El frotar se va a acabar

Cameron, en felina pose "feet'n'sole" antes de aplicarse en la mecánica fina a lo "Crash"

Cameron, en felina pose “feet’n’sole” antes de aplicarse en la mecánica fina a lo “Crash”

Mientras asistía a la proyección de “El consejero” (¿por qué narices no han traducido “The counselor” como “El abogado”, que así llaman al peripatético personaje de Fassbender todo el rato?), interminable, tediosa y abotargada por culpa de la modorra de la sesión de las cuatro de la tarde y del primer resfriado del otoño/invierno, no podía dejar de preguntarme una cosa: ¿para qué demonios se habrá metido uno de los tres o cuatro mejores escritores del mundo, a sus venerables 80 años de edad, en semejante berenjenal? Sorpresas te sigue dando la vida: Cormac McCarthy, al que adoraremos de por vida por “Trilogía de la frontera”, La carretera” o “Suttree”, ha pagado la novatada de su estreno como guionista de Jolibú, tal vez deslumbrado por la lluvia de Oscar que se llevó la adaptación de su “No es país para viejos” (recordemos sus sorprendentes imágenes dando botes en la platea, como un hooligan quinceañero). O igual su tesorero le timó, como a Leonard Cohen, y el hombre necesita unos dólares para asegurarse su “edad de oro”. Sea como fuere, aquí ha pinchado en hueso a base de bien.

Pitt y Fassbender, pensando en qué habrán hecho ellos para merecer esto

Pitt y Fassbender, pensando en qué habrán hecho ellos para merecer esto

No tanto por el argumento, un cúmulo de tópicos thrilleros (nunca mejor traído el juego de palabras) alrededor de un pobre pardillo leguleyo al que embaucan para un turbio asuntos de drogas en la frontera que nunca acaba de interesarnos ni de engancharnos, sino sobre todo por el envoltorio de celofán brillante (de bazar chino, vamos) con que lo recubre: una tabarra de diálogos sentenciosos, pedantes y huecos (estilo “The newsroom”, salvando las distancias) que salen como si nada de la boca de un camarero cuate, de un imponente (este sí) Bruno Ganz o de un narco de chiste (menudo añito que lleva Bardem, en el aguijón del alacrán, el curita plomizo de Malick y esto), incluyendo a Machado y todo, el pobre. ¿Dónde quedaron los diálogos secos y brutales santo y seña de su autor? Para equilibrar un poco el asunto, se saca de la manga una de las escenas más ojipláticas y alipóricas que hemos sufrido en los últimos tiempos (más o menos, desde que vimos “Holy motors”): la tigretona Cameron Díaz (que ya tiene una edad, ay) frotándose despatarrada, y con la depilación brasileña en carne viva, en la luneta delantera de un Ferrari ante la mirada espantada de nuestro tocayo. ¿Hace una combiación de squirting y limpiaparabrisas para una posible versión-parodia X? Demasié.

Poco más se puede añadir de este rollo macabeo que confirma la decadencia de un Ridley Scott que empezó a tocar fondo con su igualmente decepcionante “Prometheus” (esperemos que con su “Exodus” repunte un poco). Tan solo la curiosidad de descubrir a Fernando Cayo, el memorable Tino de “Manos a la obra”, haciendo las Américas interpretando a otro picapleitos fugaz, y a una Rosie Pérez -con creciente parecido a una Lola Gaos chicana– que vuelve a reunirse con su “Romeo Dolorosa” quince años después de “Perdita Durango”. Qué vueltas da la vida para acabar en el mismo sitio, ¿verdad? Menos para , que sigue sin quitarse de la boca el acento y la risotada cheli de Alcobendas, aunque esté envuelta en sedas y diamantes. Por cierto, quien necesite más argumentos para apoyar la mediocridad de “El consejero”, allá va el definitivo: a Boyero le ha molado bastante.

Este sí que es un Cormac McCarthy de toma pan y moja...

Este sí que es un Cormac McCarthy de toma pan y moja…

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2 pensamientos en “El frotar se va a acabar

  1. Brillante apunte en el que nadie repara, el año, ya no de transición, de descenso, que lleva Javier Bardem. Y lo mismo sobre Ridley Scott, que parece que como tantos cineastas el cumplir años le está sentando fatal, como a tanto cineasta. A pesar de todo siempre habrá que dar una oportunidad a McCarthy y a Fernando Cayo, quién lo diría.
    Saludos

    • Pues sí, y Bardem tendría que distinguir la diferencia entre proyectos imposibles y arriesgados, por mucho director prestigioso que tenga detrás (pensemos en el patinazo de “Los fantasmas de Goya”, de Milos Forman). Del último Scott solo salvaría en parte American Gangster y Un buen año (exclusivamente por lo guapa que sale Marion Cotillard). Si pienso en que es el mismo director de Alien, Blade runner y Thelma y Louise se me cae el alma a los pies, aunque tampoco hay que olvidar que también dirigió bodrios como La teniente O’Neil o Tormenta blanca, esa que iba a ser vivero nuevas estrellas de Hollywood de las que casi nadie ha vuelto a oír hablar. A McCarthy se le perdona todo, por supuesto. Espero que su plan de jubilación lo haya agradecido.
      Saludos y gracias por el comentario!

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