Pablo, Pablito, Pablete

Los señores de Bardem, en pleno vertedero colombiano

Los señores de Bardem, en pleno vertedero colombiano

Después de ofrecernos dos de las interpretaciones más bochornosas del año pasado (la locuela «Madre!» y la aburrida «Piratas del Caribe 5», por la que llegó a optar a un Razzie), Javier Bardem se ata los machos y demuestra lo pedazo de actor que es con «Loving Pablo», un filme prácticamente servido para el lucimiento del actor y no tanto de su «santa» Penélope Cruz. Ambos dan vida a una de las parejas más peligrosas de todos los tiempos: el sanguinario narco Pablo Escobar y su amante, la periodista Virginia Vallejo, que tuvo la sangre fría y el estómago de acercarse a la guarida de la bestia cuando campaba por sus anchas en la Colombia de los años 80. Evidentemente, la actuación de Bardem (en la línea de Benicio del Toro en «Escobar: Paraíso perdido» pero mejor) es lo único bueno de este filme, dirigido por un Fernando León que no ha sabido captar la esencia del cafarnaún que se montó en el país sudamericano, y en buena parte de Estados Unidos, cuando la coca corría como pipas de calabaza. Los diálogos redichos y subrayados del director de «Los lunes al sol» chocan con la acción y el infierno que narran las imágenes, echando incluso de menos el ritmo de filmes recientes como «Barry Seal» (aunque la secuencia del aterrizaje en plena autopista para descargar la farlopa tiene su aquel). Y otras escenas son directamente de culebrón, como la visita de la amedrantada mujer a la carcel cinco estrellas que se montó el pájaro. Eso sí, obligatoria verla en versión original para disfrutar del acento yanqui-colombiano que se ha currado Bardem, y del buen trabajo de algunos secundario como Óscar Jaenada.

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Ay, madre

Jennifer Lawrence, mamma mia

Jennifer Lawrence, mamma mia

Darren Aronofsky no suele dejar indiferente a nadie. Lo hizo con «Pi», su ópera prima presentada hace casi dos décadas en el Festival de Gijón (qué recuerdos, y los bollos preñaos que se zampó el gachó en la espicha de inauguración), lo repitió en «Réquiem por un sueño» y no digamos «La fuente de la vida», y también lo logró en sus filmes más «comerciales»: «Cisne negro» y «El luchador» (de «Noé» no hablamos, que estamos intentando borrarla del disco duro). Y ahora vuelve a conseguir rizar el rizo de la paciencia y la seudogenialidad con «madre!», un thriller psicológico con tintes de terror que gira en torno a una pareja compuesta por un poeta en horas bajas (encarnado por Javier Bardem, que parece que va remontando el vuelo a la espera de su Pablo Escobar) y su mujer (Jennifer Lawrence, más pepona que nunca), que viven en una casa de campo aislada. Su relación se pone a prueba cuando reciben la visita inesperada de un extraño (Ed Harris) y su esposa (Michelle Pfeiffer), que un día hacen acto de presencia en su hogar. Desde ese momento, su tranquila existencia quedará perturbada por completo, aunque también logrará que el poeta recupere su inspiración y empiece a escribir la obra que le traerá la ansiada fama. Pero, ¿a qué precio? Pese a los silbidos y pataleos cosechados en el último Festival de Venecia, «madre!» (escrita, producida y dirigida por el propio Darren, que por algo es todo un autor) también ha cosechado críticas la mar de positivas (cinco estrellas le dio Telegraph), y ya suenan cantos de sirena de Oscar y similares laureles. Al menos, no se anda con medias tintas, algo que, en estos días tan tibios, es bastante de agradecer.

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