Capitán Calzoncillos: su primer peliculón

He aquí la nueva propuesta animada de DreamWorks, creadores de "Shrek" y "Madagascar"

He aquí la nueva propuesta animada de DreamWorks, creadores de «Shrek» y «Madagascar»

Hace ya bastante de aquella época en la que el ritmo del cine de animación lo marcaba un nuevo estreno Disney. El paso del tiempo abrió el espacio a las 3D y ahí entró con fuerza inusitada Pixar. Y tras ella vinieron otras compañías para elevar el género con originalidad y calidad, como DreamWorks. El caso de este estudio -titular de «Shrek», «Kung Fu Panda» y «Madagascar»- es paradigmático en cuanto ha buscado siempre la libertad creativa en sus películas. Por eso no es de extrañar que fijara objetivo en la cómica serie de libros «Capitán Calzoncillos», una parodia del universo de los superhéroes desde la imaginación de los niños.

«Capitán Calzoncillos: su primer peliculón» cuenta con ingredientes de sobra para que los chavales se lo pasen bomba durante hora y media con el buen rollo de sus protagonistas. Igualmente el adulto compartirá carcajadas y disfrutará entre líneas, seguida de una sonrisa amplia, de agudos diálogos con carga de profundidad. En el trasfondo de la historia, dos inseparables amigos que evaden la estricta disciplina del colegio a base de gamberradas y a través del superhéroe creado por ellos en la páginas de un cómic que luego cobra increíble realidad; hay una crítica velada a un sistema educativo antiguo y obsoleto. La puesta en solfa del método de enseñanza basado en la memorización y en una letanía de repetición infinita contrasta (por ausencia) con una visión moderna y lúdica de aprender divirtiéndose, con la que no podemos estar más de acuerdo. Añadido al tirón de orejas, se pone en valor la iniciativa y el espíritu creativo del alumno representados en las figuras de Jorge y Berto, los «piezas» de la descacharrante aventura.

La parodia de universo de los superhéroes es la clave de esta comedia para todos los públicos

La parodia de universo de los superhéroes es la clave de esta comedia para todos los públicos

No obstante el filme es fundamentalmente una locura animada, salpicada de gags -algunos escatológicos, ya habituales para «contentar» a la parroquia infantil- y rebosante de ritmo. Sin duda hipnotizar al severo y despiadado director del colegio y convertirlo en el Capitán Calzoncillos es el gran centro de la diversión. Con un simple chasquido de dedos su amenazadora verborrea se convertirá en el «¡¡Tata-Tacháaaan!!» (grito de guerra) del descabellado superhéroe y la situación dará un giro de 360 grados trufado de momentos geniales; y viceversa, cuando rociándolo de agua el personaje vuelve a la normalidad de su despreciable y auténtica existencia. El juego de doble personalidad antitética funciona de forma eficaz en un argumento de desmadre en barrena, alcanzando su grado máximo con la aparición en escena del profesor acomplejado Pipicaca, un Mad Doctor clásico, empeñado en eliminar del cerebro humano el sentido del humor. Ni que decir que el malvado plan será de imposible ejecución teniendo enfrente a dos «cachondos» XXL como Jorge y Berto, por otro lado encarnación de una inquebrantable amistad exaltada durante todo el metraje.

Es de agradecer al responsable del show, David Soren, el respeto a la esencia de la materia prima. El director nos obsequia con varios tipos de animación, 2D, fliporamas (ilustraciones en páginas consecutivas que generan sensación de movimiento) y 3D, para trasladarnos al origen literario de Capitán Calzoncillos de forma alternativa y brillante. Una mezcla de técnicas que arropan a una comedia familiar donde resalta la alegría de ese niño libre en imaginar lo inimaginable en la casa de un árbol o para hacer travesuras capaces de romper con el aburrimiento establecido por los adultos.

Texto: José María Fillol

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Hijos de la ira

Mel Gibson, de padre y muy señor mío

Mel Gibson, de padre y muy señor mío

Viernes de estrenos con la vena del pescuezo más dura que el rotulador de un bingo. Ojo al duelo de tipos duros que se avecina: en una esquina, el mismísimo Mel Gibson con «Blood Father», un thriller a cara de pitbull que cuenta la historia de Lydia, una joven de 16 años acusada de haber robado una fortuna a un cartel, pero en realidad es una trampa fraguada por su novio traficante. La chica tiene que escapar con el único aliado que tiene en el mundo: su padre, John Link (Gibson, naturalmente), un eterno fracasado, antiguo motero rebelde y ex presidiario, que se verá en la obligación de vincularse nuevamente con un pasado del que huía para poder salvarla a ella. Qué vamos a hacer, aunque tío Mel sea un facha austral, un mastuerzo entrañable y un (ex)borrachín, nos sigue molando. Y, en la otra esquina, Antonio de la Torre, que tampoco es manco, en la ópera prima de Raúl Arévalo, «Tarde para la ira», un puñetazo en la base del estómago a base de venganzas enquistadas, cuerda de presos, tipos con la mirada cruzada y mucha clase de viejo y poderoso cine negro a la europea. Tal vez, el rookie del año para el cine español. Menos mal que, con tanta testosterona, tenemos a «El Principito» para desengrasar gracias a su delicada y preciosa animación que hace justicia a uno de los relatos más mágicos e imaginativos habidos y por haber.

¡Que viva Saint-Exupery!

¡Que viva Saint-Exupery!

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Cabreados

Hasta los huevos de pajaritos, con perdón

Hasta los huevos de pajaritos, con perdón

Los pájaros, se entiende. O tal vez nosotros, pobrecitos cinéfilos, al ver cómo la cartelera de mayo planea a niveles casi subterráneos. Y eso que 2016 empezó fenomenal, pero llevamos una racha fina filipina, que no parece mejorar en lo que queda de «caloret». Qué vamos a hacer. Así que, nada, a recomendar por imperativo jugón «Angry Birds», basada en la celebérrima saga ludópata, redefinida por una historia que se desarrolla en una isla poblada enteramente por aves felices que no vuelan, o al menos por causas naturales. En este paraíso, Red, un pájaro con problemas de mal genio, el veloz Chuck y el volátil Bomb nunca han terminado de encajar. Pero, cuando la isla recibe la visita de unos misteriosos cerdos verdes, tendrán que ser estos insólitos marginados los que descubran qué traman esos cerdos. Animación made in Sony, espídica y alocada, dirigida por un par de novatos y con famosetes patrios prestando sus voces para atraer al público de aquí. Aunque ojo porque también tenemos una de susto y disgusto etiqueta negra: «La bruja», un filme también firmado por un debutante pero que ha sido calificado como una de las mejores películas de terror de los últimos años (tampoco es que sea para tanto, pero ya se sabe que, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey del mambo). Ambientación cuidadosa, atmósfera malsana y hechos reales e históricos para echar leña al fuego. Por cierto, hablando de cine y videojuegos, ojo al primer tráiler de «Assassin’s Creed», peliculón navideño que esperamos como agua de mayo y que, desde luego, se avecina como un punto y aparte en este género híbrido que no acaba de definir su naturaleza, filosofía y lenguaje propios. Paciencia, que Roma no se construyó en una noche, aunque el acueducto de Segovia sí…:

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Japonismos

El precioso cartel original de "El recuerdo de Marnie"

El precioso cartel original de «El recuerdo de Marnie»

Ya se sabe que aquí somos muy fans de la animación japonesa, o de la animación en general. Así que hoy estamos de enhorabuena porque se estrenan no una sino dos perlas de la factoría Ghibli: «El recuerdo de Marnie» y «El cuento de la princesa Kaguya». Dos maravillas que, además de condensar toda la emoción, talento y arte puro de las últimas obras maestras de la casa, fueron merecedoras de sendas nominaciones al Oscar como mejor filme de animación (con Disney/Pixar hemos topado). Historias sencillas pero con la emoción a flor de piel, fábulas milenarias maceradas amorosamente y esa sensibilidad especial con la naturaleza marca de la casa y que ya se pudo apreciar en maravillas como «Ponyo en el acantilado». Y, por supuesto, una técnica de animación exquisita, casi celestial, sin ápice de mercantilismo robótico. Así que, ya se sabe: a cazarlas con hilo de seda se ha dicho. Pero no todo es fino encaje de bolillos a la japonesa: Hollywood también tiene dispuesta su batería de blockbusters caiga quien caiga. Por ejemplo, el terror de autor con monstruo de fondo de «Calle Cloverfield 10», la gansada pura y dura de «Agente contrainteligente» con Sacha Baron Cohen en su salsa, o el thriller psicológico y maquiavélico de «El regalo», un caramelito envenenado que mueve a desconfiar de los viejos amigos perdidos de la infancia, por mucho que  les rastreemos en Facebook por si tienen más arrugas y más deudas que nosotros. De casa son las humoradas de Berto y Buenafuente en la paleta (en el buen sentido, supongo) «El pregón», con ese humor inteligente y destripaterrones tan típico de la alta comedia. Pues eso, que hay donde elegir.

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Delicias turcas

Las cinco gracias de "Mustang", huyendo del ogro con bigote

Las cinco gracias de «Mustang», huyendo del ogro con bigote

Hoy llega a la cartelera una de las sorpresas más agradables del cine europeo de los últimos años: «Mustang», una delicia turco-francesa dirigida por el primerizo Deniz Gamze Ergüven y protagonizada por un quinteto de muchachas a las que habrá que seguir muy de cerca los próximos años. Un drama con una estética que puede recordar a «Las vírgenes suicidas» pero con un fondo argumental más parecido a «La casa de Bernarda Alba», ya que se trata nada menos que del encierro doméstico de las sobrinas de un gañán a la vieja usanza para que no se acerquen a ningún mozo en edad de merecer y no cunda el escándalo por el pueblo. Un drama con toques de comedia (algunas escenas son de traca, como la huida a un partido de fútbol solo para chicas como las corridas de Jesulín, con perdón), aunque también con momentos de tragedia, y con una sensibilidad por momentos a flor de piel con olor a salitre mediterráneo. Un filme que se quedó a las puertas del Óscar a la mejor película de habla no inglesa, pero que cazó unos cuantos premios César la mar de merecidos. Además, aún reciente el Día de la Mujer, filmes como estos abren los ojos sobre lo cavernícola de algunos usos y costumbre como el matrimonio concertado a las bravas en países que están apenas a dos horas y pico de avión. Y, por si alguien prefiere una dieta más ligera, recordar que también se estrenan sendas terceras entregas: de la saga «Divergente», llamada «Leal», y de «Kung Fu Panda». La elección, a gusto del consumidor, aunque servidor lo tendría claro.

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Pájaros de cuenta

"Angry Birds": volando voy a la gran pantalla

«Angry Birds»: volando voy a la gran pantalla

Que «Angry Birds» es uno de los fenómenos videojugones más contundentes y exitosos de los últimos tiempos no es ningún misterio (aunque sí podría serlo considerar su nacionalidad finlandesa, el país de Kaurismaki y los lanzadores de jabalina). Pero a todo pájaro le llega su San Martín (o como se llame), en este caso con el patinazo que supuso «Angry Birds 2», su secuela «oficial» -aunque han seguido picoteando en multitud de jueguecillos, spin-offs y pachanguitas homenaje, sin ir más lejos ayer en San Valentín-. Pero también tenemos el canto del cisne, hablando de plumas, que no es otro que la película de animación (claro) basada en las correrías de tan simpáticos personajes. Una cinta protegida bajo el ala de Sony Pictures (cuya división cartoon ha auspiciado obras tan interesantes como «Lluvia de albóndigas» y que nos presenta a Red, Chuck y Bomb revoloteando por su isla avícola, en una existencia idílica que se ve interrumpida por unos misteriosos cerdos verdes. Nada que no sepamos, ya, pero con el plus de calidad otorgado por el séptimo arte, empezando por una pléyade de estrellas de Hollywood poniendo sus voces a unos animalillos de lo más heterodoxos (como no sabemos si se distribuirá en VO, tampoco ponemos los dientes largos al personal). El estreno está previsto para mediados de mayo, y aquí va su nuevo tráiler recién salido del horno. Queremos tanto a estos pajarillos…

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Yayochungos 2

Hasta Abbott y Costello se enorgullecerían de esta pandilla

Hasta Abbott y Costello se enorgullecerían de esta pandilla

Podría decirse que «Hotel Transilvania 2» gana enteros y respetos sometiéndola a sendas pruebas del algodón comparativas: respecto a su filme antecesor (un slapstick indoor muy a lo Scooby-Doo) y respecto a sus filmes de género coetáneos, como la tramposilla «Regresión» y, sobre todo, la hueca «La visita«, con la que guarda no pocos puntos de conexión. Principalmente uno: el peligro intrínseco de tomar a los abuelos equivocados como educadores. Ya no solo hay demasiados padres -véase «La cabeza alta»– sino demasiados abuelitos tergiversando la función natural de su especie, que no es otra que maleducar a la criatura. Maleducar, no educar, a ver si no enteramos, viejunos. En este caso, el yayochungo es el mismísimo Drácula, que temerosa ante la nula presencia de colmillos en la boquita de su nieto medio humano de casi cinco años, le somete a un «aprendizaje forzoso» en los fundamentos de su especie. Un tour sobrenatural y disfuncional, acompañado de su tropa (que recuerda a los freaks de «Buenas noches, señor monstruo») que presenta momentos hilarantes de comedia terrorífica -ese campamento de draculines, esa mascota blandiblú- y la constancia de que, posiblemente, estemos ante la comedia de animación de la temporada («Del revés» es otra cosa). Pero, además, «Hotel Transilvania 2» tiene otros atractivos en la manga: un retrato certero de una familia de humanos burgueses más zombis que los de verdad, un tramo final gótico y alocado, detallitos emocionantes (imaginarse por un segundo a nuestra hija como si fuera un bebé el día de su boda), numerosos guiños a clásicos del género (ojo al punterazo a Coppola y su «Drácula» con laca) y hasta un doblaje al castellano con mucha miga, principalmente por la presencia de Arturo Fernández (enorme villano en «El crack 2», recordemos) poniendo acento chatín al mismísmo padre de Drácula, en un dramático giro de los acontecimientos. Hasta un tipo con talento tan limitado como Santiago Segura lo clava con el acento rumano-carabancheli. Y lo mismo se puede decir de su amiguete Adam Sandler, que firma el guión y maquina entre bambalinas. A veces hasta el más tonto hace relojes (y lo decimos por Sandler, que si no el otro se mosquea y enfurruña por nada). Lo dicho, una buena secuela que calienta motores para Halloween y la mejor oferta de estreno del día, a pesar de otras más publicitadas, como la pirotécnica «Mi gran noche» (personalmente, me quedo con su tocaya «Big Night», del gran Stanley Tucci; rescátenla si pueden).

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Petromortadelos

Hacer animación en España no siempre es llorar

Hacer animación en España no siempre es llorar

A veces, solo en rarísimas ocasiones, el espectador tiene la sensación de que han hecho una película exclusivamente para él, como el concierto que ha dado hace poco Dylan para un único fan o los bailes privados de alguna lumi en «GTA V». Si quien me lee (si es que me lee alguien) pertenece a la generación de los 70-80, que no es ni mejor ni peor que todas las anteriores y posteriores, tendrá ese pálpito al ver «Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo». Una película que convierte la pantalla en un pop-up burbujeante, de puro festivo y estallido, a imagen y semejanza de los gloriosos ingenios que Ibáñez parió mientras trabajaba en esa oficina siniestra (como se muestra en «El gran Vázquez») que fue Editorial Bruguera. Todo esto ya lo experimentamos hace más de una década de la mano del mismo director de orquesta, Javier Fesser, que tuvo el insólito acierto de inventarse el cine-tebeo en carne y hueso, de forma mucho más locuela y perfecta que otros intentos anteriores («Astérix y Obélix») y posteriores («Zipi y Zape y el club de la canica»).

Bacterio y el Súper (por poco el de "Gran Hermano"), secundarios de lujo en la nueva aventura de las calamidades calvas por excelencia (no nos referimos a Montoro y Wert)

Bacterio y el Súper (por poco el de «Gran Hermano»), secundarios de lujo en la nueva aventura de las calamidades calvas por excelencia (no nos referimos a Montoro y Wert)

Pero es que este nuevo mortadelo de Fesser es de animación, ese género que nunca ha acabado de arrancar en España, a pesar de intentos dignos («Nocturna», «Los Reyes Magos», «Chico y Rita», «El lince perdido») y otros ambiciosos experimentos con gaseosa («Donkey Xote», «Planet 51», «Justin y la espada del valor»). Pero esta película es un punto y aparte, tanto en la técnica (impresionante 3D) como en el uso de los recursos cartoon para la cachondada fina: ese arranque con Filemón-James Bond, ese cuartel general urbanita, esa caja fuerte con candado (puro Fesser de «El secleto de la tlompeta» y «P. Tinto»), ese malo gorilero cabeza de chorlito, ese Jimmy argentino y palindrómico, esos guiños televisivos, ese gran doblaje de Karra Elejalde, ese «el aquello»… Un auténtico festín cómplice donde, desde luego, hay que estar por la labor de compartir sus gags y paridas benditas. Pero, si se encaja en el juego, el viaje en montaña rusa marca ACME es de lo mejor del año.

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Hasta siempre, genio

El maestro se despide por todo lo alto, aunque sin Oscar (dichoso "Frozen")

El maestro se despide por todo lo alto, aunque sin Oscar (dichoso «Frozen»)

Una de las personas que más feliz me ha hecho en un cine es Hayao Miyazaki. Solo por contemplar la cara de felicidad que puso mi hija cuando vio a los cuatro o cinco años «Ponyo en el acantilado» este señor japonés ya está en mi altar particular. Pero, por supuesto, el genio da para muchísimo más: la bizarrería retrofuturista de «El castillo ambulante», la magia de cuento de brujas carrolliano de «El viaje de Chihiro», la fabulación poética de «Totoro», la maestría guerrera de «La princesa Mononoke», el ecologismo fantástico de «Nausicaä»… Ahora llega su filme de despedida, «El viento se levanta», un compendio de su arte inmortal e inalcanzable, que también es un bello homenaje a la aeronáutica (otra de sus claves) y una postal autobiográfica impagable. Una maravilla para sentarse en una butaca cómoda y dejarse deslumbrar y hechizar durante dos horas y pico por una forma de hacer cine (no solo animado) prácticamente extinguido. Misión cumplida, maestro, y feliz y merecido descanso. Por supuesto, este es el estreno más destacado de la semana, pero aún hay algunos más de propina:

“La vida inesperada”. Elvira Lindo pone la firma guionista a esta historia de un par de buscavidas soñadores que, en vez de contra molinos de viento, luchan a garrotazos contra los rascacielos neoyorquinos. Una «dramedia» bien aliñada, con Javier Cámara y Raúl Arévalo en racha, y melodía emocional de Gershwin, que siempre facilita la digestión. ★★★

Dos primos algo primos, de marcha por Nueva York (queda mejor de lo que suena)

Dos primos algo primos, de marcha por Nueva York (queda mejor de lo que suena)

“Pompeya”. Entre «Resident evil» y «Resident evil», Paul W.S. Anderson coge el libro de historia y se marca un peplum catastrofista, subgénero siempre con tirón (véase «Noé»). Aquí, no se anda por las ramas y echa mano del 3D ceniciento, que al menos afina mejor que en sus anteriores correrías zombis. Para entretener y olvidar. ★★

“Brick mansions”. Siempre quedará la duda de si esta película se habría estrenado (con cierto bombo publicitario, además) si Paul Walker no hubiese muerto. Porque este remake de «Distrito 13» con el irregular sello de «producciones Luc Besson» es una de acción urbana de tantas, con el «atractivo» de un Detroit con tipos casi tan duros como los clientes de «Empeños a lo bestia». ★★

“Matterhorn”. De propina, una fricada con pedrigrí: la extraña y a veces ojiplática historia de una extraña pareja formada por un viudo calvinista y un pobre diablo con cerebro de mosquito al que acoge por misericordia (en un principio). Insólita vuelta de tuerca a «Pigmalión» y a «Tamaño natural» que aquí diseccionamos con bisturí más fino y hasta finolis. ★★★

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Lego al cuadrado

Más estrellas que en el cielo tienen el juego y la peli de Lego

Más estrellas que en el cielo tienen el juego y la peli de Lego

Hoy es un día redondo para los fans de Lego, que desde luego son legión: tenemos peli y videojuego de una tacada. Tanto monta, monta tanto. Todo, vertebrado en «The Lego movie», una verbena animada de muchos quilates, con un argumento y definición que no tienen nada que envidiar al Pixar de los mejores tiempos y una nómina de superhéroes que sería la envidia de las películas de carne y hueso. Una esperada y agradable sorpresa, que está cosechando unas críticas fabulosas, y que desde ya se perfila como favorita como mejor filme cartoon de un año repleto de secuelas y adaptaciones algo pilladas con alfileres. Desde luego, la mejor oferta cinéfila de la semana, junto con la espléndida «Nebraska», road-movie humana y humanista (e incuso algo humanitaria) de Alexander Payne («Entre copas», «Los descendientes») con un maravilloso y crepuscular Bruce Dern como un viejo que bien podría ser el compañero de barra de James Coburn en «Aflicción», aunque luego la imagen se vuelve más borrosa, más triste, más verdadera.

Lego sigue mostrando su excelencia gráfica y su ingeniosa imaginación en un videojuego "bigger than life"

Lego sigue mostrando su excelencia gráfica y su ingeniosa imaginación en un videojuego «bigger than life»

Y, por otro, tenemos su versión multiconsolera, que nos invita a entrar con más generosidad y hasta la cocina en el mágico mundo del prota Emmet, un ciudadano medio, formal y algo gris cuya vida da un vuelco al ser confundido con una de las personas más extraordinarias del mundo y la clave para salvar al mundo. Así, los jugadores deberemos guiarle en una épica aventura, repleta del sentido del humor característico en la franquicia, para detener a un malvado tirano, un viaje para el que Emmet no está preparado. Ya sabemos lo bien que se las gasta Lego con los superhéoes, pero aquí tira la casa por la ventana con más de 90 personajes diferentes que también aparecen en la película, incluyendo a Batman, Superman y Gandalf (aunque también asoman cameos tan estratosféricos como Cleopatra o Shakespeare) en más de 15 niveles y mundos como Ladriburgo, La Nube Cucolandia o muchos más, espléndidamente diseñados donde, además, podremos construir casi todo lo imaginable gracias a las páginas de instrucciones a recolectar y coleccionar y la ayuda de los Maestros Constructores.

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Todo ello, con una nueva filosofía de la animación visual y un movimiento insólito en su género, y que brilla tanto en las consolas «clásicas» como en la PS3 y Xbox One, donde sale dentro de un par de semanas. Y es que este título es un gran compendio del presente y pasado de la casa, arrancando en la época de las cajas (más bien cofres) repletos de piezas mágicas y paneles donde, en la dulce infancia, construíamos desde chalés adosados con abeto y valla hasta parques de bomberos o carros de combates. De hecho, en los primeros compases del juego guiaremos a una cuadrilla de trabajadores de la construcción (¿quién dijo crisis inmobiliaria?) para destruir y levantar diferentes estructuras eligiendo los bloques exactos, como toda la vida. Un bello flashback y autohomenaje que da paso al concepto de «ciudad viva» y casi de estampa de Norman Rockwell que Lego fue creando al cabo del tiempo, para luego seguir con esa épica historia de ciencia-ficción y personajes de cómic y celuloide que marca su despegue definitivo en el ocio electrónico. En fin, un videojuego muy especial para los adoradores de la fábrica de sueños enladrillados, parte esencial de la cultura popular de los últimos decenios.

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