Días de furia

Frances McDormand obtuvo el Globo de Oro a la mejor actriz por su trabajo en este filme

Frances McDormand obtuvo el Globo de Oro a la mejor actriz por su trabajo en este filme

Es muy difícil sustraerse a casos recientes como el de Diana Quer al tratar de analizar la profundidad de la soberbia, dura y descarnada Tres anuncios en las afueras. De forma individual, a cualquiera nos revuelve las entrañas la muerte ignominiosa de un ser humano en femenino y en plena flor de la vida. Si bien el crimen conlleva condena y pena, hacerlo con tortura previa y ultraje supone también desgarrar una sociedad que no ha podio o no ha sabido proteger a uno de sus miembros (léase durante mucho tiempo con la violencia de género). Ante el hecho luctuoso ya consumado, a los deudos –los familiares- les queda mantener la repulsa y reclamar justicia a toda costa, no pocas veces bajo el limbo de días sin respuesta, de inútil resignación y de un olvido soterrado que amenaza con minar esa única esperanza moral.

Acaso los estados de ánimo por los que transcurre Mildred Hayes en Tres anuncios en las afueras son los de una mujer golpeada fatalmente por un destino sin Dios ni alma. De la frustración pasará a la impotencia y de ésta al activismo radical, a la reivindicación más visceral y humana a la vez, como reacción al rapto, violación y asesinato de su joven hija en una pequeña localidad del estado de Misuri. El dolor insondable y la rabia serán vomitados en grandes caracteres, negro sobre rojo, y enmarcados en tres desvencijadas vallas publicitarias al pie de una carretera sin apenas tránsito: “¿Por qué jefe Willoughby?”, “Aún no hay arrestos”, “Violada cuando dormía”. Tres escupitajos a la conciencia de una comunidad adormecida por la indolencia y más directamente dirigidos al responsable de una policía local inepta y desinteresada por resolver el caso, más ocupada en encubrir los instintos salvajes y racistas de sus “servidores” de la ley.

El guionista y director irlandés Martin McDonagh recobra la gran intensidad emocional en los personajes de sus dos notables largometrajes anteriores (Escondidos en Brujas, Siete psicópatas), para llevarla esta vez a un estadio extremo. Una ciclogénesis explosiva en forma de madre coraje (y furiosa) con imprevisibles consecuencias, que al mismo tiempo marca la pauta de una línea argumental igualmente imprevisible, de suma y sigue continuos, y sin dejar un instante de agarrarnos por el gaznate. La gran virtud del filme es que a pesar de la fuerza centrífuga del papel protagonista interpretado por Frances McDormand, donde el conflicto principal se construye y reconstruye atrayendo pedazos de dolor propios (sentimiento de culpa) y de extraños (como consecuencia de sus actos), no merma un ápice el interés del resto de tipología humana presentada ante la cámara. Al contrario existe una sui generis retroalimentación que nos da claves de las debilidades, traumas, miserias e impulsos descontrolados de todos los personajes, como si fueran espejos cuyo reflejo sirviera para el otro, encadenándose sucesivamente. Cada tecla que McDonagh hace tocar con el volcán Hayes no sólo es una llamada de atención a su lucha, constantemente recordada en planos de sus tres contundentes mensajes, es también un puñetazo al sistema, a la tibieza social ante causas ajenas, al caciquismo administrativo e institucional en la América profunda, a la hipócrita conveniencia de los medios de comunicación cuando se trata de no estropear una noticia, aunque haya que retorcerla.

Woody Harrelson es otro de los actores que brillan en este potente drama

Woody Harrelson es otro de los actores que brillan en este potente drama

El drama sostenido de forma magistral por un ritmo in crescendo, fluye a través de unos diálogos repletos de cargas de profundidad. Menudea el sarcasmo para retratar a los personajes ante su propia realidad trágica o de mediocridad; o ese humor negro como el carbón de frases gruesas que van dejando un reguero de pólvora hasta ser prendido con bilis y odio en escenas de enorme tensión. Y tras la tormenta dialéctica y el lenguaje afilado, McDonagh repara con delicadeza en las heridas de tanto abrirse en canal. Simplemente sobrecogedores los momentos en soledad de los individuos, mostrando el interior íntimo y sus zonas erróneas en la oscuridad de la noche, ya sea rompiendo desgarradoramente a llorar, buscando una salida a una mente sociopática o en un epistolar adiós a la vida con voz en off.

A la solidez de la película y su buen desarrollo hasta el final contribuye el espléndido reparto. Todas las composiciones sin excepción, principales y secundarias, son destacables. No obstante las interpretaciones de Woody Harrelson como el sheriff atenazado por una enfermedad terminal, la fantástica de Sam Rockwell dando vida a un agente cruel, acomplejado y dominado por su madre, y la inmensa de Frances McDormand ya quedan como memorables.

Por cierto, en la pasada entrega de los Globos de Oro la  protagonista de la película dio un doble aviso. Ganó como mejor actriz dramática y se postula como favorita a repetir en los Oscar. Iba de negro: las mujeres acosadas no estáis solas (dixit Mildred Hayes).

Texto: José María Fillol

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The show must go on

Hugh Jackman encabeza el reparto de este espectacular musical

Hugh Jackman encabeza el reparto de este espectacular y circense musical

Los sueños pueden hacerse realidad. La fuerza de esta convicción es lo que llevará al ambicioso e imaginativo P. T. Barnum a triunfar en el mundo del entretenimiento con un espectáculo único e insólito, basado en la particularidad física de sus componentes. Sin embargo el ascenso al éxito estará salpicado de tentaciones, poniendo en peligro lo más importante.

Al salir de la proyección, algunos coincidimos en el mismo autobús de regreso hacia nuestras respectivas redacciones. En el corto viaje tuve la posibilidad de recoger disparidad de criterios de mis compañeros críticos acerca de «El gran showman». Que si la historia estaba por encima del film; acaso el arranque con el primer número era lo mejor; el exceso de elipsis truncaba el desarrollo de subtramas, de ahí la necesidad de mayor explicación y de más metraje… A todos les robo un pedazo de su análisis e incluso comparto con ellos la conclusión de estar ante una buena película, aunque falta el fuelle para llegar a ser ese musical recordado. Pero merece la pena pagar la entrada.

No obstante las andanzas del empresario P.T. Barnum, llevadas anteriormente varias veces al cine, lucen por momentos de forma espléndida y reservan situaciones de gran emoción en pantalla. La puesta en escena a cargo del novel director Michael Gracey, con la ayuda en el guión de un tipo versado en el género como Bill Condon («Chicago»), llega a ser eficaz y consigue equilibrar virtudes y carencias dotando finalmente al conjunto de cierta coherencia y ritmo. Sin duda a ello contribuye la actitud y la aptitud de Hugh Jackman –soberbio cantando y bailando-, ideal para encarnar a ese self-made man triunfador, capaz de superar las trabas de la vida y hasta resurgir de las cenizas. El actor australiano rebosa carisma en cada pieza musical donde presta su voz poderosa, y demuestra madera interpretativa con su mirada traslúcida ante las pruebas del destino. De erizar el vello la idealización del arte y la hermosura cuando abducido Barnum contempla, y todos a través de él, la maravillosa actuación de la soprano Jenny Lind (Rebecca Ferguson). Sobre el tapete de la pasión un triángulo amoroso primorosamente resuelto, desprendido del tono optimista y esperanzador del film. Así frente al egoísmo, la apariencia, la hipocresía social, la traición y la ignorancia se elevarán los más altos valores del espíritu humano.

Zendaya se luce en las acrobacias y en los números musicales

Zendaya se luce en las acrobacias y en los números musicales

Cómo no, los conflictos dramáticos están aderezados en el centro de la pista por inspirados números musicales. La brillante combinación de coreografías e iluminación contrastada de luces y sombras en algunos de ellos, nos retrotraen a los mejores ejemplos del Broadway clásico, también a influencias más recientes de otras cintas, como «Moulin Rouge». Fantástica es la reivindicación a ser diferentes y respetados que hace la troupe del circo, formada por personajes de todo pelaje, tamaño, peso y color (literal), bajo el tema «This is Me». Tampoco se quedan atrás el romántico número de Zac Efron y Zendaya interpretando «Rewrite the Stars», demostrando mucha química en las alturas de una carpa; o el que concentra la esencia del filme, «A Million Dreams», con Barnum y familia visualizando lo que realmente da sentido a la vida, mientras ríen, cantan y bailan en un tejado.

Al fin y al cabo «El gran showman» no llega a ser otra cosa que el praxinoscopio con el que protagonista ilusiona y hace soñar a sus dos hijas, una caja mágica a través de la cual el espectador, con ojos generosos, puede encontrar la felicidad de dos horas y pico de agradable entretenimiento.

Texto: José María Fillol

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Sin vuelta al ruedo

"Ferdinand" es el nuevo filme del director de "Ice Age" y "Blue"

«Ferdinand» es el nuevo filme del director de «Ice Age», «Robots»  y «Río»

Aparentemente destinado a demostrar su valentía en un ruedo como todos los de su especie, Ferdinand no comparte esa idea. Él es un torito amante de las flores y dotado de gran sensibilidad. Cuando intuye cuál puede ser su trágico destino, huye del cortijo donde estaba encerrado y recala en la granja de una dulce niña y su padre. Aquí crecerá como un miembro más de la familia, pero un accidentado episodio lo devolverá ya adulto a su lugar de origen. La lucha contra el más afamado torero le espera, aunque no se resignará a cambiar, junto con sus compañeros, el curso de los acontecimientos con el arma más poderosa: su gran corazón.

El cine de animación tiene la posibilidad de dotar a las historias y a sus protagonistas lo que se proponga. Realismo, fantasía o imaginación desbordante y sin límites, cualquier cosa es susceptible de ser reflejado en pantalla, también en el terreno de las emociones. Acaso la humanización de los sentimientos en personajes animales es moneda común y generadora de vínculos y conexiones con el espectador, de forma especial en el público infantil. De ahí, ciertos temas deben ser abordados con cuidado de no condicionar la conciencia tierna de un niño, sobre todo cuando en la vida real el asunto en cuestión suscita cierta polémica. Y la tauromaquia lo provoca.

La cinta opta a dos Globos de Oro: mejor filme de animación y mejor canción original

La cinta opta a dos Globos de Oro: mejor filme de animación y mejor canción original

No es «Ferdinand» precisamente un ataque visceral a la llamada fiesta nacional, pero siguiendo la trayectoria vital del susodicho, no se escapa que la defensa a la vida del protagonista y amigos astados supone eludir una muerte segura en la plaza, porque “el toro nunca gana”. Esta frase lapidaria tiene un mensaje subyacente y una toma de postura clara: todos querremos ayudar al pobre Ferdinand a no ponerse delante de esas amenazantes espada y banderillas brillando en primer plano que reducirían su existencia a unos cuernos más colgados en la pared de una truculenta sala. Esto es así, aunque se juegue al despiste con la disyuntiva en términos taurinos de morir con bravura o sin opciones en el matadero. No obstante, el film sólo alude y no muestra nada cruento, ningún humano queda demonizado, ni siquiera el matador, ni dará queja alguna de provocar mínimamente un trauma a la parroquia menuda.

Disquisiciones e intenciones aparte, ¿y de la película qué? Resumirla como discreta sería injusto, porque contrae ciertos méritos y ofrece algunos momentos resaltables, como un divertido rescate y un inaudito intercambio de papeles otra vez para la reflexión. Sin embargo del responsable de la saga «Ice Age», Carlos Saldahna, se esperaba más, y eso que partía del clásico libro infantil de Munro Leaf y de su adaptación al cine por Walt Disney con un corto ganador de Oscar. La historia tarda un tanto en arrancar y enganchar de verdad, pululan inconexos y desdibujados algunos elementos -el papel de la niña ni fu ni fa- y al protagonista le falta un carisma mayor y tampoco está rodeado por otros personajes que le hagan un gran coro, salvo un trío de caballos megapijos que funcionan estupendamente en algunos gags. Por cierto, que a éstos les falta en general esa chispa descacharrante de otros largometrajes de Saldanha.

«Ferdinand» entretiene, tiene una buena factura en la recreación digital de lugares reconocibles como la plaza de Las Ventas y el Tajo de Ronda,  y cumple con las preceptivas dosis de emoción, pero le falta alma para dejar huella y entusiasmar.

Texto: José María Fillol

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No como el whisky, pero buen trago

Taron Egerton y Colin Firth protagonizan esta irregular secuela de "Kingsman"

Taron Egerton y Colin Firth protagonizan esta irregular secuela de «Kingsman»

En no pocas ocasiones tenemos la sensación de haberlo visto ya todo en la gran pantalla. A falta de guiones originales, el espectador escéptico suele practicar el ejercicio de averiguar en algunas escenas el fruto de la inspiración de tal o cual película, acaso si no detecta directamente el tufo a plagio. Cuando el descaro es amable generosamente se llama homenaje, lo cual no exime de «culpa» a quien lo perpetra, aunque el guiño bien ejecutado pueda ser digno de aplauso o verse como distinto, a tener en cuenta.

Algo de todo esto había en «Kingsman: Servicio secreto», pero llevado a una escala superior basada en la osadía y en los arrestos de subvertir el cine de espías con cabezas que explotaban y una masacre «tarantiniana» en la iglesia de dejar ojos fuera de órbita. Aquella pelí­cula en manos de un tipo hábil como Matthew Vaughn nos deparó un número circense gamberro y excesivo, delirante y genial, un cambalache movido y agitado de James Bond, Inspector Gadget, «Misión Imposible», la olvidada «Agente secreto juvenil», «Los Vengadores» (los de paraguas y bombín) y hasta de «Kick Ass». Un poderosísimo cóctel con licencia para diseccionar irreverentemente los tópicos, retorcerlos con guasa y envolverlos con un efecto visual brutal.

Mientras en aquel primer film veí­amos gozosos cómo un macarra jovencito se transformaba y formaba en el oficio de desenmascarar villanos y conspiraciones al servicio de una agencia secreta independiente, en «Kingsman: El cí­rculo de oro» el protagonista nacido en los cómics de Mark Miller se zafa ya casi como un superhéroe. La trepidante escena inicial de una persecución de coches nos lo presenta despachando a los malos como un Indiana urbanita y elegante, eso sí, muy british para acudir puntualmente a su compromiso con el amor de su vida, la princesa sueca rescatada en la primera cinta. A la vuelta de la esquina tendrá la misión más peliaguda hasta el momento, descubrir quién está detrás de un plan perverso que llevará a los consumidores de drogas a una muerte segura si el presidente de Estados Unidos no accede a un estrambótico chantaje.

La película ha desbancado a "IT" en la primer puesto de la taquilla española

La película ha desbancado a «IT» en el primer puesto de la taquilla española

Lástima que la frescura de la primera vez no sea posible de mantener en la secuela. Aunque en muchos aspectos la aplicación de la fórmula primigenia con sus tintes cómicos funciona, la ausencia del factor sorpresa nos lleva a un terreno irremisiblemente neutro donde no hay sabor dulce ni amargo, ni seco de martini, ni de chicha ni de «limonờ, sino todo lo contrario. La adversativa nos hace sentir como en una montaña rusa extraordinariamente entretenida por instantes, aunque los picos y valles en el ritmo evidencian rémoras en el guión. Arriba nos encontramos con secuencias impactantes magistralmente rodadas y el chute de bajada es tremendo; pero para llegar a eso se va remontando por raí­les escasamente imaginativos (incluso resurrecciones inverosí­miles) a base de subirse progresivamente a la atracción un coro de rostros muy conocidos, algunos ilustres, de primos-hermanos yanquis bajo sombrero cowboy que con mayor o menor acierto sacan adelante sus papeles. Así,­ la transnacionalidad de la acción -los Kingsman tendrán la ayuda de los Statesman, otra organización de espionaje oculta tras la fachada de una compañía de whiskey sita en Kentucky- da unos resultados desiguales. Verso suelto queda la sonrisa brillante, cínica y maligna de Julianne Moore, estupenda ama y señora de Poopy Land donde orquesta el caos para el mundo.

Curiosamente, la actriz americana de orígenes escoceses representa la metáfora de lo que transmite la pelí­cula: cuando «whisky» se escribe «whiskey», la calidad no es la misma… pero a pesar de todo nos gusta. Y es que «Kingsman: El cí­rculo de oro» tenía un precedente difí­cil de superar y sin embargo logra consolidar el carisma de personajes dentro de una serie moderna, vibrante y llena de intenciones (sus crí­ticas al sistema, alusiones a los poderosos y sorna sobre la hipocresía no pasan inadvertidas), o lo que es lo mismo con armas para, entre buenos modales, seguir siendo en el futuro polí­ticamente incorrecta.

Texto: José Marí­a Fillol

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Capitán Calzoncillos: su primer peliculón

He aquí la nueva propuesta animada de DreamWorks, creadores de "Shrek" y "Madagascar"

He aquí la nueva propuesta animada de DreamWorks, creadores de «Shrek» y «Madagascar»

Hace ya bastante de aquella época en la que el ritmo del cine de animación lo marcaba un nuevo estreno Disney. El paso del tiempo abrió el espacio a las 3D y ahí entró con fuerza inusitada Pixar. Y tras ella vinieron otras compañías para elevar el género con originalidad y calidad, como DreamWorks. El caso de este estudio -titular de «Shrek», «Kung Fu Panda» y «Madagascar»- es paradigmático en cuanto ha buscado siempre la libertad creativa en sus películas. Por eso no es de extrañar que fijara objetivo en la cómica serie de libros «Capitán Calzoncillos», una parodia del universo de los superhéroes desde la imaginación de los niños.

«Capitán Calzoncillos: su primer peliculón» cuenta con ingredientes de sobra para que los chavales se lo pasen bomba durante hora y media con el buen rollo de sus protagonistas. Igualmente el adulto compartirá carcajadas y disfrutará entre líneas, seguida de una sonrisa amplia, de agudos diálogos con carga de profundidad. En el trasfondo de la historia, dos inseparables amigos que evaden la estricta disciplina del colegio a base de gamberradas y a través del superhéroe creado por ellos en las páginas de un cómic que luego cobra increíble realidad; hay una crítica velada a un sistema educativo antiguo y obsoleto. La puesta en solfa del método de enseñanza basado en la memorización y en una letanía de repetición infinita contrasta (por ausencia) con una visión moderna y lúdica de aprender divirtiéndose, con la que no podemos estar más de acuerdo. Añadido al tirón de orejas, se pone en valor la iniciativa y el espíritu creativo del alumno representados en las figuras de Jorge y Berto, los «piezas» de la descacharrante aventura.

La parodia de universo de los superhéroes es la clave de esta comedia para todos los públicos

La parodia de universo de los superhéroes es la clave de esta comedia para todos los públicos

No obstante el filme es fundamentalmente una locura animada, salpicada de gags -algunos escatológicos, ya habituales para «contentar» a la parroquia infantil- y rebosante de ritmo. Sin duda hipnotizar al severo y despiadado director del colegio y convertirlo en el Capitán Calzoncillos es el gran centro de la diversión. Con un simple chasquido de dedos su amenazadora verborrea se convertirá en el «¡¡Tata-Tacháaaan!!» (grito de guerra) del descabellado superhéroe y la situación dará un giro de 360 grados trufado de momentos geniales; y viceversa, cuando rociándolo de agua el personaje vuelve a la normalidad de su despreciable y auténtica existencia. El juego de doble personalidad antitética funciona de forma eficaz en un argumento de desmadre en barrena, alcanzando su grado máximo con la aparición en escena del profesor acomplejado Pipicaca, un Mad Doctor clásico, empeñado en eliminar del cerebro humano el sentido del humor. Ni que decir que el malvado plan será de imposible ejecución teniendo enfrente a dos «cachondos» XXL como Jorge y Berto, por otro lado encarnación de una inquebrantable amistad exaltada durante todo el metraje.

Es de agradecer al responsable del show, David Soren, el respeto a la esencia de la materia prima. El director nos obsequia con varios tipos de animación, 2D, fliporamas (ilustraciones en páginas consecutivas que generan sensación de movimiento) y 3D, para trasladarnos al origen literario de Capitán Calzoncillos de forma alternativa y brillante. Una mezcla de técnicas que arropan a una comedia familiar donde resalta la alegría de ese niño libre en imaginar lo inimaginable en la casa de un árbol o para hacer travesuras capaces de romper con el aburrimiento establecido por los adultos.

Texto: José María Fillol

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Carácter disfuncional

Woody Harrelson es el protagonista de "Wilson", comedia ácida e irreverente que hoy llega a las pantallas

Woody Harrelson es el protagonista de «Wilson», comedia ácida e irreverente que hoy llega a las pantallas

Descolgado de las viñetas minimalistas de la estupenda novela gráfica de Daniel Clowes, llega a la gran pantalla «Wilson», un cincuentón egoísta cocido en su propio carácter, ácido y tóxico hasta decir basta. Un tipo más que antipático, profundamente desagradable. Acaso el balance de su vida es desastroso e inútil, anda aislado de los demás fruto de su inaguantable forma de ser, con solo su perro para ladrarle. Es a la muerte de su padre cuando se plantea salir del ostracismo y decide buscar a su ex mujer. El reencuentro tendrá un resultado agridulce, pero el descubrimiento de una hija hasta el momento desconocida, le hará afrontar las cosas con una perspectiva distinta. Eso sí, Wilson siempre será Wilson.

Woody Harrelson construye de forma y manera formidables al misántropo y, por qué no decirlo, capullo protagonista, cuya personalidad compite en chorros de bilis, y en buena lid, con otros ilustres retorcidos del cine similares al Melvin Udall de «Mejor… imposible». Aunque a diferencia del maniático escritor encarnado por Jack Nicholson, su mala uva no es tan consciente ni cínica, es más consecuencia de su fracaso existencial, de su falta de sitio en una sociedad deformada por él, donde los individuos son causa de fastidio e imanes para vomitarles baba cáustica. Poca esperanza al cambio puede esperarse de Wilson, sencillamente no se da cuenta, o como ocurre en la fábula del escorpión y la rana, no lo puede evitar. Indisimulado y «natural», lo que intente escribir con buena letra en el encerado de su cotidianeidad lo irá borrando al mismo tiempo con el codo; halagos y palabras aparentemente bienintencionados acabarán convirtiéndose en hirientes dardos.

Laura Dern ("Parque Jurásico", "Corazón salvaje") encarna a la colega de correrías del incorrecto Wilson

Laura Dern («Parque Jurásico», «Corazón salvaje») encarna a la colega de correrías del incorrecto Wilson

En la voz, en la mirada ida, en el gesto del actor sencillamente queda enmarcado el patético personaje de forma impecable, provocando el rechazo, la carcajada con sorna y hasta la complicidad con el contenido de fondo. Harrelson da lustre al antihéroe abanderado de lo políticamente incorrecto y aporta categoría a un guión que transita desde inicios prometedores y originales a progresivamente terrenos más convencionales. No obstante la fuerza de su interpretación anula en parte el sentimentalismo emergente al final de la película, afortunadamente de baja intensidad. A ello contribuye también una recuperada Laura Dern, sobresaliente como su antigua pareja de correrías matrimoniales jalonadas de drogas, sexo y rock’n roll. Un pasado, en cualquiera de los casos, que tampoco fue mejor ni recordarlo aviva ilusión a un verso suelto sin rumbo.

En este filme de agradecido envoltorio indie, el punto de amargura se mezcla con una caleidoscópica búsqueda de la felicidad -ninguno de los personajes que rodean al principal podrán definir ese estado- y desde el vacío de un amor auténtico –la hija ha vivido en una triste jaula de oro- se entiende bien en la trama cómo fluyen los pasos hacia una suerte esperanzadora de cariño ponderado. La comedia irreverente y cizañera así se dulcifica posiblemente, pero pasa por los peajes de estos tiempos. Y Craig Johnson, director de la cinta, no puede evitar un epílogo absolutamente prescindible, como antaño otros con bula ganada lo hubieran hecho. Evidentemente, Johnson no es Billy Wilder

Texto: José María Fillol

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Llámalo X

Mística, pasándolas canutas gentileza del malo malísimo Apocalipsis

Mística, pasándolas canutas gentileza del malo malísimo Apocalipsis

Ya está aquí, ya llegó… no, la Patrulla Canina no: la Patrulla Mutante. Porque hoy se estrena el último episodio de la saga de nunca acabar, responsable en buena medida de la resurrección-empacho de género superheroico que vivimos en la actualidad. Al menos, el responsable es Bryan Singer, que inició la franquicia allá por el año 2000 y que ahora se pone por cuarta vez a la batuta con «X-Men: Apocalipsis», filme con un argumento de los buenos, y que se centra en Apocalipsis, el mutante más poderoso que ha existido nunca, adorado como un dios mientras acumulaba los poderes del resto de mutantes convirtiéndose en un ser inmortal. Tras su debilitamiento después de miles de años, su desilusión hacia el mundo le obliga a reclutar a un grupo de poderosos mutantes, incluyendo al descorazonado Magneto (Michael Fassbender), para purificar la humanidad y crear un nuevo orden mundial, del cual estará al frente. Mientras el destino de la Tierra pende de un hilo, Raven (Jennifer Lawrence) con la ayuda del Profesor X (James McAvoy) tendrá que liderar un equipo de jóvenes X-Men para detener a su mayor enemigo y salvar a la humanidad de la destrucción total.

Michael Fassbender, un Magneto que templa más y mejor que un torero en San Isidro

Michael Fassbender, un Magneto que templa más y mejor que un torero en San Isidro

Esto es, un chorreo de efectos especiales, alusiones bíblicas y actores de relumbrón, que dan lo mejor de sí tras «Días del Futuro Pasado», anterior filme de Singer. Un espectáculo de cabo a rabo definido así por el productor Hutch Parker: «Bryan tuvo que tirar la puerta abajo en la narración para trasladar a este increíble elemento desde un punto tan distante de la historia. De hecho, mucho antes de que el mundo fuera consciente de la existencia de los mutantes, Apocalipsis reinaba como si fuera un dios. En realidad, Apocalipsis no sólo se imagina como un dios, sino como el dios. Ésta es una idea extraordinariamente rica para un villano. No se trata de un hombre frente a la lucha mutante, como hemos visto en otros filmes; es un mundo que ha sido concebido por Apocalipsis, en el que sólo los fuertes sobreviven. Apocalipsis es un peligro distinto a cualquier otro que los X-Men hayan conocido antes. Apocalipsis es un ser antiguo y sobrenatural al mismo tiempo». Hablando de seres antiguos y sobrenaturales, también se estrena «Noche real», una simpática comedia sobre la noche en que una jovencita Isabel II se fue de picos pardos y hasta se soltó la corona, metafóricamente hablando. Que no todo van a ser mutantes hoy viernes, ¿no?

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