Don Quijote Flying Circus (y LMP de bonus track)

Adam Driver y Jonathan Pryce, protagonistas de la adaptación más libre y loca del texto cervantino

Adam Driver y Jonathan Pryce, protagonistas de la adaptación más libre y loca del texto cervantino

Muy pocos cineastas «visionarios» se han resistido a poner sus osadas manos sobre el clásico por excelencia de la literatura universal. Orson Welles lo intentó toda su vida y fracasó, a pesar de que Jess Franco le echó un cable. Y Terry Gilliam estaba a punto de seguir sus pasos y tirar la toalla (incluso hay un documental que lo demuestra) hasta que, por fin, y tras más de 20 años y numerosas bajas (la de Jean Rochefort, la más destacada), se estrena «El hombre que mató a Don Quijote», una adaptación libérrima y marciana, como no puede ser menos viniendo del autor de «Brazil» y «12 monos». En ella, conocemos a Toby (Adam Driver), un cínico director de publicidad que vuelve al pueblo español donde hizo su primera película, que rodó cuando aún era estudiante. Para su asombro, descubrirá que la película cambió por completo la vida de este pueblo, y tuvo efectos terribles, ya que el zapatero que interpretó a Don Quijote (Jonathan Pryce) se ha vuelto completamente loco y realmente se cree el caballero de la triste figura. Toby tendrá entonces que hacer frente a esta situación surrealista y convertirse en una especie de Sancho Panza, el fiel escudero de este Don Quijote. A lo largo de su odisea, Toby tendrá que enfrentarse a demonios, tanto reales como ficticios, modernos y medievales. La realidad y la fantasía se confunden en este extraño viaje con final fantasmagórico y que cuenta con la intervención de Stellan Skarsgård, Olga Kurylenko, Jason Watkins, Óscar Jaenada, Sergi López y Jordi Mollá. Desde luego, ya le han llovido palos, pero como aquí valoramos la tozudez y el friquismo, pues la recomendamos, ea.

AF_Los_papeles_de_Ibiza_35

PD. Y, hablando de quijotismos y singularidades, aprovechando que la Feria de Libro sigue a pleno rendimiento en el quejumbroso Retiro madrileño, también recomendamos una lectura peculiar y gozosa: «Los papeles de Ibiza 35», una colección póstuma de poemas, ensayos, onanismos, aquelarres y otras (malas) hierbas salidas de la mente ya «tocada» pero sublime de Leopoldo María Panero. Bartleby Editores, que ya publicó el año pasado la memorable dupla «Funerales vikingos/El desconcierto», vuelve a exprimir las míticas carpetas que Michi Panero le regaló a Javier Mendoza hace veinte años para componer un volumen excepcional, fuego y furia 100% novísimos, sobre todo si se compara con los aflautados poetas tuiteros que lo «petan» en la actualidad. Recuerdos canallas y subterráneos de la Barcelona setentera (desde el Bocaccio a la Bodega Bohemia), amor fou por Karina y algún que otro efebo casual, explosiones, mondadientes para abrirse las venas, sarcomas y exabruptos etílico-narcóticos y, sobre todo, mucha libertad y libertinaje en unas páginas brutales, cultísimas y cachondas que, además, van precedidas por un erudito estudio de Túa Blesa y un estupendo prólogo del propio Mendoza. A panerizarse one more time.

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (sí­guenos en Twitter Facebook).

A vueltas con las maquinitas

Un libro lúcido y entretenido sobre el "homo jugón"

Un libro lúcido y entretenido sobre el «homo jugón»

Está a puntito de abrir sus puertas y tenderetes la Feria del Libro en Retiro, y para celebrarlo nada mejor que recomendar un interesante ensayo que, aunque posiblemente no acapare colas en la caseta de Anagrama, sí que es un libro imprescindible para nuestro negociao, como puede adivinarse por su título: «El videojugador», de Justo Navarro (conocido por obras como «Accidentes íntimos» o «Finalmusik»), ensayo que sigue el fluido único de la ficción y la evasión electrónicas. Convertido el ordenador (del tipo que sea, del teléfono a los cascos de realidad virtual) en almacén, productor y distribuidor de señales e imágenes múltiples, filtro a través del que relacionarse con la realidad, los videojuegos son el círculo mágico en el que se fusionan los elementos esenciales de la fábrica de los pasatiempos: películas, publicidad, información, tebeos, arte, literatura, música, lo que sea, imágenes de imágenes industrialmente repetidas. Cuando las máquinas inteligentes reducían el número de trabajadores humanos necesarios y se dilataba el ocio, los ordenadores se convirtieron en máquinas para la diversión, y el no-trabajo forzoso, dedicado en gran medida a comprar (por ejemplo, vidas y recursos para seguir participando en un juego en la Red), demostró ser un componente estructural de la nueva economía. Hasta las relaciones con los poderes públicos y empresariales a través de ordenadores asimilan hoy la lógica de un videojuego: el programa obliga al usuario a actuar según un repertorio muy restringido de posibilidades. Como el ciudadano ante el ordenador, el videojugador debe obedecer lo más automáticamente posible las órdenes que le dictan según van apareciendo figuras en la pantalla. La obediencia automática se ha convertido en un pasatiempo de masas industrial. A vueltas con la dimensión estética y las implicaciones sociopolíticas de los videojuegos, con una erudición sabiamente salpimentada de amenidad y comandada por una acreditada solvencia literaria, Justo Navarro debuta en el ensayo con un texto lleno de conexiones inesperadas e intuiciones agudísimas, que aborda un terreno poco explorado en el ámbito hispánico con ánimo indagador y documentada seriedad. Mundo virtual y mundo real, teoría política y ejercicios de comparatismo, reflexiones sobre lenguaje e interactividad: un volumen fundacional e imprescindible. Lo dicho, un texto espléndido para reflexionar con amenidad y originalidad sobre nuestro pasatiempo preferido.

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (síguenos en Twitter y Facebook).

Robocop entre tinieblas

Primer round: demostrar si el menor de los Panero tenía oficio literario

Primer round: demostrar si el menor de los Panero tenía oficio literario

Si decimos que acaba de editarse uno de los libros más esperados del panorama cultural español de las últimas décadas quizá nos tachen de exagerado e hiperbólico. Pero, si lo analizamos fríamente, «Funerales vikingos/El desconcierto», la doble carta cifrada que ha puesto sobre el tapete Bartleby Editores, viene a saciar la curiosidad de todos los adoradores de dos películas de culto como «El desencanto» (1976) y «Después de tantos años» (1994) y, en especial, del espíritu burlón, achispado y socarrón que despuntó en ambas: Michi Panero, el menor de la saga tragicómica por excelencia de nuestras letras, el vago más currante y el borracho más lúcido que ha pasado y paseado por el bulevar de la calle Ibiza y el Palacio de Cristal de El Retiro durante el siglo XX. Oportunidad histórica, pues, para despejar la incógnita de las incógnitas: ¿era el «escritor sin obra» realmente escritor (al margen de sus geniales columnas en «El independiente» o «Diario 16» durante los 90)? Pues sí señorito: en el puñado de relatos y «textos dispersos» agrupado bajo el título de «Funerales vikingos» comprobamos su pegada literaria, delicada, contundente, insólita y con piel de bolsilibro pulp -trincheras guerreras, vaqueros y damiselas en apuros- pero con alma ilustrada de las de antes. Joya tras joya, Panero se abre en canal, como no podía ser de otra forma, en una danza de los cien velos y corazas (qué horterada, como él diría) que incluso cierra con el índice a sus memorias nunca escritas, «Confieso que he bebido». Ahí queda eso.

Segundo asalto: emocionante biografía y recuerdos imborrables por parte de Javier Mendoza

Segundo asalto: emocionante biografía y recuerdos imborrables por parte de Javier Mendoza

Pero no se vayan todavía porque aún hay más. Mucho más. La cara B del aquelarre, «El desconcierto. Memorias truncadas», una biografía sentimental (¿cuál no lo es?) fenomenalmente escrita con el corazón en un puño por Javier Mendoza, hijastro de nuestro héroe y custodio del tesoro de su producción literaria y vital, aunque fuesen los años de la cuesta abajo. Mendoza, viejo colega de fatigas en revistas como «Vanidad», «Cinemanía» y alguna otra cuyo nombre se ha borrado o erosionado, respira hondo y elabora una colección de recuerdos entrañables (la primera vez que le conoció, viendo «Robocop» -la historia de mi vida, según el salado Michi- en un cine de Fuencarral), conversaciones empapadas en vodka con limón, episodios rocambolescos y picarescos en el Festival de San Sebastián, amargos momentos de decadencia y autodestrucción y un epílogo de los de lágrimas saltarinas. Eso, y algún bonus track con las propias vivencias y experiencias infantiles del autor, el chico del labio partido. En fin, páginas muy pero que muy especiales para muchos descarriados, mitómanos, dipsómanos y sofocados por la «mala literatura» que nos inunda. Gracias por este doble oasis.

Los Panero, Michi y Leopoldo María, junto al director Ricardo Franco, de bolos con "Después de tantos años"

Los Panero, Michi y Leopoldo María, junto al director Ricardo Franco, de bolos con «Después de tantos años»

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (síguenos en Twitter y Facebook).

Muerte a crédito

Cómo ser jugón y no morir en el intento en 260 páginas

Cómo ser jugón y no morir en el intento en 260 páginas

A las diez de la noche del martes 31 de enero de 2012, Chen Rong-Yu, un taiwanés de 23 años se cascó el mismo número de horas que su edad en roer la Grieta del Invocador, el movidito campo de batalla de «League of Legends», en un mugriento cibercafé de Nuevo Taipéi. Tieso como la mojama, fiambre como Carracuca, su deceso fue una de las primeras advertencias que contradicen la frase con la que Simon Parkin abre el último capítulo -titulado graciosamente «Utopía»- de su excelente e imprescindible (ahora más que nunca) “Muerte por videojuego” (Turner): “El videojuego niega nuestra mortalidad”. Ja, que se lo digan al pobre chinito Chen, o los otros dos que cayeron como moscas en los primeros compases de 2015 también en Taipéi (ciudad de vacaciones infernales) tras tirarse entre tres y cinco días viciados en parecidos tugurios post-apocalípticos, cuyos dueños decidieron tomar cartas en el asunto y limitar a “36 horas” el límite para que sus clientes despegasen el trasero de sus sillas. “Después empiezan a atufar y molestan”, se justificaron. No se trata de hacer leña del tarado jugón caído, sino de poner en negro sobre blanco una tendencia de la que ya alertaba Martin Amis en “La invasión de los marcianitos” o, allá por 1859, “Scientific American” refiriéndose al pérfido y vampírico ajedrez. Ahora, las fichas del tablero son otras: “Minecraft” y sus mundos infinitos, “GTA V” y sus vicios inagotables… incluso “Pac-Man” y su voracidad salvaje, aunque el mismísimo Obama luzca una pegatina del Comecocos en su portátil, según cuenta el autor (ilustre colega habitual de la BBC y de “The New Yorker”, así que nada de bromas). La moraleja parece clara: con los videojuegos, mejor limítate a matar el tiempo antes de que seas tú la víctima. Si no, puedes acabar como la horda de zangolotinos zombis buscando un Pokémon en el fondo de un barranco o, incluso, perdiendo la noción del tiempo real en un mar de “cronolapsus” ante títulos tan aparentemente inofensivos como “Animal Crossing”. En las 260 páginas de este libro está la clave. Además de prosa de calidad, innumerables anécdotas, testimonios de casos reales y reflexiones para que la sangre no llegue al río. Que luego pasa lo que pasa.

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (síguenos en Twitter y Facebook).

El Homo Recreativus en Modo Monstruo

la-invasion-de-los-marcianitos

Gracias a «Experiencia» y otros libros solemnes, sabíamos que el jovencito Martin Amis se gastaba un pastón en colmar su ego callejero en fotomatones, y que de adulto llegó a arrepentirse de ciertos pasajes y metáforas «urinarias» de su ópera prima «El libro de Rachel». Pero lo que se tenía muy calladito el muy truhán era su auténtica adicción, su pasatiempo absorbente y vergonzoso: las máquinas recreativas. No pasa nada, Martin, desde aquí te acompañamos en el sentimiento, aunque no es lo mismo caer en el vicio a los 14 años que a los 30, como fue tu caso. Porque, a finales de los 70/ comienzos de los 80, el venerado autor inglés era un yonqui de «Space Invaders» y compañía, como se refleja perfectamente en «La invasión de los marcianitos», un ensayo novelado impagable que Amis intentó esconder debajo de la alfombra años y años pero que, felizmente y con una exquisita labor de edición, generosa en material gráfico, cuidadoso niquelado y tapa dura, y con estupendo prólogo de Juan Antonio Millán (y no menos atinada traducción de Ramón de España) acaba de publicar Malpaso.

Spielberg, compañero del metal y el joystick de Amis

Spielberg, compañero del metal y el joystick de Amis

Evidentemente, el volumen, breve pero intenso, es una golosina para los jugones veteranos, que sin duda se sentirán reflejados en la entrañable e hidalga figura de un escritor «serio» que insiste en que su prolongado pecado electrónico solo fue un «trabajo de campo» para el presente libro. Ja. Con lo fácil que sería asumir su adicción de forma sana, como Steven Spielberg, autor de la simpática introducción del libro. Pero, desde luego, hay que reconocerle a Amis (quien a su vez reconoce que tardó horas en pasarse la primera oleada del «Space Invaders») su estilo tremendista e hiperbólico a la hora de analizar el «impacto» de los salones recreativos en la sociedad, como se refleja en la primera parte del libro, donde se hace eco de un fenómeno que prácticamente podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial y poblar las calles de chaperos adolescentes semi-zombis en busca de moneditas para jugar al «Pac-Man» (esa «perfecta chuminada», Amis dixit) sin descanso. Hombre, tampoco es para tanto. En la segunda parte se quita la máscara y desparrama su fanatismo jugón a tumba abierta: «Galaxian», «Asteroids», «Scramble», «Missile Command», «Frogger» (esa «boñiga monumental»)… solo falta en su recorrido «Phoenix», el preferido de quien esto escribe y que, también, tiene sus trucos y emboscadas (para lograr 200.000 puntos en un periquete). Unos deliciosos DLC (videobebés, telejuegos, glosario y hasta «quién es quién» minimalista y galáctico) rematan un imprescindible libro de culto y un documento único sobre un vicio no siempre aceptado: el nuestro.

El Playland de Times Square, uno de los templos de perdición preferidos del autor

El Playland de Times Square, uno de los templos de perdición preferidos del autor

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (síguenos en Twitter y Facebook).

¿Libros? ¿Pentotal paqué?

Una amable lectora, consultando las últimas novedades en literatura jugona

Una amable lectora, consultando las últimas novedades en literatura jugona

Los caminantes del Retiro (no confundir con los runners esos, lagarto, lagarto) llevamos tres semanas contemplando su laboriosa construcción, cual sofisticadísimas pirámides egipcias modernas, culmen de la ingeniería vanguardista, y este viernes las casetas del Paseo de Coches al fin estarán listas, con su puerta, sus cuatro contrachapados y su mostrador para que se siente el bicho firmante. Otra Feria del Libro más, sí señor. Y, como siempre, el visitante gamer echará en falta el mismo subgénero de todos los años: libros sobre videojuegos, ensayos, biografías, anecdotario, historia, entrevistas, miscelánea, fake… algo que dé fe de un arte con más de 40 años a sus espaldas y que no sean los cuatro títulos rancios de siempre, algún art book o almanques empresariales estilo «Power ups» para saber dónde mandar currículos. Pero nada de nada. ¿Hará falta realmente la «literatura jugona»? ¿Hay demanda? ¿Hay chicha? ¿Hay bemoles?

Ah, pero eso sí, tenemos «El libro troll», la primera obra literaria de ese fenómeno mediático llamado El Rubius, santo y seña del «nuevo periodismo» del sector: el gameplay youtubero ganso, que no gonzo (aunque también). La reoca en bicicleta, a juzgar por cómo es recibido el gachó en cualquier convención de videojuegos del país o cómo las distribuidoras le doran la píldora, incluyendo envío servicial de consolas, novedades y hasta invitaciones VIP al E3. El p… amo, vaya. Así que el libro de marras tendría que ser algo así como el evangelio para su legión de fieles, una presumible obra cumbre de la oratoria, la filosofía y la metafísica gamer-pop, cuando Warhol encontró a Wolfe, por lo menos.

Ay qué risa, tía Felisa

Ay qué risa, tía Felisa

Ayer mismo lo estuve ojeando en El Corte Inglés de Goya. Y no digo leyendo porque es prácticamente imposible: sus 192 páginas están compuestas exclusivamente por monigotes y garabatos seudopreescolares que animan al «lector» a convertirse en un gamberrete de tal «calibre» que Zipi y Zape le harían bullying sin misericordia: cosas tan cándidas y viejunas como aporrear telefonillos, simular gemidos en el cine o en un juego online, pegar mocos o esputos, aliviarse fisiológicamente, dibujar perrerías estilo libre (en dos páginas, dos, en blanco), etc. ¿Novela gráfica, según algunos? Ja. Y todo ello con precio (10 euros, con el hambre que hay en el mundo) y editado por Temas de Hoy, léase Grupo Planeta. En el fondo, nuestra admiración a los responsables porque hay que tener valor, mucho valor, para publicar un libro de esas características. Y, cómo no, con gira promocional y todo. Para equilibrar la cosa, cogí el tocho de Pilar Urbano y se dirigí a la caja. Luego, pasé de largo, lo dejé en el suelo y pillé el último de Edward Bunker. Suspiro de alivio.

PD. Por cierto, no nos olvidamos de otra novedad editorial jugona de lo más recomendable: «Metal Gear Solid: el legado de Big Boss» (Dolmen), de Nacho Requena. Ahí queda eso.

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (síguenos en Twitter y Facebook).