La importancia de llamarse Final Fantasy

Los protagonistas de esta fantástica aventura, compañeros de armas y sueños

Los protagonistas de esta fantástica aventura, compañeros de armas y sueños

Volviendo sobre los pasos, territorios, ciudadelas y ciudades prodigiosas de «Final Fantasy XV. Royal Edition», uno comprende la dimensión de una saga que lleva décadas ofreciendo en bandeja de plata y diamantes la mismísima piedra filosofal de los videojuegos: la sensación de escapatoria, de desear quedarse a vivir en los escenarios, personajes y peripecias de un mundo donde solo hay fantasía, honor y peinados perfectos. Square Enix siempre ha sido, como diría el poeta, unos auténticos peritos en lunas. Y estrellas, y dimensiones soñadas, y lo que les echen. Algo impagable en estos tiempos grises y rabiosos que nos ha tocado vivir. Y de ahí su importancia, su trascendencia. ¿Quién no querría unirse a las tropas del príncipe de Lucis y luchar contra los facinerosos del ejército imperial? ¿Qué preferimos, una manifestación vocinglera y casposa cerca del Congreso o unas criaturas multiculturales en pie de guerra, con sus armas milenarias en flor? Llevamos un cuarto de siglo enamorándonos de las propuestas de estos genios escapistas, y en este último peldaño al nirvana nos han vuelto a proporcionar el elixir onírico de Lord Dunsany o de cualquier mesías que proclame que su reino no es de este mundo.

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Y no exageramos. O tal vez sí, ¿qué más da? Desde los inicios del juego, con la marcha nupcial entre Noctis y Luna, con los tambores y cañores al fondo de una revolución épica en el impresionante Eos, ponemos en punto muerto nuestra consciencia y nos dejamos llevar en volandas por los entresijos de una aventura abierta en canal, con una acción irresistible, unos ecos argumentales shakesperianos y arcanos y unos territorios mágicos (las aguas bravas entre Caem y Altissia, los rincones hechizados de la Cosmogonía, las fronteras remotas e inexplorables) que poco tienen que ver con nuestra realidad más cruda. Y así nos batimos en duelo gustoso con Cerbero, Omega o quien se tercie, estrechamos lazos cómplices con el señorial Gladiolus, el sabio consejero Ignis, el valiente guerrero Cor Leonis, el fiel Cid Sophiar o el soberano Regis. Y, sobre todo, exprimimos al máximo las portentosas batallas marca de la casa plenas de poesía y adrenalina, y que aquí brillan con luz cegadora. Puro «Final Fantasy». Puro goce. Bravo. Y gracias.

fatalityw FATALITY WESTERN es colaborador oficial de CLUB MEGACONSOLAS (sí­guenos en Twitter Facebook).

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