Superñoño

¿Riña de gatas? Mejor me voy a hacer un supercrucigrama

¿Riña de gatas? Mejor me voy a hacer un supercrucigrama

Solo Dios y mi vídeo Betamax (que en paz descanse) saben las decenas y decenas de veces que pude ver «Superman» de chiquillo. Pero el «Superman» fetén, el de Marlon Brando con peluca de galán maduro mexicano y el pobre Christopher Reeve mareando locamente al planeta para que el tiempo retrocediera y pudiera salvar a Lois Lane de ser engullida por la Falla de San Andrés (la de cosas que se solucionarían con ese «rewind» galáctico). Incluso las dos siguientes secuelas tenían sus grandes momentos (las cataratas del Niágara, el Supermán chungo, los tres supervillanos de Krypton con el regio Terence Stamp al frente, incluso Richard Pryor haciendo el ganso era admisible), aunque durante años me resistí a ver la bochornosa cuarta entrega para no apuñalar en las costillas flotantes a uno de mis mejores recuerdos infantiles (pero lo mejor es que hasta hay NOVELIZACIÓN de «Superman IV», madre del amor hermoso). Lamentando que el «Superman Lives» de Tim Burton y Nicolas Cage se quedara para siempre en el limbo, llegó «Superman Returns», que me dejó más frío que un sorbete de pera en la Fortaleza de la Soledad, aunque Kevin Spacey como Lex Luthor tenía su aquel. Pero, como fue un fracaso en taquilla, la Warner ha aplicado F5 a su segunda gran franquicia superheroica (tras «Batman», claro) y ha vuelto a empezar con la historia de siempre (el bebé espacial, Smallville, Metropolis, volare, oh, oh….) pero, eso sí, con variantes y ese toque Nolan que está convirtiendo en un funeral «épico» lo que siempre fue una alegría para los ojos de un niño (y no tan niño): leer un tebeo con tipos extravagantes repletos de superpoderes.

Crowe y su sermones post-mortem con acento inglés

Crowe y su sermones post-mortem con acento inglés

Desde el principio hay cosas que no encajan en «El hombre de acero» (mejor con minúsculas). Ese arranque que parece salido de un matamarcianos japonés de los 80-90 línea «R-Type», la presentación del personaje, con la estética y la ética más propia de Lobezno, cómo y dónde encuentra a Lois Lane (quien recuerde a Amy Adams en «The Master» le pueden empezar a sangrar los ojos), Jor-El convertido en un Amo del Calabozo bastante pesadito… Y, hablando de pesadeces, las tres refriegas principales se hacen un pelín, o un mechón, farragosas: no tanto la primera, con aires de western en Smallville, pero algo más la segunda (que me hizo recordar la ínclita «Battleship», oh, Lord) y bastante la tercera cara a cara contra Zod, a quien da vida un esforzado Michael Shannon que, desde luego, explora mucho mejor su lado oscuro en la enorme «Boardwalk Empire» (suponemos que Luthor saldrá en la secuela, porque ésta ya es un éxito antes de su estreno, por conceptos publicitarios y apriorísticos que merecerían un ensayo aparte sobre las necesidades y motivaciones de Hollywood). Luego hay otros detalles propios del que asó la manteca, como el hecho de que sea ¡un cura! quien le da la palmadita a Kent para que se entregue y no se fíe ni un pelo de Zod (que menudo peinadito se gasta, por cierto). Si a esto le añadimos algunas escenas granjeras bucólicas y seudometafísicas… ¿no estaría Terrence Malick dejando de estrangis algún post-it en el guión? Porque el mesianismo, por no decir otra cosa más fuerte, del personaje se remonta a tiempos inmemoriales, ojo.

Con los escalofríos que dabas en "Boardwalk Empire"...

Con los escalofríos que dabas en «Boardwalk Empire»…

Una cosa más: por encima de toda la parafernalia, destrozo y espectáculo que se le supone al género como el valor al soldado, lo que realmente permanece en el imaginario colectivo del espectador medio (no geek) en este tipo de películas es el lado humano y hasta romántico del titán. Pruebas: el beso boca abajo de «Spider-Man», el tonteo de Downey Jr. con la Paltrow en «Ironman» y, sobre todo, ese maravilloso vuelo turístico nocturno de «Superman» (1978, claro) con los acordes de John Williams (convertido merecidamente en un estándar jazzístico a los pocos años; por cierto, qué banda sonora más tonta se ha marcado aquí Hans Zimmer, más un tal Junkie XL). Pues, en esta ocasión, nada de nada. Cero de química. Algo lógico si se tiene en cuenta que Henry Cavill será muy mono y cuadrao, pero como actor aún está al nivel de Liberto Rabal, con perdón del nieto del gran Paco.

Superñoño, quedándose traspuesto en la sesión de las 16:00

Superñoño, quedándose traspuesto en la sesión de las 16:00

Resumiendo: una película decepcionante (los friquis están que trinan), con un protagonista que ratos parece el Superñoño de «La hora chanante», una dirección tortuosa y atorrante de Zack Snyder (nos lo temíamos tras las enladrilladas «300» y «Watchmen») y que ni siquiera respeta la mitología dual de Kent-Superman (que tanto fascinaba a Tarantino en «Kill Bill 2») ya que, en cuestión de mascaradas, empieza la casa por el tejado, y no queremos desvelar más. Hace mucho tiempo que no me dormía en una película (creo que desde «El niño de Mâcon», de Greenaway, échale bemoles), y aquí he estado a esto de dar una cabezada. Esperemos que en la secuela la cosa se anime aunque, si sigue habiendo negocio antes de estrenarla, ¿para qué cambiar el chip? Ah, y menos mal que no la he visto en 3D, porque no tenía aspirinas a mano.

PD. Todas las comparaciones son odiosas, pero algunas menos que otras. Así que, por si alguien no se acuerda, este es uno de los peores videjuegos de todos los tiempos: «Superman 64». Enjoy.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=Ur25KP061PE[/youtube]

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