Galletas surtidas

El cinturón del peso viejuno, en juego por todo lo alto

El cinturón del peso viejuno, en juego por todo lo alto

Nada de bajar la guardia, abrazar oseznamente al rival ni bailotear como una mariposa: la mejor receta para empezar el año con buen pie es encadenar un buen surtido de puñetazos, patadas y golpes nada bajos. Y eso es lo que ofrece la cartelera de hoy viernes: una gran velada en dos asaltos épicos. Segundos fuera y que suene la campana. En una esquina tenemos «La gran revancha», esperado y crepuscular (o lo siguiente) encuentro entre Rocky Balboa y Toro salvaje, o lo que es lo mismo, Stallone y De Niro. Dos tipos que reinaron en la categoría de los pesados de Hollywood en los 70 y 80, en muy diversos rings, pero que tenían que haber colgado los guantes a tiempo hace unos cuantos lustros. Y eso que «Rocky Balboa», la sexta entrega del «potro italiano», fue memorable, y a De Niro aún le quedan algunos buenos golpes en la recámara («La vida de Flynn», «El lado bueno de las cosas» o algunos momentos de «Malavita»). Lástima que el director, Peter Segal (con recordar que su último filme fue «Superagente 86» hace seis años ya está todo dicho) no mueva un ápice de su actividad neuronal y creativa más allá de algún guiño de épocas pasadas, confiando todo el andamiaje del filme en la reunión en la cumbre y, claro, de tanto codazo cómplice acabamos con el brazo dormido. Ay la nostalgia, qué mala es. Y el no saber retirarse con dignidad, más aún…

Las chinas también son guerreras

Las chinas también son guerreras

Y, en la otra esquina, un poco de «yoyas» orientales etiqueta negra. Porque «The Grandmaster» está dirigida por Wong Kar-Wai, artífice de maravillas incontestables como «Deseando amar» o «2046». Aquí, se aplica a la moda de «artes marciales deluxe» que inició Ang Lee con «Tigre y dragón» y siguió Zhang Yimou y tantos otros, para narrar la peripecia, golpe a golpe y casi verso a verso, del maestro de Bruce Lee, en otro combate «bigger than life» descrito con una exquisitez visual a veces apabullante. Por si fuera poco, también nos regala la vista con las también pegadoras y pegadizas señoritas de El Pabellón de Oro, más un fresco histórico alrededor de la convulsa historia de China en los años 30, con Japón midiéndole el lomo. Muchos dados para un mismo cubilete, pero el esfuerzo merece la pena. En fin, que entre tanta adrenalina y «hule» fino, no viene mal completar la tarde con el disfrute de Elena Anaya, cual Pepita Piscinas minimalista, indie y porteña, en «Pensé que iba a haber fiesta», otra de las pelis majas del día. Aunque, para maja, ella, sus bikinis y sus uñas amarillas.

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