”, y eclosiona la prodigiosa obra en contra de convenciones -seis minutos de canción era una herejía en la industria discográfica de 1975- y de la propia productora. El golpe de fortuna de un fin de semana con ‘Bohemian Rhapsody’ a todo meter en la radio, vendría después.

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El film es un gran tributo a la banda inglesa que encantará a los fans

Como en “La Reina”, el alma de la película también es Freddie Mercury. El objetivo se centra en él, en su alter ego interpretativo (Rami Malek está soberbio y lo clava, puño en alto), decididamente de una forma amable, queriéndolo. Es una declaración de principios honesta, no esconde la admiración hacia el personaje y por eso rehúsa a hurgar en las heridas, aunque éstas se exponen dolorosas cuando afloran, especialmente en lo referente a su orientación sexual. La introspección en Freddie Mercury es respetuosa y, sin dulcificar ni dejar de lado su parte extravagante y a veces ególatra de su personalidad, se decanta por desnudarla delicadamente para dejar sobre la epidermis el rastro humano, la de un ser absolutamente sensible en un debate interno conmovedor. Acaso se aprecia la extraordinaria vulnerabilidad de la figura lanceada por el amor, acariciada por la vanidad o atascada en la sinrazón. Pero también se subraya su determinación por alcanzar el triunfo, sin olvidar la importancia de la familia, la unión del grupo y el reconocimiento a la lealtad mostrada por el amor su vida.

No obstante, el film no pretende trascender a base de postulados moralizantes. Tampoco ser políticamente correcto, porque no lo es. Sencillamente recoge el pulso vital de Mercury al estar encuadrado inevitablemente en lo que interesa más de él, el extraordinario caudal artístico de sus composiciones. Por eso el director, Bryan Singer, abre una ventana para escuchar no solo las notas armoniosas de un piano, también éstas mezcladas de forma natural con las disonantes conversaciones creativas, no pocas veces terminadas a gritos, entre los miembros de la banda. Lo que fue el fruto posterior de ese trabajo es filmado como un espectáculo de sonido Queen auténtico, recreado con decoro y elegancia, jugando en la ambientación a través de una variedad cromática idónea para situarnos en la época de máximo esplendor de los protagonistas; incluyendo interludios exactos para encajar sus relaciones personales, los momentos dulces y amargos, de desencuentros y reconciliaciones. Siempre al ritmo de baladas, rock e icónicos himnos (‘We Are the Champions’, ‘We Will Rock You’).

Al fin y al cabo, ‘Bohemian Rhapsody’ no deja de ser una película hecha a la gloria de Queen y para sus fans. Y cumple sobradamente en su propósito de revisitar el legado de la banda, con un apoteósico, épico y potentísimo final. La sombra de Freddie Mercury es alargada, sin duda. Era el epicentro con su presencia magnética sobre el escenario, dando rienda suelta a su torrente vocal y de energía inigualable. Pero todos reinaron como un grupo, uno de lo más grandes.

… Y a mi hijo de quince años empieza a gustarle su música. God Save the Queen.

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (sí­guenos en Twitter Facebook).