A por el nazi

Toneladas de acción en un juego cañero como pocos

Toneladas de acción en un juego cañero como pocos

He aquí unos de los lanzamientos más esperados de los últimos tiempos: «Wolfenstein II: The New Colossus», la esperadísima secuela de «Wolfenstein: The New Order», el shooter en primera persona aclamado por la crítica y desarrollado por el galardonado estudio MachineGames. Se trata de una emocionante aventura hecha realidad gracias al motor id Tech 6, líder en el sector, enviará a los jugadores a unos Estados Unidos que se encuentran bajo el control nazi, en una misión para reclutar a los líderes más audaces de la resistencia que queden con vida. Combate a los nazis en lugares emblemáticos tales como la pequeña ciudad de Roswell, Nuevo México, los pantanos y bulevares de Nueva Orleans y un Manhattan posnuclear. Equípate con un arsenal de armas brutales y desata nuevas habilidades para abrirte paso a través de legiones de avanzados soldados y über-soldados nazis en este shooter en primera persona definitivo. La historia nos traslada a la América de 1961. El asesinato del general nazi Calavera que llevaste a cabo fue una victoria breve. A pesar del revés, los nazis mantienen su dominio sobre el mundo. Eres BJ Blazkowicz, alias «Terror Billy», miembro de la resistencia, azote del imperio nazi y la última esperanza de libertad para la humanidad. Solo tú tienes las agallas, las armas y la iniciativa necesarias para regresar a los Estados Unidos, matar a todo nazi con el que te encuentres e iniciar la Segunda Revolución Americana. Gráficos brutales y acción adrenalínica en un juego de campanillas.

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Dinamita tex-mex

Benicio Del Toro vuelve a protagonizar esta entrega de "Sicario"

Benicio Del Toro vuelve a protagonizar esta entrega de «Sicario»

«Sicario» fue uno de los thrillers policíacos más notables de los últimos años. Ahora llega la secuela, «Sicario: el día del soldado», que cuenta la historia de Matt Graver, agente de la CIA, y Alejandro, un hombre que no teme luchar contra los criminales más terribles, quienes vuelven a encontrarse luchando contra los cárteles de la droga en la frontera entre México y Estados Unidos. Esta guerra se ha intensificado por la unión entre narcotraficantes y terroristas, lo que hará esta lucha mucho más cruenta. En esta segunda entrega repiten algunos componentes del equipo original, como el guionista Taylor Sheridan (Comanchería) y el director de fotografía Roger Deakins (¡Ave, César!). El director es Stefano Sollima (TV Serie Gomorra, Suburra) y vuelven a aparecer como protagonistas Josh Brolin (Vengadores: Infinity War, No es país para viejos) y Benicio del Toro (Star Wars: Los últimos Jedi, Guardianes de la galaxia) junto a Catherine Keener (Déjame salir, Truman Capote), Matthew Modine (Serie Stranger Things, A 47 metros), entre otros. Promete, la verdad. Y, si no, los amantes del cine español, que haberlos haylos, tienen un trío de comedias para disfrutar, o así: la viejuna y roquera «Oh Mammy Blue» (ay, Carmen Maura), la nostálgica y conversacional «Casi 40» (David Trueba retomando 22 años después su ópera prima «La buena vida») y la hippie y entrañable «Formentera Lady», con el incombustible José Sacristán al frente. O, si no, qué demonios, nos dejamos de tantas chorradas y nos vamos a ver la reposición de «El Padrino», que vuelve a un puñado de cines españoles. Y punto y s’acabao.

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Dinosaurios made in Spain

Los cachorros de "Jota" Bayona, al salón

Los cachorros de «Jota» Bayona, al salón

Vuelven los dinosaurios más dicharacheros del planeta Hollywood, como si nada hubiese cambiado en los últimos 25 años, desde que Spielberg revolucionara el cotarro con «Parque Jurásico». Ahora, llega su enésima secuela, «Jurassic World: El reino caído», donde nos instalamos cuatro años después desde que el parque de atracciones y centro vacacional de lujo Jurassic World fuera destruido por los dinosaurios. La Isla Nublar está ahora abandonada por los humanos, mientras los dinosaurios intentan sobrevivir por si mismos en la jungla. Cuando el volcán durmiente de la isla vuelve a la vida, Owen Grady y Claire Dearing organizarán un equipo de rescate para salvar a aquellos dinosaurios que han quedado con vida tras la extinción. En su expedición, Owen intentará encontrar a Blue, su dinosaurio favorito que aún permanece perdido en la jungla. Mientras, Claire, que ha adquirido un gran respeto por estas criaturas, considera que su misión es salvarlas. Juntos aterrizarán en una isla inestable en la que la lava supone una gran amenza. Además, como telón de fondo está la conspiración que podría poner en peligro a todo el planeta y hacerlo retroceder a un orden no visto desde los tiempos prehistóricos. Esta quinta película de la franquicia basada en los libros de Michael Crichton, está dirigida por el español J.A. Bayona, ya cómodamente instalado en Hollywood, y cuenta con guión de Derek Connolly y Colin Trevorrow, que fueron respectivamente guionista y director de la anterior entrega dinosauril. De nuevo sus protagonistas son Chris Pratt y Bryce Dallas Howard, y completan el reparto Toby Jones (The Snowman, Sherlock), Rafe Spall (Mi amigo el gigante, La gran apuesta), Daniella Pineda (American Odyssey, Los originales) y Ted Levine (Luck, Shutter Island), además de Jeff Goldblum (Thor: Ragnarok, Parque Jurásico) como el Dr. Ian Malcolm y BD Wong (Un espacio entre nosotros, Gotham). Pues eso, que viva el espíritu de Los Picapiedra.

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La secuela del siglo

Harrison Ford y Ryan Gosling, a volver a cazar replicantes tan panchos

Harrison Ford y Ryan Gosling, a volver a cazar replicantes tan panchos

Es, seguramente, una de las secuelas más esperadas no solo de este año sino del siglo. O más, ¿por qué no? Sea como fuese, «Blade Runner 2049» es uno de esos estrenos que no se debe perder ni el Tato, aunque la sombra de su predecesora sea tan alargada como casi insuperable. Pero, ya se sabe, cuando Hollywood pone en marcha su maquinaria nostálgico-publicitaria, se juntan el hambre con las ganas de comer y no hay quien lo pare. Al grano: han pasado 30 años desde los acontecimientos ocurridos en el primer «Blade Runner», el fetén, el de Ridley Scott en plena forma -aunque aquí pilla cacho como productor ejecutivo, menudo es él- y el del monólogo más famoso de la historia del cine («he visto cosas que vosotros no creeriais»…). El oficial K (Ryan Gosling, menudo añito llevas), un blade runner caza-replicantes del Departamento de Policía de Los Ángeles, descubre un secreto que ha estado enterrado durante mucho tiempo y que tiene el potencial de llevar a la sociedad al caos. Su investigación le conducirá a la búsqueda del legendario Rick Deckard (Harrison Ford, que ya se apunta a un bombardeo, el hombre), un antiguo blade runner en paradero desconocido, que lleva desaparecido 30 años. Hay que ser muy valiente para atreverse con un morlaco de estas dimensiones, y Denis Villeneuve (director de las notables «Sicario» y «La llegada» y la sobresaliente «Incendies») lo es, demostrándolo al dar una vuelta de tuerca al mítico relato de Philip K. Dick con la ayuda al guión de Michael Green y Hampton Fancher, autor del libreto de la película original. Si a eso le añadimos un elenco con nombre como Jared Leto, Robin Wright, Dave Bautista o nuestra Ana de Armas, más una tonelada de efectos especiales elegantemente colocados, ya tenemos aspirante a obra maestra en su género, según la crítica yanqui. Y, aunque el impacto emocional que sentimos al ver el primer «Blade Runner» es sencillamente irrepetible, toca volver a soñar con ovejitas eléctricas (aunque sean clonadas, como la Dolly) y no se hable más. 

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No como el whisky, pero buen trago

Taron Egerton y Colin Firth protagonizan esta irregular secuela de "Kingsman"

Taron Egerton y Colin Firth protagonizan esta irregular secuela de «Kingsman»

En no pocas ocasiones tenemos la sensación de haberlo visto ya todo en la gran pantalla. A falta de guiones originales, el espectador escéptico suele practicar el ejercicio de averiguar en algunas escenas el fruto de la inspiración de tal o cual película, acaso si no detecta directamente el tufo a plagio. Cuando el descaro es amable generosamente se llama homenaje, lo cual no exime de «culpa» a quien lo perpetra, aunque el guiño bien ejecutado pueda ser digno de aplauso o verse como distinto, a tener en cuenta.

Algo de todo esto había en «Kingsman: Servicio secreto», pero llevado a una escala superior basada en la osadía y en los arrestos de subvertir el cine de espías con cabezas que explotaban y una masacre «tarantiniana» en la iglesia de dejar ojos fuera de órbita. Aquella pelí­cula en manos de un tipo hábil como Matthew Vaughn nos deparó un número circense gamberro y excesivo, delirante y genial, un cambalache movido y agitado de James Bond, Inspector Gadget, «Misión Imposible», la olvidada «Agente secreto juvenil», «Los Vengadores» (los de paraguas y bombín) y hasta de «Kick Ass». Un poderosísimo cóctel con licencia para diseccionar irreverentemente los tópicos, retorcerlos con guasa y envolverlos con un efecto visual brutal.

Mientras en aquel primer film veí­amos gozosos cómo un macarra jovencito se transformaba y formaba en el oficio de desenmascarar villanos y conspiraciones al servicio de una agencia secreta independiente, en «Kingsman: El cí­rculo de oro» el protagonista nacido en los cómics de Mark Miller se zafa ya casi como un superhéroe. La trepidante escena inicial de una persecución de coches nos lo presenta despachando a los malos como un Indiana urbanita y elegante, eso sí, muy british para acudir puntualmente a su compromiso con el amor de su vida, la princesa sueca rescatada en la primera cinta. A la vuelta de la esquina tendrá la misión más peliaguda hasta el momento, descubrir quién está detrás de un plan perverso que llevará a los consumidores de drogas a una muerte segura si el presidente de Estados Unidos no accede a un estrambótico chantaje.

La película ha desbancado a "IT" en la primer puesto de la taquilla española

La película ha desbancado a «IT» en el primer puesto de la taquilla española

Lástima que la frescura de la primera vez no sea posible de mantener en la secuela. Aunque en muchos aspectos la aplicación de la fórmula primigenia con sus tintes cómicos funciona, la ausencia del factor sorpresa nos lleva a un terreno irremisiblemente neutro donde no hay sabor dulce ni amargo, ni seco de martini, ni de chicha ni de «limonờ, sino todo lo contrario. La adversativa nos hace sentir como en una montaña rusa extraordinariamente entretenida por instantes, aunque los picos y valles en el ritmo evidencian rémoras en el guión. Arriba nos encontramos con secuencias impactantes magistralmente rodadas y el chute de bajada es tremendo; pero para llegar a eso se va remontando por raí­les escasamente imaginativos (incluso resurrecciones inverosí­miles) a base de subirse progresivamente a la atracción un coro de rostros muy conocidos, algunos ilustres, de primos-hermanos yanquis bajo sombrero cowboy que con mayor o menor acierto sacan adelante sus papeles. Así,­ la transnacionalidad de la acción -los Kingsman tendrán la ayuda de los Statesman, otra organización de espionaje oculta tras la fachada de una compañía de whiskey sita en Kentucky- da unos resultados desiguales. Verso suelto queda la sonrisa brillante, cínica y maligna de Julianne Moore, estupenda ama y señora de Poopy Land donde orquesta el caos para el mundo.

Curiosamente, la actriz americana de orígenes escoceses representa la metáfora de lo que transmite la pelí­cula: cuando «whisky» se escribe «whiskey», la calidad no es la misma… pero a pesar de todo nos gusta. Y es que «Kingsman: El cí­rculo de oro» tenía un precedente difí­cil de superar y sin embargo logra consolidar el carisma de personajes dentro de una serie moderna, vibrante y llena de intenciones (sus crí­ticas al sistema, alusiones a los poderosos y sorna sobre la hipocresía no pasan inadvertidas), o lo que es lo mismo con armas para, entre buenos modales, seguir siendo en el futuro polí­ticamente incorrecta.

Texto: José Marí­a Fillol

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Elige de nuevo

La pandilla basura de Renton regresa con más arrugas y ennui

La pandilla basura de Renton regresa con más arrugas y ennui

Hace 20 años, una de las experiencias más fuertes (dentro de la legalidad) que podíamos sentir en una sala de cine era subirse al tren de un grupo de yonquis escoceses y no parar hasta que acabase el viaje al fin de la noche. «Trainspotting» era demasié, un corte de mangas del quejumbroso cine social de Loach y compañía, unas escenas inolvidables (el viaje por el retrete, el bebé en el techo) y un arranque para la historia. Eso, hace dos décadas, claro. Porque ahora, todos estamos más viejos y más cansados, y no digamos la cuadrilla de Renton y Sick Boy, con las venas como cañerías. El caso es que Danny Boyle («Steve Jobs», «Slumdog Millionaire», a estas alturas no necesita presentación, ¿verdad?) ha retomado a sus antihéroes en «Trainspotting 2», filme a su vez basado en la novela «Porno» de Irvine Welsh y que nos cuenta las nuevas peripecias del grupo de ya no tan jóvenes heroinómanos de los suburbios de Edimburgo, que no tienen otra aspiración en la vida salvo drogarse y conseguir dinero sucio. Tras un bache en sus negocios y después del costoso divorcio de su mujer, Sick Boy descubre una oportunidad que puede cambiarle la vida. En la capital escocesa surge un lucrativo negocio basado en vídeos porno grabados en las trastiendas de los pubs, con los clientes del local como actores principales. Tras conocer esto, Sick Boy intentará hacer una película porno de categoría capaz de venderse internacionalmente. La secuela cuenta con su reparto original, encabezado por Ewan McGregor , Jonny Lee Miller y Robert Carlyle, y también el guionista de antaño, John Hodge. Solo falta algo: los 90 ya pasaron, y las resacas contadas y vividas por segunda vez no suelen tener tanta gracia. Pero, en fin, ¿quién se resiste a una última farra con los colegas de juventud? Nostálgicos que somos.

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