Gijón game over

Posiblemente, la mejor novela española de lo que va de siglo

Posiblemente, la mejor novela española de lo que va de siglo (al menos, la más brutal y necesaria)

Hasta hace poco, y entre otras cosas, Gijón era sinónimo de tradición, buen gusto, mejor comer y vanguardia fina. Sidra y fabada en Tino el Roxu, teatro Jovellanos con damas engalanadas de domingo, fútbol recio en El Molinón, arqueología cabaretera en el Cánovas y, sobre todo, cultura maja: delicatessen indies en el Festival Internacional de Cine (al menos, en la buena época de Cienfuegos), novela noir en la Semana Negra y videojuegos en el Metrópoli. Todo en orden, todo bien cocido y servido. Hasta ahora. Porque un tipo de la tierra llamado Pablo Rivero se ha propuesto convertir a la perla del Principado en un rompeolas de hermosos -o asquerosos- vencidos, puteros y trileros, mentes brillantes de una generación previa a la «lepra digital» enfangados en el tedio, la desesperanza y el desamparo. Ríete del Edimburgo de «Trainspotting» o el Nueva York de «Taxi Driver». Un ajuste de cuentas brutal contenido en las escasas 134 páginas de «Érase una vez el fin»(Anagrama), la mejor novela española de los últimos tiempos, o cuanto menos de mis últimos tiempos. En mitad de un panorama literario más relamido que el peinado de un delantero de Segunda, la epopeya de este pianista carcomido, alcohólico, familiarmente desestructurado y que se las ve y se las desea para, en un desesperado viaje al fin de la noche, o de muchas noches celinianas y bukowskianas, regatear una deuda de juego ratonera es una de las antifábulas más lúcidas, descarnadas y poéticas que nos hemos echado a los ojos. Nada de moñerías generacionales a lo Ray Loriga, ni retratos apresurado del hoy mismo (por las referencias cinematográficas la historia está localizada hace casi una década, pero como si fuera anteayer), ni ansias de obra de culto instantánea: Rivero nos muestra las cartas sobre la mesa, algunas insoportables, otras corrosivas y alguna hasta romántica, principalmente en el tramo final. Y, sobre todo, ninguna marcada. O todas, según se mire. Un libro imprescindible y maravilloso, un oasis para la muchachada youtuber, ni-ni y lobotomizada, que ya estaba tardando en recibir algunas lecciones y collejas. Aún hay tiempo:

«Todos deberíamos morir en el momento más feliz de nuestra existencia, en la plenitud de la realización, en un acto contra natura, pues casi nunca coincide ese apogeo con los últimos instantes de la vida. Hace tiempo por tanto que debería estar muerto, porque en cada instante de lucidez me doy cuenta de que ya no seré joven nunca más, porque no me fío de las personas, porque recordando días pasados soy consciente de que no podré volver a amar a nadie, porque sé que habiendo desperdiciado aquellos momentos estoy abocado a un conformismo que fagocitará sin piedad cada segundo de mi futuro» (página 91).

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (síguenos en Twitter y Facebook).