Más que la puntita

Definitivamente, la compra semanal en el supermercado no será lo mismo tras este "pasote"

Definitivamente, la compra semanal en el supermercado no será lo mismo tras este «pasote»

Lo siento pero no. Este humilde blog se niega a darle más publicidad a «Un monstruo viene a verme». Seguramente porque no la necesita, ya que de eso se ha encargado Vasile y los gurús de Telecinco, esa fábrica de cultura, buen gusto y miles de millones de euros. Ni siquiera le vamos a desear suerte, principalmente porque Bayona tampoco la necesita y porque, nos tememos, está todo el pescado vendido (después del patinazo de año pasado con Orsoncito Amenábar, se habrán puesto las pilas). En vez de eso, y siguiendo el espíritu «transgresor» y «canalla» de blog (menos coña), recomentaremos «La fiesta de las salchichas», una de dibujos animados que sigue la línea ácida, gamberra y algo incómoda de, sin ir más lejos, la serie «TripTank». El argumento recuerda vagamente algún fragmento paródico de «Los Simpson» (con Pixar de fondo): en un supermercado, los artículos comestibles y «consumibles» se rebelan al enterarse de que lo que le espera fuera no es precisamente lo que se esperaban. Una anécdota que da pie a una auténtica orgía de incorrección sexual, religiosa y de todo tipo (hasta musical) que dejará ojiplático a más de uno. Sirvan tres ejemplos: una especie de Sodoma y Gomorra con salchichas, panecillos y todo tipo de viandas, una amistad peligrosa y alimenticia entre un árabe y un judío, y un Stephen Hawking pegajoso de lo más peculiar e irreverente. Cierto que la cosa se alarga y repite innecesariamente, pero algunas escenas y shocks visuales son memorables. Ojo, que NO es para niños

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Dos japonesas

Entre Cousteau y Cocteau anda el juego de "Aguas tranquilas"

Entre Cousteau y Cocteau anda el juego de «Aguas tranquilas»

«AGUAS TRANQUILAS»

Uno de los fenómenos más inexplicables de 2014 fue cómo esta película no pescó pieza en Cannes teniéndolo todo a favor: a la dirección, una ex niña prodigio de la casa como Naomi Kawase; a la coproducción, otro de los suyos, y de los nuestros, como Lluís Miñarro; en la partitura, una zambullida multisensorial y chamánica hacia temazos como la iniciación al amor y a la muerte, o la fugacidad de dioses y vida; y, en la lente, una paisajística imbatible, puro «Big Sur» de Kerouac, incitando a acariciar el lomo a un delfín caleidoscópico. Suponemos que, predicando con el ejemplo de humildad ante la naturaleza que se extrae de su poroso argumento, el disgusto sería más llevadero. Pero, hombre, un premiecillo era de justicia.

Sobre todo, viendo las virtudes que va destilando su (dilatado) metraje y que conciernen tanto a la senectud (recordemos «El bosque del luto») como a la madurez (esa madre moribunda) y, sobre todo, a la juventud más ávida y atontolinada, como muestran certeros diálogos de cortejo dignos de Tip y Coll: -Te amo. -Gracias. -¿Y tú? – También. -Buenas noches. Cierto que un catálogo de sentimientos y creencias tan magnificados requiere coger bastante aire antes de tamaño buceo pero, como siempre, si el anzuelo funciona, la recompensa es tan generosa como ir a surfear y acabar fundiéndote con el mar, como pía uno de los personajes. Cuestión de fe. Y de paciencia. Y de no merendar muy fuerte.

Tradición, porcelana, secretos y mentiras en el nuevo filme de Yamada

Tradición, porcelana, secretos y mentiras en el nuevo filme de Yamada

«LA CASA DEL TEJADO ROJO»

Hace un año y poco nos topamos con el último ejemplar de esa fábrica de tapices que es Yoji Yamada, cuando actualizó el inmortal software cotidiano del maestro Ozu en «Una familia de Tokio». Ahora, el octogenario y evidentemente venerable director sigue con la katana samurái bien envainada y nos presenta una nueva propuesta de drama indoor basado en el contraste entre usos y costumbres de antes y ahora, que en el caso japonés adquiere las anchuras del Gran Cañón del Colorado. Sobre todo, el elegido como argumento casi haikuniano de esta historia, basada en un best-seller de Kyoko Nakajima: la sombra, o el parpadeo, del adulterio que se pega como una sanguijuela al kimono de una ejemplar madre de familia a mediados de los años 30, del cual es testigo una solícita (¿quizá demasiado?) criada que, seis décadas más tarde, descubre el vergonzoso pastel.

Nuevamente hay que alabar la maestría de Yamada para colocar, como si fuese una exposición de exquisito origami, cada detalle y cada encuadre de la época en cuestión (un fascinante Showa moderno, con sus guiños musicales, literarios y cinéfilos al amigo americano), y hacer de la casa del tejado rojo de marras un oasis al margen del turbulento mundo exterior, hasta su fallera demolición. Más dura de pelar es la franja histórico-sentimental del filme, reverenciosa y minimalista hasta el agotamiento, aunque la emoción contenida de su etapa actual resulta conmovedora. Tres respetuosas estrellitas.

PD. Ambas críticas han sido publicadas en la revista Cinemanía de este mes de abril, firmadas por servidor. Por su interés, actualidad (las dos películas se estrenan este viernes 10) y con permiso, las reproducimos en este blog.

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Llave maestra

Más espectacularidad y puños de acero en la entrega definitiva de la franquicia de Team Ninja

Más espectacularidad y puños de acero en la entrega definitiva de la franquicia de Team Ninja

Parece que fue ayer pero «Dead or Alive» («DOA» para los amigos) lleva casi 20 años llenando de los golpes más cools y sexies imaginables nuestras vidas. Primero, en los salones recreativos noventeros, dominados por los juegos de peleas a brazo partido y, ya más cómodamente, en el territorio consolero, donde han despachado millones de ejemplares (casi nueve, concretamente) en los últimos años. Sobre todo, con su quinta entrega, que desde que apareció en septiembre de 2012 se ha erigido como uno de los hits indiscutibles del género. Ahora llega su última vuelta de tuerca y de cuello: «Dead or Alive 5. Last Round», una llave maestra y defnitiva que, para muchos, constituye el cénit o el acabose de la saga.

Escenarios apocalípticos y faldas menguantes, dos de las claves del éxito de "DOA"

Escenarios apocalípticos y faldas menguantes, dos de las claves del éxito de «DOA»

Y es que, en realidad, la cosa es seria: empezando por el elenco de luchadores, un all-star de ayer y de hoy donde no faltan Hayabusa, Hayate, Kasumi, Helena, Phase 4, Gen Fu, Zack, Bass, el recientemente anunciado Nyotengu y los fichajes de «Virtua Fighter» Akira, Pai, Jack y Sarah Bryant. Todo ellos, enfrascados en un modo historia sensacional y repleto de guiños para los fans que proporcionará una serie de épicos combates a lo largo y ancho del globo con escenarios también marca de la casa, desde los apocalípticos a los paradisíacos, pasando por los circenses, roqueros o árticos, con sus pingüinos y todo de espectadores. Gracias al virtuosismo gráfico de las nuevas consolas, todos los detalles y movimientos adquieren una nueva dimensión, incluyendo los 300 trajes desbloqueables y las nuevas opciones de peinados y accesorios para convertir a nuestros héroes (y, sobre todo, heroínas, porque ya se sabe lo monas que lucen las chicas más guerreras) en auténticos pinceles.

Ojo a los modelitos especiales, desde ninja a conejita playboy pasando por colegiala, playera o, como en este caso, homenajeado a "Birman" (o eso parece)

Ojo a los modelitos especiales, desde ninja a conejita playboy pasando por colegiala, Halloween, playera o, como en este caso, homenajeado a «Birman» (o eso parece)

Toda la esencia de la saga se desborda y desparrama con este título, pleno de opciones descargables respecto a otras entregas de la franquicia y, sobre todo, con un abanico de movimientos, técnicas, combos, puñetazos y patadas especiales y letales y esas puntillas de remate que hacen de cada combate todo un espectáculo. Y es que las coreografías y los distintos tipos de combate (orientales u occidentales) afinan más que nunca a la hora de convertir este título en una auténtica gozada para los fans de las artes marciales y del showtime en general. Ojo a los tutoriales para sacarle todo el jugo a la velada. En definitiva, un juegazo de la cabeza a los pies, que nos regala la vista como siempre y que nos dejará los dedos con agujetas (y tal vez la mano, ejem).

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El arte de pasarse tres pueblos

Y Johnny cogió su fusil mata-demonios (y se armó la marimorena)

Y Johnny cogió su fusil mata-demonios (y se armó la marimorena)

Ya se sabe lo que dijo Mark Twain: prefiero el cielo por el clima y el infierno por la compañía. Y, ahora que ha remitido un poco la ola de frío, la verdad es que nos quedamos con lo segundo tan rica y cálidamente. Deep Silver parece que también, y como muestra véase este díptico infernal y demencial: «Saints Row Gat Out of Hell» y «Saints Row IV: Re-elected». Dos escrituras a elegir para una misma finalidad: la diversión más desaforada, brutal y un poquito cafre. Hace una semana adelantábamos las virtudes de este dúo de lo más dinámico, pero ahora que le hemos metido caña a conciencia podemos decir que es lo más sugerente que uno se puede echar a la consola en lo más crudo del presente crudo invierno.

El componente musical a lo "princesas Disney" también está presente con la dulce Jezebel

El componente musical a lo «princesas Disney» también está presente con la dulce Jezebel

Empecemos por «Gat Out of Hell», donde el bueno (es un decir) de Johnny Gat vende su alma a Lucifer después de un accidente de ouija que sale rana (sí, como el de Roncero con Juanito, qué bochorno, ay). Pero todo se arregla escupiéndole al diablo en toda la cara en esta tremenda aventura donde pasaremos una temporada en el averno, haciendo ilustres amigos incluso, jugando como el propio Johnny o como Kinzie Kensington, en modo cooperativo incluso, mientras causamos estragos en el intramundo con una pistola que habla, un número musical estilo Broadway y un montón de trampas a lo largo de los cinco ponzoñosos distritos del Infierno rescatando a tus aliados, luchando contra los espantosos Archiduques, robando las plantas de procesamiento de almas de Satán… En un, un sandbox demoníaco en toda regla, o mejor dicho fuera de toda regla, donde la imaginación calenturienta no tendrá límite y nos deparará sorpresas tales como nuestras alas de ángel caído, duendes diabólicos, armas con olor a azufre (ranas explosivas, plagas de langostas…) y mil extravagancias más para darle matarile a Dex. Lo dicho, un pasote de los buenos, sí señor.

"Re-elected" nos dejará los ojos como platos, literalmente

«Re-elected» nos dejará los ojos como platos, literalmente

Y no se vayan todavía porque aún falta la cara B: «Saints Row IV: Re-Elected», una fiesta suprema de locura y perdición donde todo está permitido: desde bricar por encima de edificios, a cantar canciones borrachas, luchar en un modo de combate lateral en 2D, curar el cáncer, salvar a Papá Noel… Un auténtico pasaporte y cheque en blanco en un lote que incluye «Saints Row IV» y todos sus DLC. Así que volveremos a poner los pies sobre la mesita de centro de la Casa Blanca (como los paletos Bush y Ansar, exacto), dándole candela al marcianito Zinyak con la ayuda de nuestros queridos Saints. De hecho, el juego nos permite revivir los mejores momentos de tan inolvidable capítulo de la saga: Zinyak cantando Biz Markie, nuestro primer encuentro con Paul, Saints of Rage, los terroríficos contratiempos con la cirugía plástica, muertes por evisceración alienígena… Todo, con gráficos next-gen y nuevas sorpresas, incluyendo contenido extra como más de 25 armas DLC, 15 nuevos vehículos, más de 60 objetos de vestuario, 15 nuevos amigos a los que podrás llamar y seis nuevos elementos de super poder. Queda claro: si lo tuyo es pactar con el diablo, con el alien supremo, con el espíritu de Disney pasado de rosca o con la ramera de Babilonia, no te pierdas este doblete asilvestrado, polivicioso, con muy mala lechuga pero irresistible como un powerpoint de gatitos. Grandioso, diablillos.

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De vuelta al infierno

Los adoradores de la saga más coñona de todos los tiempos están de enhorabuena

Los adoradores de la saga más coñona de todos los tiempos están de enhorabuena

¿Quién dijo frío polar, ciclogénesis explosiva y demás mariposonerías? Aunque ahí fuera crezcan las estalactitas de las narices de los borrachos de banco, en nuestras madrigueras estamos, o estaremos en breve, tan calentitos. Más bien al rojo vivo y luciferino, porque, a partir del viernes, este enero tontorrón y baldío estará que arde con el lanzamiento de dos siameses diabólicos: «Saints Row: Gat out of Hell» y «Saints Row IV: Re-Elected». Un par de estacazos en la quijotera que amplían en bufonesco universo de Johnny Gat hasta límites insospechados. Así, «Re-Elected» nos presenta el fabuloso cuarto episodio de la saga de Koch Media hecho un primor para las consolas next-gen, incluyendo la expansión «Gat out of Hell», donde nos enfrentaremos al mismísimo Satán en una batalla épica con aroma a azufre. Dos cracks que, desde luego, requerirán un análisis más minucioso pero que, de momento, y para calentar motores, allá va su tráiler con ese inimitable estilo marca de la casa:

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Ay, qué calor

Niñas, a afilar las garras y al salón

Niñas, a afilar las garras y al salón

Ahora que todo el mundo anda publicando reportajillos sobre las novedades que nos esperan para lo que queda de 2014, nosotros vamos más allá y nos fijamos en los ojos (ejem) de uno de los títulos que nos alterarán la sangre en la primavera de 2015. Se trata de «Dead or Alive 5. Last Round», título que supone la culminación de la saga al incluir los mejores contenidos de las anteriores entregas, junto a nuevos elementos y luchadores como Hayabusa, Hayate, Kasumi, Ayane, Rig, Leon, Kokoro, Tina, Lisa, Helena, Mari Rose, y el recientemente anunciado Nyotengu, junto a Akira, Pai, Jack y Sarah Bryant, de la saga «Virtua Fighter».

Por si alguien no lo ha notado, lo del fondo son unos flamencos preciosos

Por si alguien no lo ha notado, lo del fondo son unos flamencos preciosos

Aparte, tendremos más de 300 trajes desbloqueables y nuevas opciones de accesorios y peinados, para dejar a nuestras luchadoras de dulce y vestidas de los domingos. Y es que, no hay que engañarse, seguramente las artes marciales poseen una filosofía y una metafísica milenarias y mitológicas, pero en esta franquicia tiran más otras cosas más visuales y en relieve. En fin, que aunque estemos en septiembre el calor aprieta, y regalarse las dioptrías con imágenes como las de este «inocente» post tampoco es delito, ¿no? La semana que viene hablaremos de cosas más neutras y tapaditas, como «Destiny».

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Tú a Alabama y yo a Detroit

Sweet home...

Sweet home…

Aparte de los estrenos nuestros de cada semana, casi la mejor noticia de la cartelera es la segunda oportunidad de la ganadora de los últimos Goya, «Vivir es fácil con los ojos cerrados», que tres meses y medio después de su estreno llega hoy a más cines que en aquel 31 de octubre (la lista completa, incluyendo algunos Cinesa, hasta hace nada enemigos de la distribuidora, está en el twitter de @Universal_Spain por si alguien quiere consultarla). La cruda realidad es que, a pesar de su calidad y de un par de comedias puntuales, nuestro cine sigue en franca desconexión con el espectador medio, que no es lo mismo que el tuitero geek que recomienda perlas como «Stockholm» o «Gente en sitios» y se queda tan pancho. Para dicho espectador (y ciudadano) medio, azuzado por los tertulianos fachas de siempre, una película nacional seguirá siendo de taza desportillada y guerracivilismo, aunque esas temáticas han brillado por su ausencia en los pasados Goya, siempre estigmatizados como protestones y pedigüeños… vamos, como para que un ministro de Cultura se rebaje y fiche, no le vaya a pasar como en los Forqué, donde escuchó olas de sonido de viento huracanado. Y la prensa patria, apoyando incondicionalmente para que, en los Feroz, les sienten en su mesa VIP cual Plácido, a pesar de que, en el obituario de los Goya, confundieron a una periodista muerta con una viva y no pasó absolutamente nada (¿os imagináis que ocurre el gazapo entre Landa y, por ejemplo, Sacristán, o entre Sarita Montiel y Concha Velasco?). Y así todo. Vamos con los principales estrenos propiamente dichos del día, en fin:

“Robocop”. ¿Qué necesidad había de resucitar a nuestro ídolo de los cines de barrio ochenteros y meterle en un traje que parece el teclado de un Spectrum? Aunque la ocasión política y represora merece un recordatorio, la peli es un engendro desubicado, a pesar de que el director de la gran «Tropa de élite» tira de oficio. Detroit, qué hermosa eres. ★★

“Cuando todo esté perdido”. Aunque solo sea por comprobar cómo una leyenda como Robert Redford aún se moja (literalmente) a sus casi 80 palos, merece la pena esta epopeya survival en la línea de «En solitario», «Kon-Tiki» o hasta «La vida de Pi». ★★★

“Alabama Monroe”. Un drama romántico de corte indie (aunque con alma «americana») apoyado en su intérprete femenina, que sufre lo suyo y ahoga sus penas en bluegrass y tinta tatuadora. Bordea peligrosamente el telefilme (matrimonio naufragando, hija pequeña con cáncer terminal…) pero acaba gustando y hasta emocionando. ★★★

“Cuento de invierno”. Nada que ver con Rohmer. Aquí, el bueno de Colin Farrell (el Liberto Rabal irlandés) se mete en una pastelosa historia de damas y vagabundas a caballo entre dos épocas y que no hay por dónde cogerla, a pesar de su notorio reparto (incluyendo la venerable Eva Marie Saint, que llevaba casi una década sin hacer cine). ★

“Sólo para dos”. Otro bodrio para rematar San Valentín. Esta vez, perpetrado por Roberto Santiago (tiene salero que, con la de notables directores españoles que están en el paro, el «autor » de «Hombres felices» y «El club de los suicidas» siga teniendo trabajo), protagonizado por Santi Millán (ese actor cuyos registros básicos son con flequillo o sin flequillo) y con una trama erótico-bananera que recuerda a las infracomedias de los 80 y 90 con Francis Lorenzo o Juanjo Puigcorbé. Ay, el cine español, esa eterna paradoja con patas. ★

Perroflautas a mí...

Perroflautas a mí…

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Escotazos y cortinillas

Adams y Lawrence, a punto para la pelea de gatas despechugadas

Adams y Lawrence, a punto para la pelea de gatas despechugadas

Si algo hay que alabarle a David O. Russell en «La gran estafa americana» es su capacidad de que, durante dos horas y cuarto, miremos a los ojos de su historia en vez de a su peinado o a su canalillo. Y cuesta lo suyo, porque el vestuario y la peluquería del filme pueden perfectamente pasar a la historia del cine como los más rocambolescos, aparatosos, estrambóticos y pelín patéticos habidos y por haber. Algo que, por otro lado, también podría aplicarse a los personajes de una farsa mayormente socarrona e inteligente, y sin las aspiraciones a ser «bigger than life» en las que cae Scorsese en «El lobo de Wall Street», sin ir más lejos. Porque, hombre, la historia tampoco lleva la firma de un David Mamet o hasta unos hermanos Coen: la vieja parábola de doble hélice del timador timado y viceversa, con un poco de FBI, un poco de mafiosos de casino (de provincias más bien) y otro chorreón de política parda (servida por el alcalde de Nueva Jersey, para más escarnio). Hasta ahí, todo normal.

Cooper, dándole donde más le duele al cartoniano Bale

Cooper, dándole donde más le duele al cartoniano Bale

Pero donde realmente da el do de pecho (nunca mejor dicho, sobre todo en el caso de una Amy Adams que ya pide a gritos un Oscar; por cierto, el filme opta a diez estatuillas, nada menos) es en la nómina de personajillos que desfila por una pasarela tardosetentera repleta de cretona, moqueta, esmalte podrido y lacas estratosféricas. No solo el cuarteto protagonista -destacando un ternesco Christian Bale que podría servir de villano para Batman sin despeinarse-, sino algunos secundarios de lujo como Jeremy Renner (ese tupé modelo Atlantic City), Louie CK (lo que el cine se estaba perdiendo), Jack Huston (aunque sin la máscara de «Boardwalk empire» queda raro) y hasta un Robert De Niro que tampoco se libra de la escabechina capilar de un director que sigue afianzándose en el cogollito de Hollywood tras «The fighter» y «El lado bueno de las cosas» (por cierto, Jennifer Lawrence va a acabar con camisa de fuerza si sigue por ese camino). A pesar de sus pequeñas caídas de tensión y de algún recurso cogido con alfileres (¿un macarroni hablando árabe como si estuviera charlando con su mamma en la cocina?), la peli mola bastante. Y la banda sonora, también. Aunque, sinceramente, cualquier filme donde no aparezcan ciclistas, móviles ni perros gana muchos enteros. Manías que tiene uno.

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Hard nipples

Silvia Tortosa, luciendo poderío otoñal en "Presentimientos"

Silvia Tortosa, luciendo poderío otoñal en «Presentimientos»

Ojo con el sol de enero, que es muy traicionero (perdón por el pareado). Nos invita a refugiarnos plácidamente bajo cada rayito, como los hermosos vencidos de «Milagro en Milán», y luego nos atiza con un estacazo helado, como la reinona de «Frozen». Por algo hoy la cartelera da algo de escalofrío, piel de gallina y hasta tiritona. Aunque, por aquello de romper la cuarta pared, también algunas protagonistas se unen a la ciclogénesis esa, o como se diga, y lucen el «síndrome del hard nipple», o pezones tan duros como cuchillas de diamante. Véase «Presentimientos», un curioso cuento de hadas desarrapadas, chulos de puticlú de carretera y princesas comatosas localizado en una urbanización fantasmagórica de la costa mediterránea (por cierto, ¿nadie se ha animado a rodar una de terror en el aeropuerto de Castellón, aunque la de Almodóvar en el de Ciudad Real daba mucho miedo?). Las más o menos acertadas referencias a Lynch y al último Kubrick (Eduardo Noriega parece imitar al Tom Cruise de «Eyes Wide Shut» aprovechando que éste le imitaba en «Vanilla Sky») conforman una fábula que, en el fondo, es apología del matrimonio feliz y el patriarcado primerizo. Pero ojo a algunos hallazgos corporales, no solo la anatomía de Marta Etura (que no nos cansamos de admirar), sino la de… Silvia Tortosa, que aporta su granito de destape setentero con unas transparencias de lo más turbadoras (ver foto de arriba).

Y Marta Etura, como siempre al desnudo (no solo anatómicamente hablando)

Y Marta Etura, como siempre al desnudo (no solo anatómicamente hablando)

¿Y qué decir de «Nymphomaniac» que no se sepa a estas alturas? Después de que la primera entrega, con sus polifonías, sus arbolitos y sus trenes calientes nos dejara también bastante fríos (pese a los trabajos de Uma Thurman y, sobre todo, Christian Slater) ahora llega la segunda y definitiva entrega, con más de lo mismo pero con protagonista más recatada (una Charlotte Gainsbourg menos dispuesta a «echar una mano» en algunas secuencias de riesgo y por triplicado, véase la foto de abajo). Eso sí, también luce «hard nipples» así que, o es muy friolera, o en el fondo le molaba el plan, que por algo es habitual del cine del mochales Von Trier, que desperdicia una oportunidad de oro para tratar la adicción al sexo desde el prisma femenino tan magistralmente como lo hizo «Shame» desde el masculino. Está claro que incluso cineastas tan «echaos p’alante» como el danés se acongojan ante tamaña empresa, y se ven obligados a irse por las ramas y los psicoanálisis de baratillo para no penetrar sin miedo en el asunto. Moraleja: Menos hablar y más f…, como recuerdan precisamente en «Presentimientos». Pues eso, a abrigarse que hace fresquete soriano.

Si aprieta el frío, nada mejor que un abrigo humano de doble capa

Si aprieta el frío, nada mejor que un abrigo humano de doble capa

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Born to be wild (apuntes sobre la saga «Grand Theft Auto»)

Esta sí que es una gran familia (ladrona)

Esta sí que es una gran familia (ladrona)

Mafia, delincuencia, autos locos, armas estratosféricas, corrupción, malas calles, mala leche, comportamientos perturbados, música de la buena, chicas, chicas, chicas… ¿A que resulta difícil de entender por qué “Grand Theft Auto” se ha convertido en la saga de videojuegos más importante e influyente de todos los tiempos? Y eso que la cosa empezó como una “controvertida rareza”, en palabras del historiador Christian Donlan, ideada por David Jones (no confundir con este David Jones) un escocés amante del Commodore 64 y de la ultraviolencia -lo cual le costó partir peras con Miyamoto en Nintendo- en 1996-97 tomando el título de una salchichera película de Ron Howard, con perspectiva cenital (también se puede cambiar la «c» por una «g») a lo Diablo Cojuelo, y con unas elevadas dosis de sangre y saña. Tantas, que los medios de comunicación empezaron a alertarse y tener la mosca detrás de la oreja. Pero el fenómeno “GTA” ya era imparable y, desde el territorio PC, se propagó como la pólvora en otras consolas, como la Game Boy Color (en 1999) y, sobre todo, la Play, que acogió ese mismo año una expansión made in England (“Grand Theft Auto London 1969”), acompañado por una secuela continuista en el buen sentido (“GTA 2”) que iba a servir de tránsito a la gran revolución e impulso de la saga con el nuevo siglo.

Los primeros gateos de la leyenda

Los primeros gateos de la leyenda

En 2001, puede decirse que el videojuego vivió una de sus odiseas espaciales más brutales, al caer definitivamente la franquicia en las manos maestras de los hermanos Sam y Dan Houser, quienes aportaron todo el funky rabioso y pop de su herencia familiar (su padre era propietario de un brumoso club de jazz londinense) y el auténtico toque mágico: el 3D. Así, el concepto de libertad de acción y juego casi infinito (no siempre ir de A a B es el camino más corto y mas divertido) se consolidó con “Grand Theft Auto III” y, de propina, el nacimiento de casi una nación: Liberty City, ese Nueva York con alma de Nueva Jersey repleto de callejones del gato y podridos espejos cóncavos. Un caldo de cultivo ideal para que broten las cientos de historias modelo Scorsese y Lumet. La canada, vamos.

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Pero esto solo era el principio: la sexta generación de consolas hizo posible que el proyecto se volviese más ambicioso con una trilogía completada por “GTA: Vice City” (con ese Miami ochentero y hortera donde, al cabo del tiempo, no faltaría ni Phil Collins cantando “In the air tonight”) y, en 2004, con la opera magna del RockStar: “Grand Theft Auto San Andreas”, un país de Oz literalmente inabarcable y repletísimo de bandas negras, antihéroes oscuros, hipódromos, autopistas y hasta el jeti. Los famosos (Samuel L. Jackson, David Chappelle…) se volcaron con el proyecto, aunque las autoridades se rasgaron las vestiduras, inventándose apologías sobre violencia a periodistas y otros cuentos macabeos.

Histórica portada de "Público" dedicada a "GTA IV"

Histórica portada de «Público» dedicada a «GTA IV»

El nivel estaba tan alto que a RockStar solo le quedaba una cosa: superarlo a base de viejos y nuevos personajes, más violencia cartoon, mayores guiños cinéfilos (De Palma, Tarantino…) y algo de nostalgia. Véase el díptico “Liberty City Stories” y “Vice City Stories”, que volvió a demostrar el virtuosismo de la casa para encapsular en consolas portátiles (la PSP) un mundo implacable y oceánico, como harían más tarde con el colérico “Chinatown Wars” en DS.

La chica de los seis dedos, una de las múltiples milongas urbanas de la franquicia

La chica de los seis dedos, una de las múltiples milongas urbanas de la franquicia

Pero todo esto palideció en 2008 con su majestad “Grand Theft Auto IV”, lo más parecido a “jugar una película” que ha visto la industria. La vuelta a una Liberty City con las uñas sucias y el sol picando en el ceño fruncido no pudo ser más brutal: todo aquí era enorme, brillante, inspirado, ultradetallista y, encima, dramático. El nuevo prota, Niko Bellic, le aportaba un “fatum” más humano y patético al arquetipo de antihéroe algo paródico representado por Carl Johnson o Tony Cipriani. El resultado fue abrumador: portadas y portadas (incluso prensa generalista) y 25 millones de ejemplares despachados. De propina, dos spin-offs generosos y volcánicos: “The Lost and Damned” y “The ballad of Gay Tony”, olor a gasofa y peste a pachuli para despedir a un hito histórico. Logros y hazañas que pueden quedar eclipsados con el advenimiento, con 200 kilos de presupuesto bajo el brazo, de “Grand Theft Auto V”. Pero eso es otra historia, que también contaremos aquí, claro.

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