Hotel infernal

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Siete personajes cargados de secretos, reunidos en un hotel muy particular

Una noche tormentosa reúne a siete personajes en un hotel en decadencia junto al lago Tahoe. Ninguno es lo que dice ser. Guardan un secreto y hasta un turbio pasado. Todos, pretenden cambiar su suerte. Sin embargo, una extraña atmósfera los envuelve y una chispa hacer saltar un conflicto en cadena que acabará convirtiéndose en un infierno.

Malos tiempos en El Royale’ es un notable ejercicio de film noir a cargo de Drew Goddar (‘La cabaña en el bosque’), quien pone sobre el tapete de juego un cruce de caminos endiablado, con personajes repletos de aristas y en un ambiente inflamable a punto de arder en cualquier momento. El director hace girar hábilmente la ruleta de historias personales, recurriendo al flashback para desvelar en un brochazo impactante el misterio que celosamente esconden, y nos maniata desde el desconcierto y la incertidumbre del presente inmediato. En un escenario donde la bola de la fortuna ya circula -no sabemos ni el color ni mucho menos el número de casilla en la que caerá- el eficaz manejo de lo imprevisible mezclado con violencia imita por momentos el mejor estilo Tarantino. Una partida de tramposos donde cualquier cosa puede suceder, pero como en un puzzle las piezas irán encajando perfectamente.

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No es Thor quien viene a salvar el mundo, sino el líder fanático de una secta a liarla parda

Detrás de cámara se nota la solidez de la estructura coral de la película, a partir de un trabajo de guión a conciencia y minucioso que reparte de forma equilibrada el peso de la trama. Ésta recae sobre un elenco fantástico. Así nos encontramos a un veteranísimo Jeff Bridges, solvente como siempre, encarnando a un atracador tras la falsa fachada de sacerdote, crepuscular y cínico en su anhelo terminal de acabar en paz sus días. Otros buscarán redención y paz consigo mismo (el conserje atormentado por su cruenta experiencia en el frente – Lewis Pullman); cumplir en paz su misión (un agente secreto encargado de limpiar rastros del espionaje de otros – Jon Hamm); seguir en paz su camino (la frustrada cantante negra buscando su destino – Cynthia Erivo); o que la dejen en paz (a ella -Dakota Johnson- y, sobre todo, a su abducida hermana – Cailee Spaeny). Y ni paz ni gloria -no habrá paz para los malvados- hallará el líder de una secta interpretado por Chris Hemsworth, sorprendente perejil en la salsa de este thriller en el que no faltan tampoco buenas dosis de humor negro.

Estelar es el papel del hotel como un personaje más. Drew Goddar le da cuota de protagonismo a sus espacios, sus pasillos ocultos, oscuros e intrigantes, sus salones trasnochados donde la gramola suena al ritmo de una fabulosa playlist sesentera. Los espejos y paredes de las habitaciones del Royale ven y escuchan, hasta sienten diferentes si se encuentran en el lado oeste (California) del hotel o en la parte este (Nevada). También guardan muchos secretos que despiertan el interés a modo de señuelo o Mcguffin, dando libertad al espectador para elucubrar sobre la magnitud de ellos y la relevancia de los implicados.

La virtud de ‘Malos tiempos en El Royale’ se sustancia en la capacidad de seducción de sus personajes, ojo, cuando ninguno se muestra especialmente sugerente a priori. No obstante, hay química y atracción particular de amor y odio con todos y la fórmula por eso es que funciona, servida en una estupenda e inspiradora fotografía, a su vez surtida de los más escogidos ingredientes del género. A pesar de dilatar en exceso el metraje, se agradece este tributo negro, bizarro y pulp a un cine inusual en nuestros días.

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Queen for ever

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Freddie Mercury/Rami Malek dándolo todo sobre el escenario, puño en alto

Primeros acordes de ‘Somebody to Love’ en el piano…

Recuerdo el día que llegó ‘A Day at the Races’ a casa. Vino acompañado de dos discos más (uno de Status Quo y otro de un grupo olvidable) que mi primo, “el francés”, nos regaló a mis hermanos y a mí, chavales de provincias en la extrema Algeciras. Lo de menos, a quién le tocó uno u otro. Los tres nos quedamos con Queen, para siempre. ‘Somebody to Love’ es el tema más conocido de aquel álbum, en palabras de su autor el mejor que compuso. No es baladí que sea el primero escogido para sonar en el film ‘Bohemian Rhapsody’, durante una evocadora escena inicial, preámbulo de una de las actuaciones más memorables del grupo londinense: Live Aid, Wembley, 13 de julio de 1985. De espaldas, la Leyenda, con una cámara siguiéndola en sus rápidos y decididos pasos, registrando sus movimientos corporales inconfundibles (‘Body Language’) antes de saltar al escenario…

Acercarse a una figura tan popular como la de Freddie Mercury resulta tarea compleja si no es con un cierto subjetivismo (léase apasionamiento). La talla de descomunal e indiscutido artista contrasta con la imagen pública de excesos proyectada en un tramo de su vida –fiestas muy locas con coca circulando en bandejas sobre las cabezas de enanos-, hasta su muerte por neumonía como consecuencia de haber contraído el SIDA. Tratándose de un biopic, lo fácil hubiera sido ahondar en el lado más morboso de la estrella de rock con final trágico y devastado por la enfermedad. Pero los responsables del film toman la acertada decisión de, sin obviar los episodios oscuros, en verdad no se los podía saltar un torero, abordar el periplo de una de las bandas más influyentes de la historia de la música, desde los ojos y el corazón de su carismático líder. Como el baño de multitudes que Queen se daba en cada uno de sus conciertos, la película quiere perpetuar esa emoción, esa vibración transmitida a estadios llenos de público, en la gran pantalla.

‘Bohemiam Rhapsody’ es la celebración de la música de Freddie, Brian, Roger y John desde la elección del mismo título del film, el mismo título de la canción que les abrió la puerta definitiva del éxito. El talento, la imaginación y los sentimientos indescifrables de Mercury volcados en esa pieza fundamental de Queen y demiurgo del propio autor, sirven en la película como eje dramático y simbólico. Así, el proceso creativo se nos ofrece con aura especial (‘A Kind of Magic’), envuelto en la inspiración del genio y en la inercia de sus compañeros que, a coro y en la mesa de mezclas, intuían algo grande a punto de nacer. Este momento clave en la trayectoria de cuatro melenudos es de lo mejor de la cinta, la llegada a la rampa de lanzamiento, tras un camino de esfuerzo e ilusión, hacia el firmamento musical del cual ya nunca bajarían. En la puesta en escena, una granja transformada en estudio, donde flotan ideas y musas, cantan gallos y “galileos”, y eclosiona la prodigiosa obra en contra de convenciones -seis minutos de canción era una herejía en la industria discográfica de 1975- y de la propia productora. El golpe de fortuna de un fin de semana con ‘Bohemian Rhapsody’ a todo meter en la radio, vendría después.

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El film es un gran tributo a la banda inglesa que encantará a los fans

Como en “La Reina”, el alma de la película también es Freddie Mercury. El objetivo se centra en él, en su alter ego interpretativo (Rami Malek está soberbio y lo clava, puño en alto), decididamente de una forma amable, queriéndolo. Es una declaración de principios honesta, no esconde la admiración hacia el personaje y por eso rehúsa a hurgar en las heridas, aunque éstas se exponen dolorosas cuando afloran, especialmente en lo referente a su orientación sexual. La introspección en Freddie Mercury es respetuosa y, sin dulcificar ni dejar de lado su parte extravagante y a veces ególatra de su personalidad, se decanta por desnudarla delicadamente para dejar sobre la epidermis el rastro humano, la de un ser absolutamente sensible en un debate interno conmovedor. Acaso se aprecia la extraordinaria vulnerabilidad de la figura lanceada por el amor, acariciada por la vanidad o atascada en la sinrazón. Pero también se subraya su determinación por alcanzar el triunfo, sin olvidar la importancia de la familia, la unión del grupo y el reconocimiento a la lealtad mostrada por el amor su vida.

No obstante, el film no pretende trascender a base de postulados moralizantes. Tampoco ser políticamente correcto, porque no lo es. Sencillamente recoge el pulso vital de Mercury al estar encuadrado inevitablemente en lo que interesa más de él, el extraordinario caudal artístico de sus composiciones. Por eso el director, Bryan Singer, abre una ventana para escuchar no solo las notas armoniosas de un piano, también éstas mezcladas de forma natural con las disonantes conversaciones creativas, no pocas veces terminadas a gritos, entre los miembros de la banda. Lo que fue el fruto posterior de ese trabajo es filmado como un espectáculo de sonido Queen auténtico, recreado con decoro y elegancia, jugando en la ambientación a través de una variedad cromática idónea para situarnos en la época de máximo esplendor de los protagonistas; incluyendo interludios exactos para encajar sus relaciones personales, los momentos dulces y amargos, de desencuentros y reconciliaciones. Siempre al ritmo de baladas, rock e icónicos himnos (‘We Are the Champions’, ‘We Will Rock You’).

Al fin y al cabo, ‘Bohemian Rhapsody’ no deja de ser una película hecha a la gloria de Queen y para sus fans. Y cumple sobradamente en su propósito de revisitar el legado de la banda, con un apoteósico, épico y potentísimo final. La sombra de Freddie Mercury es alargada, sin duda. Era el epicentro con su presencia magnética sobre el escenario, dando rienda suelta a su torrente vocal y de energía inigualable. Pero todos reinaron como un grupo, uno de lo más grandes.

… Y a mi hijo de quince años empieza a gustarle su música. God Save the Queen.

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Érase una vez en Barcelona

El omnipresente Luis Tosar capitanea esta ambiciosa producción nacional

El omnipresente Luis Tosar capitanea esta ambiciosa producción nacional

A la convulsa Barcelona de 1921 llega el vasco Aníbal Uriarte. Su misión será colaborar en la investigación de un cruento asalto a un tren militar, formando parte de la brigada que dirige un corrupto inspector. Entre huelgas de obreros, atentados anarquistas y actos criminales orquestados tras bambalinas del cabaret más conocido de la ciudad, Aníbal se mostrará decidido a llegar hasta las últimas consecuencias para resolver el caso. En este ambiente conocerá a Sara, una joven comprometida en la lucha por los derechos de la mujer y única luz en medio del caos.

Quien nos sorprendiera notablemente con ‘El desconocido’, redobla ahora sus buenas intenciones con ‘La sombra de la ley’, apreciable apuesta de cine de gangsters a la española. El director Dani de la Torre le pone pasión cinéfila -no son pocas las referencias a conocidas cintas del género- y virtudes técnicas -ojo a los tres planos secuencia de la peli- para zambullirnos en los bajos fondos de la Ciudad Condal, enmarcados en un contexto histórico de ardiente conflictividad política, social y obrera.  Con buen pulso, en el film se conjugan las situaciones del trasfondo real, como el radicalismo revolucionario, el pesimismo provocado por la guerra en Marruecos o el ruido de sables que avisa de la llegada al poder del general Primo de Rivera, con la trama de opresión, turbios negocios y luctuosos delitos que dan cuerpo a la ficción. Y en tal estado de violencia y miseria humana, los ideales y las justas reivindicaciones pugnan por hacerse visibles a riesgo de morir en el intento.

Michelle Jenner da vida a una valiente activista que reivindica los derechos de la mujer

Michelle Jenner da vida a una valiente activista que reivindica los derechos de la mujer

Un traje con muchos paños, no obstante, confeccionado a la medida de los personajes, éstos a su vez dotados de esmeradas caracterizaciones desde el guión de Patxi Amezcua y el buen trabajo del elenco interpretativo. Luce el gesto duro e impasible de Luis Tosar en la piel quemada de un hombre golpeado en su pasado, dispuesto a enfrentarse al matonismo de abrigo y sombrero caros y a “repartir” en una buena pelea. Como también cumple Michelle Jenner dando vida a una activista feminista, quien tampoco rehúye la pelea, ni física ni intelectual.

Pero son los personajes secundarios los que sostienen el armazón del film con sus existencias enfangadas por la maldad intrínseca o encadenadas a la esclavitud de sus circunstancias. La muñeca rota del night club (Adriana Torrebejano), el inspector podrido en corrupción (Vicente Romero), el empresario burgués cínico y explotador (William Miller), el sindicalista sin fisuras e irreductible (Paco Tous)… Brillantes están Ernesto Alterio en su composición de “El Tísico”, policía maleado y abyecto hasta la náusea; y Manolo Solo encarnando al Barón, una suerte de pervertido mafioso de la belle époque, sin miramientos a la hora de chantajear, sobornar y mandar a asesinar a quien se le pone entre ceja y ceja, al tiempo que dirige el coro de bailarinas de su cabaret. Acaso su as en la manga para disponer de vidas ajenas está en saberlo todo “de todo el mundo”: políticos, militares criminales, policías…

Por lo demás, la película tiene ritmo -aunque recortar algo de metraje hubiera sido acertado para una mejor faena-, las escenas de acción están bastante logradas, y la ambientación de época y la fotografía suman positivamente en lo que es un esfuerzo de producción realmente destacable. En el debe, rechina un tanto la fijación por evocar continuamente las fuentes de inspiración. Esa banda sonora con la voz de la soprano Aihnoa Arteta, a lo ‘Érase una vez en América’ de Sergio Leone, no parece encajar. Asimismo, algunas escenas atufan demasiado a ‘Cotton Club’ y a ‘El Padrino’, a pesar de su buen rodaje. Faltas veniales, en cualquier caso, que no desmerecen la factura del trabajo final.

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Con los protas de ‘Predator’

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Los actores Boyd Holbrook, Olivia Munn y el pequeño Jacob Tremblay, con el director Shane Black (agachado). Ah..! y a la derecha ‘Predator’ haciendo “amigos”.

Estuvimos con los protagonistas de ‘Predator’, la nueva película de la saga de acción y ciencia ficción que inauguró Arnold Schwarzenegger a mediados de los ochenta.

Acuden a la cita sonrientes y relajados. Nada que ver con la tensión extrema que viven sus personajes en ‘Predator’. No obstante, Olivia Munn y Boyd Holbrook se enfrentan a una presencia alienígena con muy mala leche, y por partida doble. Junto con el director Shane Black, los actores desvelaron algunas claves del film y de su rodaje.

¿Es la película una vuelta a los orígenes para conectar con las nuevas generaciones?

OLIVIA: No se trata de un remake realmente ni de una secuela, aunque seguimos en el mismo mundo del ‘Depredador’ original. Lo que ocurre es que todo ha evolucionado. El director ha traído la jungla de verdad a la jungla urbana, y ha reunido a un grupo de personajes en principio nada heroico, lo cual hace que el público realmente se pueda sentir identificado con ellos.

SHANE: Mirando hacia atrás en el tiempo quería recuperar para ‘Predator’ un estilo de antes, pasado de moda, y hacerlo fresco como si quisiéramos parecer una película de los años 80, pero con la combinación de nuevas tecnologías, modernos efectos especiales y nuevos escenarios y personajes.

La improvisación forma parte del estilo de Shane Black, ¿cómo se asimiló?

BOYD: En honor a la verdad nos ceñimos al guión. No obstante, a los estudios no les gusta nada la improvisación, porque necesitan garantías. Lo paradójico es que cuentan con Shane a sabiendas que la improvisación forma parte de su estilo de dirigir.

OLIVIA: No veía clara la primera escena de acción que tenía en el guión -refiriéndose al rescate de la científica- y pensaba que era poco realista. Hablaba continuamente y eran tres páginas, dando órdenes, diciendo tal y cual cosa… No quería hacerla de esta manera, porque en realidad la situación que se describía era como cuando en la calle te encuentras con un perro peligroso sin correa, no te tiras encima de él ni sales corriendo, sino que vas con calma.  Hablé con Shane e hizo que la escena fuera distinta, más animada y ágil.

Ese realismo del que habla nos sitúa en una ficción aterradora

OLIVIA: Sí, pero al igual que la causa de esa situación aterradora es provocada por un extraterrestre, las reacciones que tienen los personajes podrían darse en la vida real.  De hecho, el mundo actual nos lo acerca gracias a los medios de comunicación. Cuando se siente el peligro en la película se puede ver quién pisa a quién, quién se desmaya, quién hace un acto heroico… Todos hemos podido imaginar situaciones así.

Olivia Munn, left, and Jacob Tremblay star in Twentieth Century Fox's "The Predator."

“Es para adultos, pero si tuviera siete años me colaría en el cine para verla”, Olivia Munn.

El sangriento alienígena ha sido también protagonista en algunos videojuegos. ¿Se ha tenido en cuenta la influencia que en el cine actual tienen los videojuegos? 

SHANE: Me gusta la idea de que ‘Predator’ pueda ser referencia para los videojuegos, pero en la película realmente no hay nada de ello. En los videojuegos de acción todo transcurre de manera muy rápida y hay muchos disparos. Yo buscaba otra cosa, un estilo de historia donde pudiera sentirse lo real, no sólo en la acción, también en las relaciones de amistad y compañerismo entre los personajes.

Y tampoco falta el puntito de humor en estos personajes, ¿verdad?

SHANE: Me gusta mostrar a un tipo de personaje que no sólo actúa, también se interrelaciona y genera empatía, y, cómo no, el sentido del humor es un buen vehículo para conseguirla entre los espectadores. Por otro lado, estuve interesado en reflejar el sentido de lo que representa un soldado profesional como miembro de un comando de élite, más allá de sus músculos y de su armamento.

¿Qué suponen las plataformas digitales para actores que han intervenido en exitosas series de Netflix (Boyd Holbrook en ‘Narcos’) y HBO (Olivia Munn en ‘The Newsroom’)?

OLIVIA: Lo estupendo de la existencia de las plataformas digitales es que ya no solo unos pocos estudios controlan todos los contenidos. Esto permite que los actores también tengamos más oportunidades de ofrecer nuestro trabajo. Yo, como periodista, creo que lo importante es contar una historia detrás de una web, de un teléfono o de lo que sea. El mercado está cambiando y quizá el cine tenga la necesidad de evolucionar y ofrecer mas ventajas o servicios a los usuarios para que acudan.

Texto: Macarena F. Salinas

Un lugar en el mundo

Mentes Poderosas en Fatality Western

Los chicos de “Mentes poderosas” dispuestos a liarla parda defendiendo su lugar en el mundo.

Tras ser diezmada la mayoría de la población infantil por una pandemia, los escasos supervivientes son recluidos en campamentos de seguridad que controla el gobierno. ¿El motivo? Han desarrollado habilidades sobrenaturales y deben ser estudiados, incluso algunos son considerados como una amenaza para la sociedad que es necesaria eliminar. A este grupo pertenece la joven Ruby, quien ha ocultado durante años su poder telequinético con el fin de evitar su ejecución. La ayuda inesperada de una organización conocida como ‘La Liga’, le permitirá escapar de su cautiverio hacia una libertad con destino incierto junto a otros rebeldes como ella, e intentar recuperar la identidad perdida.

La adaptación cinematográfica de una exitosa serie literaria juvenil suele tener cola. Ésta es la de los lectores que disfrutaron previamente con los libros. Convertidos ya en fans, arrastran a las salas a otros también dispuestos a ser correligionarios y declararse como tales en las redes sociales. Claro, si el guión es más o menos apañado para satisfacer a la parroquia. Pero no sólo a la más hormonada, ‘granulada’ y puramente adolescente; también apuntando a esa categoría de ‘joven-adulto’ que al parecer ocupa un escalón inmediatamente superior (no sabemos de qué), o, visto de otra forma, supone una categoría anterior a la de propiamente adulto (no sabemos hasta cuándo). En cualquier caso, esto en Hollywood lo saben cocinar bien. El problema surge cuando a la receta le faltan ingredientes y resulta un tanto sosa, hasta insípida.

Es lo que ocurre en demasiados momentos con “Mentes poderosas”, inspirada en las novelas homónimas de Alexandra Bracken. Sea porque el papel protagonista no está dotado de más enjundia, reservando quizás la chicha para posteriores entregas. Sea porque su estructura grupal, en la que argumentalmente se basa este tipo de subgénero, cruje por falta de caudal épico y de emoción. Sea porque el mundo postapocalíptico presentado apenas está subrayado y queda en agua de borrajas cualquier profundización en rasgos que pudieran suscitarnos desasosiego, oscuridad, misterio o sensación de vivir en un infierno. La cuestión es que resulta difícil hacer el viaje en la furgoneta de esta aventura distópica, cargada de clichés, modos y maneras muy trillados.

Cuando a Ruby se le ponen los ojos colorados su poder mental entra en acción.

Cuando a Ruby se le ponen los ojos colorados su poder mental entra en acción.

Primeras escenas y ya han venido a la cabeza esos adolescentes en pie de guerra contra un estado opresor y formando parte de la resistencia, de “Los juegos del Hambre”, de “El Corredor del Laberinto” y de “Divergente”. Pasan cinco minutos más y se nos cruzan en la mente los mutantes de la patrulla X y los poderes de Xavier en sus años mozos, Pícara y lo peligrosa que resulta cuando se pone excesivamente cariñosa, y hasta la niña-probeta de “Logan” huyendo de ser un conejillo de indias. Luego, los mismos personajes se acuerdan de Harry Potter. Y una cazarrecompensas que pasaba por ahí buscando a sus ‘replicantes’… ¿Un guiño? No, seguro que no. Lo dicho, muchas sombras alargadas.

Sin embargo, entre tantos retales de otras sagas y películas -subyacentes o no tanto- en la cinta se halla la virtud de no convertir todo en un cambalache y sirva la narrativa literaria para darle al conjunto poso y algo de cohesión. A pesar de la previsibilidad de su drama romántico, éste aguanta bien y se proyecta con futuro para el siguiente capítulo. De un ritmo premioso al principio, afectado por la estela en primera persona de su protagonista y de la ausencia de tramas paralelas relevantes, se va pasando a una mejor explicación de las interioridades de los personajes (aunque insuficiente), y poco a poco cobran fuerza las relaciones externas y su escenificación de valores como la amistad, la generosidad y el sacrificio por otros. Convence cómo el grupo se desenvuelve en la acción, desplegando variedad de poderes (identificados por colores para cada miembro) que ¿algo?, ¿alguien?, les otorgó. Y los giros argumentales, a falta de agudeza y originalidad, al menos resultan eficaces. No obstante, debían notarse las influencias de Shawn Levy y Dan Levine, productores respectivos de la serie televisiva “Stranger Things” y la película “La Llegada”, fantásticos ejemplos de la ciencia-ficción contemporánea. Igualmente cumplen los jóvenes actores, con Amandla Stenberg a la cabeza de uno de esos castings pensado para activar los resortes de determinados corazones.

En definitiva, una saga teen sin más y para rato en el horizonte, en forma de trilogía, tetralogía, con dos partes para la tercera parte, o con la parte contratante de la tercera parte… A saber.

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