Alright, alright…

McConaughey, a la carrera para ganar su segundo Oscar, ¿por qué no?

McConaughey, a la carrera para ganar su segundo Oscar, ¿por qué no?

Cómo nos mola ahora Matthew McConaughey, ¿verdad? Con lo mucho que nos reíamos de sus pazguatadas romanticonas, sus patochadas aventureras (ese «Sahara», ese «Como locos… a por el oro») y sus peinados imposibles en «Contact» o «Tiempo de matar»). Y, ahora, todo son reverencias ante el tejano más guay imaginable. Y merecidamente, claro. La suya sí que es una recuperación/reinvención en toda regla, no como otros metidos con calzador y escupidos a las segundas de cambio (¿verdad, Travolta?). Por si alguien duda de su maduración, ojo a «Los hombres libres de Jones», peliculón de Gary Ross («Los juegos del hambre», «Pleasentville») que narra la historia real del granjero sureño Newton Knight (el gran Matthew) y su extraordinaria revuelta armada contra el Ejército Confederado durante la Guerra de Secesión americana. Harto de luchar por los intereses de los más ricos, Knight desertó, se alió con otros pequeños granjeros y con la ayuda de los esclavos locales, lideró un levantamiento que llevó al Condado de Jones en Mississippi a independizarse creando el Estado Libre de Jones. Su matrimonio con una antigua esclava, Rachel (Gugu Mbatha-Raw), y su posterior construcción de una comunidad interracial, distinguieron a Newton Knight como una luchadora y controvertida figura en el contexto de la Guerra Civil americana. Ojo porque es una de las que empiezan a sonar con fuerza para los próximos Oscar, que ya se sabe que a los yanquis le gustan mucho estas historias (véase «12 años de esclavitud»). Aparte, hoy viernes los estrenos nos traen cosas como la inesperada tercera entrega de «Bridget Jones» (nada que ver con el apellido de la anterior) y un espléndido documental sobre los Beatles que solo va a estar en cartel una semanita. Así que a darse prisa.

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Delicias turcas

Las cinco gracias de "Mustang", huyendo del ogro con bigote

Las cinco gracias de «Mustang», huyendo del ogro con bigote

Hoy llega a la cartelera una de las sorpresas más agradables del cine europeo de los últimos años: «Mustang», una delicia turco-francesa dirigida por el primerizo Deniz Gamze Ergüven y protagonizada por un quinteto de muchachas a las que habrá que seguir muy de cerca los próximos años. Un drama con una estética que puede recordar a «Las vírgenes suicidas» pero con un fondo argumental más parecido a «La casa de Bernarda Alba», ya que se trata nada menos que del encierro doméstico de las sobrinas de un gañán a la vieja usanza para que no se acerquen a ningún mozo en edad de merecer y no cunda el escándalo por el pueblo. Un drama con toques de comedia (algunas escenas son de traca, como la huida a un partido de fútbol solo para chicas como las corridas de Jesulín, con perdón), aunque también con momentos de tragedia, y con una sensibilidad por momentos a flor de piel con olor a salitre mediterráneo. Un filme que se quedó a las puertas del Óscar a la mejor película de habla no inglesa, pero que cazó unos cuantos premios César la mar de merecidos. Además, aún reciente el Día de la Mujer, filmes como estos abren los ojos sobre lo cavernícola de algunos usos y costumbre como el matrimonio concertado a las bravas en países que están apenas a dos horas y pico de avión. Y, por si alguien prefiere una dieta más ligera, recordar que también se estrenan sendas terceras entregas: de la saga «Divergente», llamada «Leal», y de «Kung Fu Panda». La elección, a gusto del consumidor, aunque servidor lo tendría claro.

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Call of Duty Bengasi

Los soldaditos yanquis, antes de empezar a matar libios malos como moscas

Los soldaditos yanquis, antes de empezar a matar libios malos como moscas

Muchas veces no se sabe si estás viendo un videojuego en el cine o jugando a una película en tu casa. Una dicotomía que, se supone, le tendría que venir de perlas a un blog como este, con un ojo en cada orilla. Pero, en realidad, a menudo se impone una leve frustración-tocomocho de estar entre dos aguas, abarcando mucho y apretando bien poco. Aunque tampoco hay que ponerse serio, y eso que respeto y seriedad es lo que inspira la historia de «13 horas: Los soldados secretos de Bengasi»: Libia post-Gadafi convertida en una selva ingobernable (como tantos otros lugares «liberados» por el amigo americano), soldaditos metidos en berenjenales que ni les van ni les vienen, consulados cercados, bases de la CIA ultrasecretas tres cuartas de lo mismo, pepinazos y melonazos cayendo del cielo en bonita pirotecnia… un panorama fetén más digno de cualquier entrega de «Call of Duty». Con una salvedad: está basado en hechos estrictamente reales, acaecidos el 11 de septiembre de 2012. El encargado de dirigir el pitote no es otro que Michael Bay, de profesión sus transformers, aunque también se ha doctorado en el arte del estruendo y cachiporrazo con cosas como «La roca», «Armaggedon» o «Dos policías rebeldes» -también dirigió una astracanada como «Dolor y dinero» de la que se le ha quedado su culto por la cacha y la maza que aquí exhiben a porrillo sus poco conocidos protas-. 145 minutos dura el angelito, y la verdad es que no se hacen largos aunque tampoco cortos, vive dios. Todos los topicazos del cine bélico-patriotero se dan cita en fila india, y produce un raro placer comprobar que siguen en perfecto orden. Para los menos adrenalínicos, ojo a otros dos estrenos con bandera irlandesa como «Brooklyn» y «La habitación», que cuentan con impactantes actuaciones femeninas que pueden amargar la noche de los Oscar a Cate Blanchett y su tercera estatuilla (también sería abusar, ¿no?). Porque el domingo tocan premiecillos de la Academia, sí señor. A ver si ganan DiCaprio y Stallone. El resto, la verdad, me importa un bledo. Y lo anterior también, si hay que sincerarse…

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Amores osos

DiCaprio, con sus heridas bélicas y plantígradas, aunque él como si Juan y Manuela

DiCaprio, con sus heridas bélicas y plantígradas, aunque él como si Juan y Manuela

Iñárritu es un cachondo mental. Ya nos olíamos la tostada cuando participó en aquel documental-homenaje a Bergman donde casi entró en trance sentándose en la silla del tótem sueco, recibiendo un zasca monumental cuando le informaron de que allí no se aposentaba el cineasta ni para cortarse las uñas de los pies. Pero ahora ha dado un paso más, o una pirueta a lo Hugo Sánchez, uno de sus ídolos como nos confesó en una entrevista hace mil años, como todas. ¿No despotricó el año pasado del cine de superhéroes tradicionales al hilo de «Birdman», y su nuevo filme es precisamente eso? Porque «El renacido» podría ser una versión primitiva, agreste y telúrica de un Ironman con abrigazo de piel o un Mazinger Z al que le rebotan en la armadura todas las adversidades a las que se enfrenta, que son muchas más que las de Bardem en ese engrendrillo de «Biutiful»: al prota le atacan los indios varias veces, un oso le deja hecho trizas literalmente, se despeña por una cascada y por un precipicio (a caballo), lucha a muerte con un tío que le saca un par de cuerpos y, por supuesto, tiene que sobrevivir en lo más crudo del crudo invierno yanqui de comienzos del XIX comiendo hierbas y sushi a pelo y escama. Y el tío, que encima se llama Glass (cristal), como si nada. Olé tú. Será que está ungido de poder sagrado (como se aprecia en una escena de despiporre metafísico y campanada a medianoche) para llevar a cabo la venganza contra su hijo-cordero muerto. El caso es que durante dos horas y media asistimos a un espectáculo que ni la Marvel. Eso sí, con guiños a Kurosawa y Tarkovsky, aunque la referencia más próxima sea un episodio de «Infierno sobre ruedas» también con osos e indios de por medio. Y una fotografía brutal unida al talento como director del cuate (véase la escena incial de la batalla contra los indios). Pero, en fin, «El renacido» quedará como la machada con la que, de una vez por todas, Leonardo DiCaprio cace el Oscar. Ya era hora, sí señor. Y espérate porque está nominada a once más, entre ellos al de mejor secundario a un Tom Hardy imparable. Valor y al oso.

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Forza Italia

Caine y Keitel, espiando por si les salpican algunas gotas de la fuente de la juventud

Caine y Keitel, espiando por si les salpican algunas gotas de la fuente de la juventud

Enero está afilando la guadaña cosa fina, y se está muriendo gente que nunca antes se había muerto, como decía el sabio. Gente poco corriente, o si se prefiere extraordinaria. El último, Ettore Scola, excelente director de joyas como «Una jornada particular», «La cena», «La familia», o su testamento sentimental, «Gente de Roma», deliciosa, extravagante y altamente recuperable en DVD. Y es que las personas pasan, pero sus obras permanecen. Consuelo que nos queda a los pobrecitos mortales en este mundo que nos va echando a codazos lenta pero indisimuladamente. Ah, Italia, eterna y zarandeada Italia. Es como España, pero con la mafia asumida y hasta ufana, nada de chorizos de provincias dando lecciones de moral y dignidad. Un desahogo que se refleja en su cine y cineastas. Precisamente hoy llegan a la cartelera, como homenaje por azar al maestro desaparecido, los nuevos trabajos de dos de los más aventajados: Paolo Sorrentino y Nanni Moretti. El primero, después de su magistral «La gran belleza», incide en la poesía de la decadencia barroca con «La juventud», una reflexión rocambolesca e irregular sobre la vejez y el arte caduco con dos actores de los de caerse los lagrimones: Michael Caine y Harvey Keitel. Y Moretti, el inolvidable Moretti de «Caro diario», vuelve con «Mia madre», otro satélite alrededor de la madurez, la enfermedad, la familia y el arte pero con ese sentido del humor y ese vitalismo estoico que le caracterizan. Y con John Turturro también resucitado, buena noticia. Hablando de ancianos, ¿y el viejo Hollywood? Pues eso, pachucho pero intentando mantener el tipo con «La gran apuesta», un galimatías pintón sobre tocomochos financieros y Robin Hoods con tirantes protagonizada por galanes afeados (Pitt, Bale, Gosling) y nominada a cinco Oscar y tal. Pues eso.

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El Octavo de Caballería

Samuel L. Jackson, Kurt Russell y Jennifer Jason Leigh, gloriosamente odiosos

Samuel L. Jackson, Kurt Russell y Jennifer Jason Leigh, gloriosamente odiosos

Vuelve Tarantino. Y lo hace con todo el Séptimo de Caballería. O el Octavo. Porque de ochos va la cosa: «Los odiosos ocho» por título, un felliniano «8 1/2» de espíritu y corpus y, sobre todo, un «número ocho» (ya se sabe, un estrangulamiento lento pero placentero) para el espectador, apabullado y abotargado tras tres horas, tres, de sinfonía western llena de nieve sucia, pólvora nada mojada y tipos infames (fugitivos, cazarrecompensas, forajidos, y de ahí para arriba) enfrascados en una trama laberíntica y salomónica donde el viejo Quentin echa todo su mejor bistec en el asador, guiado por uno de sus cómplices de siempre (Samuel L. Jackson): diálogos, diálogos y más diálogos. Y música de Ennio Morricone, desde luego. Un chute XXL gozosamente irregular y desproporcionado, sin la brillantez de «Kill Bill» o «Reservoir dogs» pero con la mala baba de «Django desencadenado» o «Malditos bastardos». Pero, sea como sea, vale cada céntimo de su entrada, y eso ya es un detalle. Detalle que no ha tenido la Academia al nominarla únicamente a tres estatuillas para los inminentes Oscar (música original, actriz de reparto y fotografía), pasando olímpicamente del libreto y, en general, de una de las perlas de la factoría Weinstein de esta temporada (la otra es «Macbeth», que no ha rascado bola). Unos Oscar que pueden marcar un hito al consagrar al mexicano Iñárritu por segundo año consecutivo, aunque me da a mí que la cosa va a adquirir derroteros «marcianos», aunque DiCaprio cazará su pieza más cotizada. Porque coronar a «Mad Max» parece pasarse varios pueblos, ¿no? Veremos, en fin. Esto es Jolibú, ya se sabe (por cierto, hoy también se estrenan dos joyas, «El hijo de Saúl», virtual ganadora del Oscar al mejor filme de habla no inglesa, y «La chica danesa», candidata a cuatro premios, entre ellos el de mejor actor para el asombroso Eddie Redmayne).

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Vuela alto, cuate

Iñárritu, con sus tres premios gordos (peli, dire y guión original)

Iñárritu, con sus tres premios gordos (peli, dire y guión original)

No nos engañemos: a pesar de los lanzamientos jugones recientes (de los que publicaremos análisis pormenorizados en breve), hoy todo el mundo se ha levantado con resaca de Oscar. Haya o no haya aguantado la ceremonia, que empezó brillantemente con un número musical muy apañado y chinesco, pero que se fue desinflando por la sosería del presentador, ese «médico precoz» al que se le veía más suelto en sus cameos en «Dos colgaos muy fumaos». Pero, en fin, el notición fue la catapulta a los altares de Hollywood de Alejandro González Iñárritu (ojo que el cine tex-mex sigue en alza, recordamos «Gravity» el año pasado), un tipo que ha pasado de dormir a la fresca en El Retiro a coleccionar estatuillas a mansalva. Además, es bastante campechano y fan de Hugo Sánchez, como pude comprobar entrevistándole por «21 gramos» hace ya unos añitos. Todo gracias a «Birdman», una de esas películas que los listillos llaman «tour de force» y que, como dijimos el viernes, tiene más trampas que una de chinos (o que «Biutiful», ejem), empezando por el tan cacareado travelling infinito (a la altura de la suela de los zapatos de «Sed de mal») y a una visión muy cándida de la figura del crítico, teatral en este caso. Pero, en fin, en el Hollywood moderno es un puntazo que este tipo de filmes llegue a la pantalla final y gane al gran jefe «Boyhood». Lo que de verdad no entiendo es que, siendo la película del año, y siendo una exhibición de su actor protagonista, el bueno de Michael Keaton se haya quedado sin Oscar. Está claro que, si después de esto no ha mojado, ya se puede olvidar de premio (igual que el veteranísimo Robert Duvall, al que encima le tocó pasillo). Del resto de pedreas, bien por las cuatro de «El Gran Hotel Budapest», bien por las tres de «Whiplash» (nuestras favoritas), bien por las actrices y bien por «Ida», aunque le quitase la gloria a «Relatos salvajes». Hala, hasta el año que viene si dios quiere.

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Tiro al Oscar

Ea, ea, que no se me despierte mi bebé reborn entre tantos disparos

Ea, ea, que no se me despierte mi bebé reborn entre tantos disparos

Pocas novedades en la cartelera de estrenos hoy. La más destacada, cómo no, «El francotirador», vuelta al redil épico, humanista y con tufillo fascistoide del octogenario Clint Eastwood tras la cantarina y debilucha «Jersey Boys». Y tiene gracia que, a sus casi 85 años, el amigo se haya pasado al género del videojuego con un shooter en toda regla sobre un tirador de élite que se hinchó de matar a enemigos en Irak. En cualquier otra parte del mundo sería un matarife, pero en la cultura paranoica y pistolera USA es una leyenda. Pues, ea, biopic de dos horas y pico al canto, taquillazo brutal y media docena de nominaciones al Oscar. Hablando del tema, este domingo se reparten las estatuillas, así que allá van nuestras favoritas, o las que nos gustaría que ganasen:

Película: «Whiplash» (aunque ganará «Boyhood», clarinete).

Director: Wes Anderson (aunque ganará Linklater, que se lo ha currado, eso sí).

Actor principal: Michael Keaton (aquí hay poca duda, aunque «Birdman» se vuelva más irritante y tramposa según pasa el tiempo).

Actriz principal: Julianne Moore, que también se lo ha currado.

Actor secundario: JK Simmons, ahora es su «tempo».

Actriz secundaria: Patricia Arquette, con tal de que no moje la plasta de la Streep, cualquier cosa.

Película de habla no inglesa: «Relatos salvajes» forever.

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Varietés

"The interview": ¿tanta tabarra para esto?

«The interview»: ¿tanta tabarra para esto?

Finde movidito, cinéfilamente hablando. En una esquina, los Goya, con gala-club de la comedia (mejor que gala-pegata, como hace 12 años, qué recuerdos más agridulces…), ministro-gárgola Wert soportando otro chaparrón, paranoias mediáticas (hoy el panfleto facha de Marhuenda habla de hackeo de Podemos y otras conspiranoides) y, presumiblemente, nuevo pleno al 15 para «La isla mínima», que desde luego se lo merece pero tanta unanimidad hace replantearse el discurso de año patrio histórico y surtido. En fin, que hasta la dichosa gala bien podremos pasar la tarde de hoy con alguno de los estrenos, vistosos y chistosos, que caen en la cartelera. Por ejemplo, «El destino de Júpiter», nuevo onanismo mental de los hermanos Wachowski («Matrix», por si a alguien se le ha olvidado) que pretende darle un soponcio a la ciencia-ficción pero que resulta tan farragosa y pirotécnica como «El atlas de las nubes», por mucha parejita mona prota dentro.

Como casi siempre, lo mejor, el cromo

Como casi siempre, lo mejor, el cromo

Hablando de parejas, Seth Rogen y James Franco, que alcanzan su cénit con la celebérrima «The interview», posiblemente la campaña de publicidad mejor orquestada a nivel planetario. Lástima que la peli en sí parezca una de Ozores, Esteso y Pajares versión nerd, con chistes sobre Stalin y Stallone (ese es el nivel) y que convierte en obra maestra a «Team America», aquella otra sátira con marionetas y norcoreanos nazis. Y con ambientación también coreana (del Sur, concretamente la olímpica Seúl) aterriza «Foxcatcher», otra sorpresa de cara a los Oscar, empezando con la nominación de Steve Carrell como mejor actor, que realmente da la campanada en su papel de excéntrico mecenas de un campo de alto rendimiento que a veces parece un campo de (alta) concentración. Curiosa, la verdad. Y, de propina, el regreso de Kevin Smith con «Tusk», una excentricidad de cabo a rabo sobre un mad doctor que convierte a un pardillo en morsa. Así, como suena. A parida, ¿verdad? Pues eso. Casi tanto como ver a Bob Esponja de secano y con musculatura de tronista. A cantar todos «Los idiotas», venga.

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Un día en el bosque

Abuelita Meryl, qué nominaciones más grandes tienes

Abuelita Meryl, qué nominaciones más grandes tienes

Esta semana los estrenos son de cuento. Chino, como ese «Autómata» de baratillo en el que se ha «embolao» el bueno de Antonio Banderas, o sencillamente asiático, como la propuesta global y cantarina de Disney con «Into the woods». Hay que reconocer que a los clásicos infantiles les viene como anillo al dedo dos cosas: un musical y un museo de las torturas medievales. Y aquí se dan cita ambas con irregular resultado. En lo primero tenemos una partitura por momentos prodigiosa, como ese impresionante arranque pautado por violines épicos en el que los personajes (Cenicienta, Caperucita, Jack el de las habichuelas mágicas, el panadero, Rapunzel…) se van metiendo en la boca del lobo, nunca mejor dicho. Se nota la maestría de Rob Marshall («Chicago») a la batuta. Posteriormente, la banda sonora se va deshilachando, con números de relleno y un final algo apresurado que pretende unir los cabos sueltos como sea. Pero, al menos, se agradecen los golpes de humor metacuentistas (sobre todo aportados por Emily Blunt y ese numerito entre los príncipes que hizo las delicias de los espectadores gays, convocados por una revista especializada, que poblaban buena parte del preestreno madrileño) y una agilidad muy apropiada.

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En cuanto a las torturas, pues también están presentes: desde las mutilaciones de las hermanastras de Cenicienta hasta algunos decorados algo «cantosos», pasando por la giganta chapucerilla o, en fin, la enésima nominación al Oscar de una Meryl Streep que hace de bruja graciosamente pero sin más. Lo de la Academia es de traca, la verdad. Más simpático, y con buena voz «suya», está Johnny Depp como lobo feroz, dando otra vuelta de tuerca a sus disfraces de pirata, sombrero loco y demás carnavales. En fin, una opereta por momentos espectacular y no demasiado «grimmosa» (perdón por el chiste malo) ideal para llevar a la familia y para echarse algún microsueño entre gorgoritos.

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