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¿Una partidita de "tiro al mendrugo"?

¿Una partidita de «tiro al mendrugo»?

Cuanto más revisamos la parrillada de estrenos de cada viernes, más ganas tenemos de volver a ver «Searching for Sugar Man» (a ver si alcanzamos las 13 ó 14 de Pedro Ruiz…). Hoy la cosa viene calentita, o más bien gélida, porque «Resacón 3», «R3sacón», o como demonios quieran llamarla, tiene la misma gracia que el chiste del perro Mistetas que contábamos en la EGB. Pero lo peor no es que sea repetitiva, boba y sin chispa (algo que ya nos temíamos en la anterior entrega tailandesa), sino que, encima, se pone nostálgica y autocompasiva. O sea, como un cuñado plasta y borracho que ha perdido su escaso encanto con las mujeres. Una muestra de cómo Hollywood recalienta y destruye una simpática idea a base de estirarla por activa y por pasiva (véase el pseudo spin-off «Salidos de cuentas»).

Y es que, a pesar de todo, es importante mantener la dignidad y la vergüenza. Dignas, al menos, son otras dos novedades de la semana. La primera, muy made in festival de Málaga, es «Hijo de Caín», esmerado aunque «moroso» (como dicen los modernuquis) thriller que, aunque tira de mucho lugar común y simbolismo fácil (el ajedrez, ese juego de mesa tan jugoso), vuelve a beneficiarse del gran estado de forma de Coronado, incluso cuando no está Urbizu a los mandos. Por cierto, si habéis visto el criminal tráiler biligüe, ahí tenéis la mejor forma de dinamitar un estreno (y, por supuesto, da igual que sea catalán o eslovaco). Luego nos quejamos de que va poca gente a ver cine español y que los Renoir se vacían (en dichas salas lo llevo sufriendo un par de semanas). ¿Cómo se puede ser tan obtuso?, como dicen en mi idolatrada «Cadena perpetua».

El putero y la adúltera de "360"

El putero y la adúltera de «360»

Y, en la otra esquina, «360» (subtitulada tontamente como «Juego de destinos»), último filme de Fernando Meirelles (el Kurt Rambis del cine brasileño), que sigue despeñándose desde que tocara el cielo con la enorme «Ciudad de Dios» (peli de cabecera de «Max Payne 3»). Ahora, adapta el canon de las novelas tipo «vidas cruzadas», «La ronda», de Schnitzler, llevada al cine primorosamente en 1950 por Max Ophüls (que alguien se acuerde de Ophüls hoy día ya es un detallazo). Desgraciadamente, toda la sutileza del filme original se desvanece en un álbum de cromos lleno de personajes desdibujados, algunos con una torpeza y olvido alarmantes viniendo de quien viene la cosa, en un puzle artificioso con piezas mordidas que nunca acaban de encajar. Excepto el papelón de Anthony Hopkins (ojo a su confesión en una reunión de Alcohólicos Anónimos), el conjunto parece un híbrido entre «Secretos y mentiras» (por algo asoma tímidamente Marianne Jean-Baptiste) y ese mobiliario de metracrilato que acaba siendo cierto cine «cosmopolita» y, casi inevitablemente, cateto.

En fin, que ante tanta medianía mediopensionista, al menos tenemos la voz de un poeta que se alza con suma facilidad. Hazles callar la maldita boca, Rodriguez:

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=Mr9peut6brI[/youtube]

PD. Por cierto, una decente que se nos quedó olvidada la semana pasada: «Un amigo para Frank», curioso cruce entre Bradbury y Rufufú protagonizado por un robot mayordomo casi tan solítico como el Lluís Homar de «Eva», y por un gran Frank Langella que, si existiese justicia, y Hollywood premiase a las actuaciones y no a las imitaciones, ya tendría que tener un Oscar en sus vitrinas. Además, la sala estaba moderadamente llena de cinéfilos de la tercera edad, seguramente suspirando por un autómata así de buen mozo para ellos solitos (la robótica humanista, esa eterna quimera de la ciencia-ficción…).

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