Terrores vallecanos

Verónica, justo después de pasar por la consulta del dentista de su barrio

Verónica, justo después de pasar por la consulta del dentista de su barrio

Parece que el cine español se anima, y no solo por «Tadeo Jones 2», gran esperanza taquillera de un año de lo más tibio (ay, «Abracadabra»…) sino por «Verónica», la  nueva apuesta patria por darle caché y espectadores a un género como el terrorífico. Y, mira por dónde, el responsable no es otro que Paco Plaza, uno de los poquísimos cineastas que logró ambos objetivos, sobre todo por la primera entrega de «Rec» -las otras, mejor no menearlas… y el remake yanqui, ni digamos-. En esta ocasión, también apuesta por los horrores caseros con una historia ambientada en los años 90, en pleno Madrid (Vallecas, concretamente), cuando una adolescente que acaba de realizar la Ouija con sus amigas tiene que hacer frente a las consecuencias de lo que ha desencadenado, pues ha comenzado a ser perseguida por presencias sobrenaturales que la amenazan con dañar a los miembros de su familia. Aunque la cosa parece alguna milonga de «Cuarto milenio» (fijo que Íker ya ha tratado el tema en su circo), la cosa sube enteros gracias al buen oficio, la puesta en escena y ese horror cotidiano que tan bien maneja Plaza, y que también bebe de los misteriosos archivos policiales que nunca han sido resueltos y cuyo guion ha escrito el siempre eficaz y todoterreno Fernando Navarro. Eso, aparte de describir con mucho salero cheli la época de marras, con suburbio venido a más a base de yonqui metadono, vasos de Duralex y cancionero de Héroes del Silencio (muy buena elección, porque ya se sabe que Bunbury canta como si asustase a los niños). Pero la palma se la lleva el casting, con veteranas como Ana Torrent y Leticia Dolera y, sobre todo, el debut de la zangolotina Sandra Escacena, que no gana para sustos y alaridos. Como diría algún vallekano de pro, lo que viene siendo un canguelo guapo pa visurearlo en pantalla tocha antes de ponerse gocho a guopers.

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Corre que te pillo

El cariacontecido reparto de "Baby Driver", uno de los pepinazos del verano

El cariacontecido reparto de «Baby Driver», uno de los pepinazos del verano

Aunque su nombre puede dejarnos más fríos que un polo de menta, Edgar Wright es uno de los cineastas más influyentes y seguidos de la actualidad. Un currículo con títulos como «Scott Pilgrim contra el mundo», «Arma fatal» y «Bienvenidos al fin del mundo» así lo acredita. Ahora, presenta su nuevo filme, «Baby Driver», que también ha sido recibido con altas dosis de expectativa y críticas por las nubes. Se trata de una comedia de acción, persecuciones y atracos que narra las andanzas de Baby (Ansel Elgort), un joven y talentoso conductor especializado en fugas, depende del ritmo de su banda sonora personal para ser el mejor en lo suyo. Cuando conoce a la chica de sus sueños (Lily James), Baby ve una oportunidad de abandonar su vida criminal y realizar una huida limpia. Pero después de ser forzado a trabajar para un jefe de una banda criminal (Kevin Spacey), deberá dar la cara cuando un golpe malogrado amenaza su vida, su amor y su libertad. Un buen reparto, completado por John Hamm y Jamie Foxx, y mucho estilo y ambición le dan caché a lo que puede ser la gran sorpresa del verano. A no ser, claro, que uno sea más bien rural y opte por el western ovejero y salmantino de «El pastor», un drama con tintes de tragedia que demuestra hasta dónde llega la codicia y la cabezonería cuando chocan cual meteoritos fuera de órbita.

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Parchís galáctico

Pues eso, válgame los "payos rangers", que diría un "gipsy king"

Pues eso, «válgame los payos rangers», que diría un «gipsy king»

Mucha ciencia-ficción, o ciencia-fricción, hoy en la cartelera. Títulos que, nos tememos, no renovarán el género, pero que al menos dan para unas horas de evasión palomitas en mano. Y nostalgia en la otra, como «Power Rangers», reboot (cómo no) de las casi míticas aventuras de cinco chavales que descubren que su modesto poblado de Angel Grove –y el resto del mundo por extensión– está al borde de la aniquilación por una amenaza alienígena, por lo que tendrán que formar una cuadrilla multicolor conocida como los Power Rangers antes de que sea demasiado tarde. Efectos especiales a tutiplén y la presencia de Bryan Cranston (que encarnó a uno de los cinco en la serie televisiva original) en un título juguetón, dejémoslo ahí. Y, en la otra esquina, «Life», nueva cinta de Daniel Espinosa («El invitado») alrededor de la peripecia de seis miembros de la tripulación de la Estación Espacial Internacional que están a punto de lograr uno de los descubrimientos más importantes en la historia humana: la primera evidencia de vida extraterrestre en Marte. Con Jake Gyllenhaal y Ryan Reynolds luciendo palmito. Redondeamos el trío con una española, «Órbita 9», con Clara Lago y Álex González derrochando química, física y gravedad cero en un thriller de supervivencia bastante curiosete. Lo dicho, que empiece la cuenta atrás y que el «cobete» elegido no explote.

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Vermú con cucaracha

La clientela de "El bar", preparada para ser engullida por el habitual "rodillo De la Iglesia"

La clientela de «El bar», preparada para ser engullida por el habitual «rodillo De la Iglesia»

Veintipocos años después de su cénit «El día de la bestia», el bueno de Álex de la Iglesia sigue dando vueltas a la misma rotonda para ver si de nuevo suena la flauta, o la corneta caprina. Da igual si mueve la cámara hacia un poblado western, una fiesta de Nochevieja (o dos), un aquelarre, unos grandes almacenes o el mismísimo Valle de los Caídos. Él, erre que erre. Y como casi lo consiguió con «La comunidad», pues allá va la variación sobre el mismo tema: un microcosmos desquiciado y desquiciante, caldo de cultivo para que florezcan como ácaros (esos títulos de crédito chunguetes) las miserias del ser humano y tal. Y eso es «El bar», la astracanada pirotécnica «patas arriba» de siempre marca de la casa, licor de garrafón por culpa también de lo de siempre: un guión que empieza resultón pero que se va desinflando poco a poco hasta llegar a un desenlace metido con calzador. La anécdota argumental reúne a un grupo de variopintos personajes en un bareto cutrón en la castiza plaza de los Mostenses regentado por Terele Pávez (sí, vuelve a hacer de mujerona esperpéntica y dominanta) y Secun de la Rosa (sí, vuelve a hacer de calzonazos buenazo y sumiso), y con clientes como Mario Casas (sí, vuelve a hacer de tontaina balbuceante) o Blanca Suárez (sí, vuelve a hacer de boba despampanante, sobre todo en la escena de la bajada a las alcantarillas, luciendo «tetamen» que da gusto, tipo Leonor Watling en «Los crímenes de Oxford», única pieza suelta del «universo» De la Iglesia). Si a esto le añadimos una cuarentena infecciosa, o lo que sea, en pleno centro de Madrid muy poco creíble, un vagabundo apocalíptico muy pesadito, muchas voces, histeria colectiva y tiros y una recta final subterránea que hace que añoremos tantísimo a la gloriosa imaginación de «La torre de los siete jorobados», pues ya tenemos mejunje reconvertido en una de las películas españolas más esperadas del año. Así está el patio, con o sin boicots. ¿Hace una mirinda nostálgica, por cierto?

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Robocop entre tinieblas

Primer round: demostrar si el menor de los Panero tenía oficio literario

Primer round: demostrar si el menor de los Panero tenía oficio literario

Si decimos que acaba de editarse uno de los libros más esperados del panorama cultural español de las últimas décadas quizá nos tachen de exagerado e hiperbólico. Pero, si lo analizamos fríamente, «Funerales vikingos/El desconcierto», la doble carta cifrada que ha puesto sobre el tapete Bartleby Editores, viene a saciar la curiosidad de todos los adoradores de dos películas de culto como «El desencanto» (1976) y «Después de tantos años» (1994) y, en especial, del espíritu burlón, achispado y socarrón que despuntó en ambas: Michi Panero, el menor de la saga tragicómica por excelencia de nuestras letras, el vago más currante y el borracho más lúcido que ha pasado y paseado por el bulevar de la calle Ibiza y el Palacio de Cristal de El Retiro durante el siglo XX. Oportunidad histórica, pues, para despejar la incógnita de las incógnitas: ¿era el «escritor sin obra» realmente escritor (al margen de sus geniales columnas en «El independiente» o «Diario 16» durante los 90)? Pues sí señorito: en el puñado de relatos y «textos dispersos» agrupado bajo el título de «Funerales vikingos» comprobamos su pegada literaria, delicada, contundente, insólita y con piel de bolsilibro pulp -trincheras guerreras, vaqueros y damiselas en apuros- pero con alma ilustrada de las de antes. Joya tras joya, Panero se abre en canal, como no podía ser de otra forma, en una danza de los cien velos y corazas (qué horterada, como él diría) que incluso cierra con el índice a sus memorias nunca escritas, «Confieso que he bebido». Ahí queda eso.

Segundo asalto: emocionante biografía y recuerdos imborrables por parte de Javier Mendoza

Segundo asalto: emocionante biografía y recuerdos imborrables por parte de Javier Mendoza

Pero no se vayan todavía porque aún hay más. Mucho más. La cara B del aquelarre, «El desconcierto. Memorias truncadas», una biografía sentimental (¿cuál no lo es?) fenomenalmente escrita con el corazón en un puño por Javier Mendoza, hijastro de nuestro héroe y custodio del tesoro de su producción literaria y vital, aunque fuesen los años de la cuesta abajo. Mendoza, viejo colega de fatigas en revistas como «Vanidad», «Cinemanía» y alguna otra cuyo nombre se ha borrado o erosionado, respira hondo y elabora una colección de recuerdos entrañables (la primera vez que le conoció, viendo «Robocop» -la historia de mi vida, según el salado Michi- en un cine de Fuencarral), conversaciones empapadas en vodka con limón, episodios rocambolescos y picarescos en el Festival de San Sebastián, amargos momentos de decadencia y autodestrucción y un epílogo de los de lágrimas saltarinas. Eso, y algún bonus track con las propias vivencias y experiencias infantiles del autor, el chico del labio partido. En fin, páginas muy pero que muy especiales para muchos descarriados, mitómanos, dipsómanos y sofocados por la «mala literatura» que nos inunda. Gracias por este doble oasis.

Los Panero, Michi y Leopoldo María, junto al director Ricardo Franco, de bolos con "Después de tantos años"

Los Panero, Michi y Leopoldo María, junto al director Ricardo Franco, de bolos con «Después de tantos años»

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Punto filipino

El mostacho de Tosar, apocalíptica trompeta del final de nuestro imperio

El mostacho de Tosar, apocalíptica trompeta del final de nuestro imperio

A lo tonto, ya se ha consumido casi todo el año cinematográfico y, antes de que el pescado esté vendido, aún queda alguna buena merluza que llevarse a la boca. Por ejemplo, en lo que respecta al cine español (al que no le ha ido tan mal, entre «Julieta», «Tarde para la ira», «Un monstruo viene a verme» y algunas cosillas más), «1898. Los últimos de Filipinas», una historia con mucha miga que venía pidiendo a gritos una revisión para quitarle la caspa facha de su primera versión allá por 1945. Y la verdad es que al novato director Salvador Calvo no le ha salido tan mal la cosa, principalmente por el tono antibelicista y amargo con que narra la tozuda y seguramente heroica resistencia de un puñado de soldaditos españoles en el culo del mundo filipino sin enterarse de que, en la poltrona de Madrid, los de siempre ya habían hecho el negocio de su vida y la guerra estaba más que terminada. Casi un año de asedio, hambre y hasta guerra psicológica (y sexual) sufrieron los pardillos, pero ya se sabe que, ante las órdenes de un mastuerzo con galones, a cuadrarse y a obedecer sin rechistar. El espíritu marcial, en fin. Muy bien ambientada en Tenerife (que lo mismo vale para un roto que para un descosido), más las espectaculares escenas iniciales en Guinea, y con un elenco de actores extraordinarios (Tosar, Fernández, Gutiérrez, Hipólito, Elejalde…), el filme es todo un recordatorio de que, en el fondo, luchar por la patria es como dar estacazos a las niebla: una gilipollez. Por cierto, quien quiera algo más ligerito, allá va la comedia «Villaviciosa de al lado», del ínclito Nacho G. Velilla («Perdiendo el norte»), y quien prefiera dibus de Disney, pues a fichar en «Vaiana» para contentar a los críos, que esos sí que son tenientes coroneles mandones, ¿a que sí?.

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So long, Marion

Pitt y Cotillard, pelando la pava con mucho estilo "old school"

Pitt y Cotillard, pelando la pava con mucho estilo «old school»

Llega uno de los títulos con más morbo del año: ya se sabe, el presunto responsable de la ruptura de «Bradgelina», esa pareja demasiado perfecta para no acabar como el rosario de la Aurora. Y es que, en «Aliados», Brad Pitt y Marion Cotillard vivieron algo más que una relación profesional estricta, según las malas lenguas. Así que, a escudriñar cada escena juntos con lupa se ha dicho. Aparte de esto, estamos ante un drama histórico y romanticón de los de antes, localizado en plena Segunda Guerra Mundial, con los cañonazos del corazón estallando más fuerte: Max (Pitt) es un espía del bando aliado que se enamora de Marianne (Cotillard), una compañera francesa, tras una peligrosa misión en el norte de África. La pareja comienza una relación amorosa hasta que a él le notifican que Marianne puede que sea una agente doble que trabaja para los nazis. El «melo» lo dirige Robert Zemeckis («Forrest Gump», «Naúfrago», «El vuelo»…), uno de esos artesanos del Hollywood más clásico y académico, así que la cosa promete. Aparte, también se estrenan títulos más o menos apetecibles como «La reina de España», continuación de «La niña de tus ojos» con mismo director (Fernando Trueba) y misma «niña» (Penélope Cruz), «The neon demon», lo nuevo y fashion del director de la gran «Drive», «Pastoral americana», ambiciosa ópera prima de Ewan McGregor, o «Gimme Danger», documental del gran Jim Jarmusch sobre el no menos zascandil Iggy Pop. Hasta cae una de Albert Serra sobre Luis XIV, para los que les guste el rock realmente duro. En fin, mucha variedad. Que aproveche.

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Aterriza como puedas

Clint y Tom, departiendo sobre el dutyfree de los aeropuertos

Clint y Tom, seguramente departiendo sobre si votar a Hillary o a Trump

Podrá ser un poco facha y un poco rancio, pero una cosa está clara: Clint Eastwood sigue siendo el rey. Encima, currante como pocos: a sus 86 castañas continúa en la brecha con un ritmo de estrenos solo igualado por «jovencitos» como Woody Allen o Spielberg. Ahora presenta su último drama, «Sully», biopic de Chesley «Sully» Sullenberger, aquel piloto comercial que en 2009 se convirtió en un héroe cuando, al poco de despegar, su avión se averió y el comandante logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo. Una historia de las que le gustan al viejo maestro, repleta de heroísmo, épica, hombretones nobles y recios y escenas de acción espectaculares y con fundamento. Encima, con el protagonismo de Tom Hanks, aunque lleve un tinte de pelo que ya quisiera Guti, o «Cañete». Aparte, en la parrilla de novedades del día destacamos «100 metros», una española de sana superación personal (no, no es de ciencia-ficción) protagonizada por el tándem más exitoso de los últimos años: Dani Rovira y Karra Elejalde. A aprovechar el tirón mientras dure, muchachos. Y, para quien aún tenga mono de cine de terror, allá va «Blair Witch», tardía secuela (aunque ya hubo una de consumo rápido e instantáneo, «El libro de las sombras», o algo parecido) de la afamada «El proyecto de la bruja de Blair» que marcó un antes y un después en el género hace unos quince años, aunque personalmente siempre me pareció un tocomocho de troche y moche. Y, de remate, en pleno auge de documentales sobre ídolos del pop-rock más o menos de culto, uno sobre Frank Zappa (ese señor de bigotazo y que publicaba discos seudoexperimentales como churros) llamado «Eat that question». Pues eso, en la variedad está el gusto.

Goblum y el cuñado de la Pataki, acongojaditos viendo lo que se les viene encima

Godblum y el cuñado de la Pataki, acongojaditos viendo lo que se les viene encima

PD. Para los adictos a las palomitas sin conservantes ni colorantes, nada mejor que plantarse en el sofá sin complejos para ver «Independence Day: Contraataque», flamante estreno DVD donde, como recordaremos, veinte años después de que los misteriosos alienígenas casi acabasen con la humanidad, vuelven a la Tierra para vengarse y poner las cosas en su sitio. Roland Emmerich (“El día de mañana”, “2012”), especialista en catastrofismos variados, vuelve a ponerse al frente de un proyecto repleto de efectos especiales y un casting que retoma al personaje del carismático científico David Levinson, encarnado por un Jeff Goldblum con cara de catedrático de lenguas muertas. Le acompañan Liam Hemsworth y Jesse T. Usher junto con los favoritos de los fans de la primera película, Bill Pullman y Brent Spiner. Falta Will Smith, pero no se puede tener todo. Lo que sí tiene prácticamente de todo es la edición del DVD, con jugosos extras como escenas eliminadas, audiocomentarios del director, tomas falsas y tráiler de cine. Por su parte, la edición en Blu-ray, Blu-ray 3D, Steelbook y UHD cuenta con todo ello más un interesante documental-making of llamado “Otro día”, que nos cuenta los pormenores y detalles de una producción que se ha convertido en fenómeno taquillero del pasado verano en las pantallas grandes de todo el mundo.

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Peculiaridades

Ojo, niños sueltos (y cineastas despeinados y regomeyos)

Ojo, niños sueltos (y cineastas despeinados y regomeyos)

Tim Burton sigue siendo uno de los nuestros, a pesar de que últimamente anda algo despistado, con rolletes mix como «Big Eyes» o «Sombras tenebrosas». Pero, qué vamos a hacer, aún vive de las rentas de joyas como «Ed Wood», «Mars attack», «Eduardo Manostijeras» o «Big Fish», así que le seguiremos el rastro un poco más, al menos hasta que nos despache la secuela de «Bitelchús». Ahora vuelve a sus tole-toles góticos y negroides con «El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares», una fábula rarita basada en la novela de Ransom Riggs que cuenta la historia de una horrible tragedia familiar que deja a Jacob, de 16 años, viajando por la costa de Gales, donde descubre las ruinas del hogar para niños «curiositos» de Miss Peregrine. Mientras Jacob explora los abandonados cuartos y pasillos, se da cuenta que los críos que allí vivieron (uno de los cuales fue su propio abuelo) eran algo fuera de lo habitual: pueden haber sido puestos en cuarentena en una isla desierta por tener bastante peligro. Y, de algún modo, (imposible, al parecer) pueden estar aún con vida. Un buen reparto, encabezado por Eva Green, Judi Dench, Samuel L. Jackson (que pega en el universo burtoniano como un dodo en un circuito de Fórmula 1) y el veterano Terence Stamp le añade quilates a este cuento de hadas tullidas patrocinadas por nuestro Chico Ostra preferido. Aunque, para peculiaridades y marcianadas, «El tiempo de los monstruos», extraño y a veces sugerente ejercicio de «meta-cine» unamuniano por parte de Félix Sabroso con el que homenajea a su desaparecida compañera del alma, Dunia Ayaso. Un cineasta en busca de su reparto imposible y ciertos guiños a Buñuel y Wes Anderson completan un filme insólito en el último cine español, encima con un reparto de campanillas (Javier Cámara, Carmen Machi, Julián López…). Pues eso, larga vida a la parada (y fonda) de los monstruos.

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Hijos de la ira

Mel Gibson, de padre y muy señor mío

Mel Gibson, de padre y muy señor mío

Viernes de estrenos con la vena del pescuezo más dura que el rotulador de un bingo. Ojo al duelo de tipos duros que se avecina: en una esquina, el mismísimo Mel Gibson con «Blood Father», un thriller a cara de pitbull que cuenta la historia de Lydia, una joven de 16 años acusada de haber robado una fortuna a un cartel, pero en realidad es una trampa fraguada por su novio traficante. La chica tiene que escapar con el único aliado que tiene en el mundo: su padre, John Link (Gibson, naturalmente), un eterno fracasado, antiguo motero rebelde y ex presidiario, que se verá en la obligación de vincularse nuevamente con un pasado del que huía para poder salvarla a ella. Qué vamos a hacer, aunque tío Mel sea un facha austral, un mastuerzo entrañable y un (ex)borrachín, nos sigue molando. Y, en la otra esquina, Antonio de la Torre, que tampoco es manco, en la ópera prima de Raúl Arévalo, «Tarde para la ira», un puñetazo en la base del estómago a base de venganzas enquistadas, cuerda de presos, tipos con la mirada cruzada y mucha clase de viejo y poderoso cine negro a la europea. Tal vez, el rookie del año para el cine español. Menos mal que, con tanta testosterona, tenemos a «El Principito» para desengrasar gracias a su delicada y preciosa animación que hace justicia a uno de los relatos más mágicos e imaginativos habidos y por haber.

¡Que viva Saint-Exupery!

¡Que viva Saint-Exupery!

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