Sheldon ante el peligro

Sheldon, ante su ser o no ser mientras Amy considera seriamente volver a vestir santos

Sheldon, ante su ser o no ser mientras Amy considera seriamente volver a vestir santos

Como no podía ser de otra forma, “Big Bang” es una de nuestras series preferidas(aunque, en cuestión de comedias geek, “Silicon Valley” ha irrumpido con fuerza). Y, en su último episodio, visto el viernes en TNT, apareció uno de esos momentazos que a los fans nos encandilan: el dilema de Sheldon ante la posibilidad de comprarse una PS4 o una Xbox One. Por supuesto, el doctor Cooper no aborda el tema como el resto de los mortales (la pasta que cuesta cada cacharro) sino que se guía por cuestiones de lógica tales como por qué Microsoft pasó del 360 al 1, en vez de seguir el orden numérico de la competencia. Eso, aparte de desgranar los entresijos tecnológicos de cada consolas hasta el menor detalle, o hacer una encuesta rápida entre sus amigos, con respuestas para enmarcar, sobre todo la de Bernadette (“la Wii”), ante el abucheo y rechifla (“¡abuela!”) del respetable.

Ni que decir tiene que el culebrón continuará pero, a diferencia de Sheldon, la mayoría de jugones lo tiene claro: PS4 lleva vendidas siete millones de consolas y Xbox One, cinco (según datos de la semana pasada). Tal vez por eso Microsoft acaba de anunciar su desembarco en China para septiembre, a ver si hay suerte y la cosa despega. Aunque hasta que no salga un juego franquicia que, de verdad, lleve a las masas a invertir en hardware, no sé yo. Por cierto, hablando de fotos, he aquí una de las imágenes del año:

La alegre muchachada (y viejunada) de "Star Wars VII", de merendola

La alegre muchachada (y viejunada) de “Star Wars VII”, de merendola

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El “ET” y el oto

Uno de los cartuchos supervivientes de la "fiebre del desierto"

Uno de los cartuchos supervivientes de la “fiebre del desierto”

Pues parece que era verdad. O tal vez todo se encuadre en ese “mondo fake” en el que vivimos, donde la realidad parece un falso documental y viceversa. Porque, de hecho, el descubrimiento de docenas de cartuchos del mítico videojuego de “E.T., el extraterrestre” en un desierto de Nuevo México (una de las leyendas urbanas, o arenosas, más sólidas del sector desde hace 30 años), no ha sido perpetrado por una suerte de arqueólogos jugones, sino por unos cineastas en pleno rodaje de un documental, además auspiciado por Microsoft. Seguramente haya gato encerrado, o gato por liebre, porque las cuentas no salen (siempre se habló de cientos de miles, o un par de millones, de unidades no vendidas de tan caótico videojuego, considerado uno de los peores de todos los tiempos), pero nadie negará que el asunto tiene su gracia, como un “tutankamón” pintoresco y bizarro. Y, aunque ahora nos lo tomemos a chundarata, maldita la gracia que les debió hacer a los “cráneos privilegiados” de Atari en su época, ya que la jugada costó a la compañía unas pérdidas de medio billón de dólares a finales del 83, y que Warner Communications les diese la patada.

¿No dan ganas de llevárselo a casa?

¿No dan ganas de llevárselo a casa?

Claro que este caso también demuestra que el hombre sigue tropezando en la misma piedra una y mil veces. Recordemos que, en mayo del 82, Atari tuvo la genial idea de fabricar doce millones de copias de “Pac-Man” para la 2600, a pesar de que solo había diez millones de consolas en el mercado (pensaban vender dos más con el tirón del juego). Resultado: solo llegaron a siete y se tuvieron que comer con patatas cinco. O enterrarlas en el Gobi, vete a saber. Sin escarmentar, el mandamás de la casa (Ray Kassar), en comandita con el jefe de Warner (Steven Ross), idearon su siguiente genialidad: la adaptación del gran blockbuster de la época, “E.T., el extraterrestre”. Encima, pagándole a Spielberg 25 millones de dólares para convencerle de que su película era perfecta para un videojuego de acción. Pero lo mejor fue que también le prometieron al “rey Midas” tener el juego en las estanterías para la campaña navideña. Y estaban en julio.

Una muestra de la "maestría" de juego

Una muestra de la “maestría” del juego

Pecata minuta. ¿Seis semanas para elaborar un juego que, en circunstancias normales hubiese requerido seis meses? ¿Qué más da? Ellos eran los reyes del mundo, y con Spielberg al lado, ¿qué podía fallar? Así, confiaron la locura a Howard Scott Warshaw, que hizo un buen trabajo con “En busca del arca perdida”, pero en esta ocasión la flauta no sonó. El juego en cuestión aburría a las ovejas, con unos gráficos toscos y primitivos (incluso para 1982), y una acción que consistía, como dijo un periodista, en “ver al extraterrestre cayéndose por agujeros una y otra vez”. Como suele suceder, los jerifaltes se echaban las culpas mutuamente y nadie asumía la patata caliente del desastre. Pero tal fue la vergüenza en Atari que a alguien se le ocurrió enterrar los millones de copias sin vender en el desierto (solían hacerlo en almacenes abandonados, pero esto le daba un toque más romántico y fatalista al asunto). Cuando la prensa se enteró y acudió en masa por el botín, echaron cemento a la arena, y ceniza a la ceniza al canto. Al menos, eso pensaban. Ahora, los cadáveres exquisitos quedan al descubierto y salen a la luz para solaz del respetable. Ya solo queda que Spielberg haga una película “de las suyas” (con bicicletas y gorras de béisbol a tutiplén) para que se cierre el círculo de la maldición de “E.T., el videjuego”. O, mejor, que llamen a los hermanos Calatrava.

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Hasta siempre, genio

El maestro se despide por todo lo alto, aunque sin Oscar (dichoso "Frozen")

El maestro se despide por todo lo alto, aunque sin Oscar (dichoso “Frozen”)

Una de las personas que más feliz me ha hecho en un cine es Hayao Miyazaki. Solo por contemplar la cara de felicidad que puso mi hija cuando vio a los cuatro o cinco años “Ponyo en el acantilado” este señor japonés ya está en mi altar particular. Pero, por supuesto, el genio da para muchísimo más: la bizarrería retrofuturista de “El castillo ambulante”, la magia de cuento de brujas carrolliano de “El viaje de Chihiro”, la fabulación poética de “Totoro”, la maestría guerrera de “La princesa Mononoke”, el ecologismo fantástico de “Nausicaä”… Ahora llega su filme de despedida, “El viento se levanta”, un compendio de su arte inmortal e inalcanzable, que también es un bello homenaje a la aeronáutica (otra de sus claves) y una postal autobiográfica impagable. Una maravilla para sentarse en una butaca cómoda y dejarse deslumbrar y hechizar durante dos horas y pico por una forma de hacer cine (no solo animado) prácticamente extinguido. Misión cumplida, maestro, y feliz y merecido descanso. Por supuesto, este es el estreno más destacado de la semana, pero aún hay algunos más de propina:

“La vida inesperada”. Elvira Lindo pone la firma guionista a esta historia de un par de buscavidas soñadores que, en vez de contra molinos de viento, luchan a garrotazos contra los rascacielos neoyorquinos. Una “dramedia” bien aliñada, con Javier Cámara y Raúl Arévalo en racha, y melodía emocional de Gershwin, que siempre facilita la digestión. ★★★

Dos primos algo primos, de marcha por Nueva York (queda mejor de lo que suena)

Dos primos algo primos, de marcha por Nueva York (queda mejor de lo que suena)

“Pompeya”. Entre “Resident evil” y “Resident evil”, Paul W.S. Anderson coge el libro de historia y se marca un peplum catastrofista, subgénero siempre con tirón (véase “Noé”). Aquí, no se anda por las ramas y echa mano del 3D ceniciento, que al menos afina mejor que en sus anteriores correrías zombis. Para entretener y olvidar. ★★

“Brick mansions”. Siempre quedará la duda de si esta película se habría estrenado (con cierto bombo publicitario, además) si Paul Walker no hubiese muerto. Porque este remake de “Distrito 13” con el irregular sello de “producciones Luc Besson” es una de acción urbana de tantas, con el “atractivo” de un Detroit con tipos casi tan duros como los clientes de “Empeños a lo bestia”. ★★

“Matterhorn”. De propina, una fricada con pedrigrí: la extraña y a veces ojiplática historia de una extraña pareja formada por un viudo calvinista y un pobre diablo con cerebro de mosquito al que acoge por misericordia (en un principio). Insólita vuelta de tuerca a “Pigmalión” y a “Tamaño natural” que aquí diseccionamos con bisturí más fino y hasta finolis. ★★★

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Niño, deja de j… con la “gameboy”

Igual que el Último Guerrero (q.e.p.d.), Nintendo machacó a sus rivales sin piedad

Igual que el Último Guerrero (q.e.p.d.), Nintendo machacó a sus rivales sin piedad

Como sin duda sabrán los ilustres lectores de este humilde blog, estos días andamos de aniversario con solera: la Game Boy cumple 25 años. Curiosamente, Nintendo ha pasado olímpicamente de tan señalada fecha para honrar a una de las joyas de su corona, la de los 118 millones de unidades vendidas y la de los innumerables títulos grabados a fuego en la memoria de cualquier jugón veterano. Así que, por nuestra parte, tan solo apuntaremos un par de claves históricas para encuadrar tal fecha como se merece:

-En 1989, a pesar de las ventas imparable de la NES, Nintendo no atravesaba su mejor momento de popularidad en Occidente, coincidiendo con la mala imagen de Japón en los mercados americanos. Las críticas llovían por todos lados: les señalaban como responsables del incremento del 10% en las enfermedades cardiovasculares en los niños yanquis, grupos como Families for Peace hacían campaña de desprestigio contra la compañía y sus valores negativos y, de postre, algunas asociaciones judías aseguraban que uno de los dragones de “The legend of Zelda” portaba una esvástica invertida. Ante este panorama, Nintendo reaccionó: contrató a los expertos en marketing agresivo de la empresa Hill and Knowlton y, sobre todo, dio luz verde para que uno de sus empleados más fieles, Howard Phillips, contagiara a las masas su pasión por los videojuegos a través de conferencias, tours publicitarios, columnas en Nintendo Fun Club News… “Probablemente me convertí en un tipo tan famoso como McGyver para los chavales”, confesó. Resultado: un 60% de los niños americanos de entre 9 y 11 años se identificaban plenamente con la marca Nintendo. El caldo de cultivo para la Game Boy ya estaba creado y floreciendo.

-A 1989 se le conoce como “el año del hardware”: la Mega Drive de Sega acababa de salir al mercado, la TurboGrafx de NEC aterrizó en suelo americano y, después de un par de años de litigios con Epix, la Lynx de Atari sacaba pecho para intentar convertirse en la gran consola portátil con cartuchos desde que Milton Bradley creara Microvision en 1979. En mitad del fregado, Gumpei Yokoi y Team 1 (responsables de las míticas Game & Watch) inventaron una especie de calculadora enladrillada claramente inferior a sus rivales. Pero, voilá, en Japón se agotaron las 300.000 primeras Game Boy en dos semanas y en su primer año en Estados Unidos se vendieron un millón de unidades, aunque la demanda era de dos millones. ¿Cómo se explica tal éxito? Quizá no tanto por méritos propios sino por cagadas ajenas: la Lynx costaba un potosí y gastaba pilas vertiginosamente (en una Game Boy duraban 10 horas), la TurboGrafx no podía competir con la Mega Drive (conocida como Genesis en territorio americano), y la Mega Drive se cavó su propia tumba pagándole a la estrella de la NFL Joe Montana más de tres millones de dólares por los derechos, durante cinco años, de una saga de videojuegos que palideció alarmantemente frente a “John Madden Football”. Si a esto le unimos el que uno de los primerísimos juegos de Game Boy fue “Tetris”, y otro “Super Mario Land”, solo hay que sumar uno más uno, y así hasta 118 millones.

-En 1989, e incuso hoy día, solo existen dos marcas que han logrado que el público “genérico” las identifique como sinónimo de videoconsolas: Game Boy y PlayStation. “La gameboy” y “la play” siguen siendo expresiones habituales de las madres de medio mundo cuando regañan a sus hijos para que dejen de jugar y se pongan a hacer deberes (de ahí el título, parafraseando a Serrat, de este post). Y cuando se consigue eso, no hay ninguna duda: la inmortalidad es tuya.

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Cuando los elefantes sueñan con el fútbol

La Roja, a revalidad su título en la meca del fútbol

La Roja, a revalidar su título en la meca del balompié

No hay manera. Ni con la Semana Santa y sus ramificaciones (gastronómicas o meteorológicas), ni con la muerte de uno de los mayores escritores del siglo XX, ni con los problemones de siempre, ni con el anuncio de Dylan, ni con Spiderman, ni con las gaitas a la vinagreta: el tema más comentado de estos días ha vuelto a ser el fútbol, aunque sea mezclado con cien metros lisos o rugby (el gol de Bale es lo más parecido a un ensayo cazurro y prodigioso en el Seis Naciones que se ha visto en mucho tiempo). Pero hay que entonar el mea culpa, ya que nosotros también nos hemos subido a la noria de nunca acabar y no hemos dejado de jugar al juego de la “Copa Mundial FIFA Brasil 2014”. Y tan ricamente. Porque, la verdad, los adoradores de aquellos “FIFA” noventeros, puro nervio y zumo de naranjas mecánicas, sentirán un pellizco cómplice al ir descubriendo las peculiaridades de un título arcade y sambero.

Los menús son buenos, bonitos y abundantes

Los menús son buenos, bonitos y abundantes

Una de las claves es que, por fin, se va acabando la tiranía del tiki-taka culé, ese sistema casi de fútbol sala dominado por los enanitos de “El Hobbit”, o de Blancanieves. Aquí se impone el regate en todo su esplendor, dinámico, con giros relampagueantes y con el gatillo izquierdo siempre caliente. Pura escuela brasileña de uno contra uno, sí señor. La imaginación, al poder. Pero como no hay creatividad sin precisión, los pases también están fabricados con tiralíneas, sobre todo los nuevos pases rasos con efecto y los despejes, y ejecutados con un solo botón, tanto cortos como largos, así que ojo a la potencia. Además, podremos crear aún más espacios gracias a los cambios de dirección con o sin balón y los desmarques visto y no visto, con el uso de la cruceta para ordenar a los jugadores en lances a balón parado o córners (atentos aquí al nuevo modo de ganar el balón por alto, todo un espectáculo aéreo). Cambios de ritmo y pasos de baile improvisados, puro tropicalismo al canto para luchar contra la Roja, siempre la Roja.

También tendremos numerosos entrenamientos y retos de habilidades para mejorar nuestro rendimiento

También tendremos numerosos entrenamientos y retos de habilidades para mejorar nuestro rendimiento

Una de las características más celebradas del “FIFA 14”, la física del balón, vuelve a brillar aquí gracias al acuerdo con Adidas, para darle al brazuca y a otros balones disponibles un vuelo y una fricción en el césped tan real como dentro del terreno de juego. Ah, y si llegamos a los penaltis (cosa habitual en un Mundial), ojo a las nuevas animaciones en las paradas y a una afinación en el disparo que dejará en manos de los jugadores el destino de sus naciones. Y es que en un Mundial no se debe dejar nada al azar, y para eso lo mejor es completar las sesiones de entrenamiento de Adidas miCoach para incrementar los atributos de cada jugador, eligiendo entre seis atributos distintos que mejorar y 18 ejercicios diferentes para perfeccionar el rendimiento.

Todas estas claves e incentivos se quedarían en nada sin la auténtica salsa del fútbol: los goles, la afición, el espectáculo y la fiebre en las gradas. Y aquí cada estadio es una caldera a presión para sentir el apoyo de todo un país con nuevas escenas mostrando al público portando pancartas, banderas o haciendo un mosaico dentro del estadio, pero además se mostrarán imágenes de ciudades de todo el mundo (si marcamos un gol con Inglaterra veremos a los aficionados celebrándolo en Trafalgar Square). Resumiendo, que es gerundio: 203 selecciones oficiales, 7.469 jugadores, 19 entrenadores con licencia oficial, 21 nuevos estadios, incluyendo los 12 del Mundial, más de 15 horas de comentarios añadidos al juego, y una decena de modos de juego, entre ellos Rumbo a la Copa Mundial, Capitanea tu Selección, Rumbo a Río (online), Historia de las Rondas Clasificatorias (jugando en 60 escenarios reales), Historia del Mundial, partidos rápidos, amistosos, juegos de habilidad… Y unos gráficos y animaciones personalizados a cada crack con todo detalle. Ah, y ojo a la Champions Edition, llena de material exclusivo. La repera, vaya. Que tiemble Maracaná, que ahí nos vemos.

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Arañazos superficiales

Aquí Electro, aquí unos de la compañía de la luz

Aquí Electro, aquí unos de la compañía de la luz

Esta semana (santa o, al menos, santurrona, que rima con tontorrona) los estrenos dan un saltito en el calendario y se plantan en pleno jueves, ni para ti ni para mí. Aunque, parafraseando a Berlanga, este jueves sí que hay milagro: concretamente, que en estas fechas, tradicionalmente desérticas en cuanto a novedades cinematográficas (agosto ya no es lo que era) cruce la alfombra roja uno de los blockbusters del semestre. Ya sabemos cuál, ¿verdad?:

“The amazing Spider-Man 2: El poder de Electro”. Por si no tuviéramos bastante con el galimatías del recibo de la luz, ahí va otra subida de tensión del quince. Electro, una mezcla entre pikachu y el prota de “Powder (Pura energía)”, se las trae tiesas a nuestro trepamuros favorito, que también tendrá que lidiar con el Duende Verde y Rino, aunque este saldrá en la tercera entrega “amazing”, que en realidad es la segunda secuela de la saga precuelera, no sé si me explico. No importa: el show palomitero está garantizado, el toquecillo romántico indie de Marc Webb también, y hasta el cameo de Stan Lee. ¿Qué más se puede pedir para 160 minutos que pasan en un suspiro y medio?. ★★

Y el videojuego, en menos que canta un gallo, ¿eh?

Y el videojuego, en menos que canta un gallo, ¿eh?

“El pasado”. Un poco de cine iraní al año no hace daño, paciencia. Además, éste no es de la línea dura, sino de la occidentalizada, corriente capitaneada por el director de la suprema “Nadir y Simin”. Aquí también hay separaciones y heridas sin cicatrizar de por medio, más un leve tufillo a telefilme de sobremesa perfectamente disimulado. Pero, por suerte, también tenemos a Bérénice Bejo, gloria bendita en blanco y negro y muda (remember “The artist”) o como le dé la gana, y aquí, en París, en Teherán o en Tegucigalpa. ★★★

“Tren de noche a Lisboa”. Mira que tenemos en un pedestal a “Las mejores intenciones” y “Pelle el conquistador”, pero es que últimamente (muy últimamente) Bille August no da pie con bola. Claro que la premisa de su peli se las trae: un profesor de latín salva por los pelos a una portuguesa a punto de tirarse por un puente. Y la retorcida trama metaliteraria siguiente, con mucho freno y marcha atrás, tampoco ayuda a encandilar al respetable. A pesar de Jeremy Irons y de que uno no pare de preguntarse en qué siglo nació Christopher Lee. ★★

“La partícula de Dios”. Precisamente ayer estaba echando un ojo en el plus a la unamuniana “Ruby Sparks”, donde sale visto y no visto Antonio Banderas, y fue inevitable pensar qué demonios está haciendo con su carrera últimamente, aparte de intervenir en lo peor de Almodóvar y de Woody Allen (y hasta de Robert Rodríguez). Pues, para mayor inri y crucifixión, he aquí esta imposible película, encima de hace tres años, donde se mete en la piel de un detective que empieza investigando la desaparición de una stripper forrada de diamantes y acaba enfangado en un agujero negro (que no noir) pringado de patafísica cuántica. Esperemos que el malagueño se relaje en “Los mercenarios 3”, tome aire y reconduzca su carrera, porque desde “Enemigos: Ecks contra Server” no caía tan bajo. ★

Antonio, entre Philip Marlowe y Sheldon Cooper

Antonio, entre Philip Marlowe y Sheldon Cooper

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Esta Tierra (Media) es mi Tierra

Lego vuelve a sentar cátedra con un juego épico, apasionante y divertido

Lego vuelve a sentar cátedra con un juego épico, apasionante y divertido

Aún con el gozoso soniquete de la fantástica “Legopelícula” (ya se sabe, el “todo es fabuloso” que sustituye al estajanovista y mítico “hi-ho” de los enanitos de Blancanieves) en la cabeza, la fábrica de sueños troceados no da descanso y lanza su nueva maravilla: “Lego: El Hobbit”, un juego que sigue la línea maestra de su anterior y memorable entrega alrededor de “El Señor de los Anillos” aunque, lógicamente, adaptándolo a la nueva trilogía de Peter Jackson. Concretamente, como es natural, en las dos primeras películas, “Un viaje inesperado” y “La Desolación de Smaug”, que ya de por sí acumulan material de sobra para lanzar toda una línea de videojuegos.

Los escenarios y parajes de la Tierra Media nos dejarán boquiabiertos en más de una ocasión

Los escenarios y parajes de la Tierra Media nos dejarán boquiabiertos en más de una ocasión

Así, el título nos teletransportará a una increíble aventura en la Tierra Media en la que nos uniremos a Bilbo Bolsón, Gandalf el Gris y Thorin Escudo de Roble, con un argumento que sigue de cerca las orillas cinematográficas consabidas (recordemos que el texto original de Tolkien cabe prácticamente en un post-it): Bilbo deberá dejar su confortable vida en Hobbiton para embarcarse en una aventura con una compañía de Enanos que reclama su reino perdido, Erebor, en la Montaña Solitaria. En el camino tendrán que enfrentarse a Trolls, Orcos e incluso a Gollum y su preciado anillo. Por tanto, el componente de explotación es uno de los principales del juego, que nos planta ante los ojos a la Tierra Media en todo su esplendor, pudiendo visitar entornos de las películas como el agujero Hobbit de Bilbo en Hobbiton, así como atravesar el paso de las Montañas Nubladas y peinar las profundidades de la Ciudad de los Trasgos, Mirkwood y Rivendell.

Gandalf será uno de los personajes que podremos controlar, junto a Bilbo, Thorin y los enanos

Gandalf será uno de los personajes que podremos controlar, junto a Bilbo, Thorin y los enanos

Pero no todo es turismo fantástico, ya que la acción y la pura aventura se lleva la palma del juego, junto a los puzles de rigor: en nuestras misiones de búsqueda del tesoro tendremos que recoger minas, luchar contra los enemigos más fieros imaginables, crear armas mágicas y contruir enormes estructuras típicamente “legonianas” para avanzar y superar obstáculos. Aparte, podremos jugar con los personajes más carismáticos de la saga: Bilbo, Gandalf y todos los enanos: Thorin, Fíli, Kíli, Óin, Glóin, Dwalin, Balin Bifur, Bofur, Bombur, Dori, Nori y Ori, cada uno con sus divertidas y especiales habilidades (por ejemplo, Bombur podrá utilizarse como trampolín para que sus compañeros pueda escapar del peligro saltando sobre su barriga). La combinación de elementos y la forja de nuevos objetos en la herrería, utilizando el Mithril -el metal más preciado de la Tierra Media- también será vital para salir airosos de una epopeya que brilla con luz propia en todas las consolas (impresionantes los gráficos, los escenarios y ese humor marca de la casa), y con amplias posibilidades multijugadoras. Lo dicho, un nuevo sobresaliente para Lego, que sigue redefiniendo el subgénero de blockbuster peliculero magistralmente.

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Titánico mech and roll

Sangre verde "haloniana" para uno de los "games of the year"

Sangre verde “haloniana” para uno de los “games of the year”

Ya lo dicen los clásicos: para hacer un buen western solo se necesitan caballos y rifles. Pues, para firmar un videojuego cañero y carismático, con unos robots gigantes y un viejo espíritu shooter convenientemente renovado, va que chuta. Aunque, dicho así, parece coser y cantar y nada de eso. Que se lo digan a Vince Zampella y Jason West, que después de levantar Infinity Ward y crear la todopoderosa saga “Call of Duty”, cogieron el finiquito de Activision, ficharon por Electronic Arts y, hace cuatro años, fundaron Respawn Entertainment, estudio que al fin da a luz su primera criatura. Y menuda criatura: nada menos que uno de los títulos más esperados y rugientes del año: “Titanfall”.

El FPS se reinventa gloriosamente en la primera criatura made in Respawn

El FPS se reinventa gloriosamente en la primera criatura made in Respawn

Tal y como reza la promoción, “Titanfall” es un “nuevo universo en el que se yuxtaponen lo pequeño frente a lo gigante, lo natural frente a lo industrial y el hombre frente a la máquina“. En resumen, el clásico canto “al cuerpo eléctrico” de Whitman pero adaptado al cambio de raza entre la última y la nueva generación consolera, y con una cantidad de fuentes y raíces muy profundas (“Blade runner”, “Ghosts in the shell”, “Quake 3 Arena”) que harán las delicias de los adoradores de un género prácticamente eterno. También es alargada aquí la vieja sombra de Mazinger Z, ya que de lo que se trata es de controlar a unos autómatas de siete metros, con sus armaduras y propulsiones, enfrascados en una guerra futurista de mil pares de narices. Un conflicto que, además, nos otorga la libertad para luchar tanto como un piloto de asalto de élite o como un bicharraco enorme y lleno de chatarra, pero que se mueve con la elegancia del primer bailarín del Bolsói. Y es que “Titanfall” replantea los movimientos y los fundamentos de combate dando a los jugadores la capacidad para cambiar de táctica sobre la marcha, atacando o escapando dependiendo de la situación.

Los escenarios, la jugabilidad y la potencia pura garantizan muchas horas gloriosas

Los escenarios, la jugabilidad y la potencia pura garantizan muchas horas gloriosas

Uno de los grandes atractivos del juego es su alma cien por cien multijugadora, una nueva experiencia que combina la rápida acción online con los heroicos momentos en los que tradicionalmente se fundamenta el modo campaña. La unión de ambos, y las posibilidades de mejora y edición de nuestros titanes, es una de las características claves que concede a esta bestia su particular identidad. Aparte, el esplendor gráfico de escenarios, personajes y niveles es sencillamente magistral, con una suavidad sedosa en mitad del infierno en el que nos moveremos, con tanto robot del tamaño del Himalaya controlado propia y ajenamente, con armas y habilidades de destrucción masiva como las Smart Gun o las Burns Cards, mapas, líneas argumentales, duelos y quebrantos mil y, en fin, la sensación de estar ante un juegazo de pies a cabeza, sobre todo si se disfruta con la cuenta Gold y una conexión a internet “niquelada”. Porque, la verdad, perlas como ésta justifican la compra de la Xbox One. Por fin.

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La última noche en la que me suicidé

Suicídate tú. No, mejor tú. Las damas primero. Venga, a la de tres...

Suicídate tú. No, mejor tú. Las damas primero. Venga, a la de tres…

Venga, seamos sinceros, ¿a quién no se le ha pasado por la cabeza alguna vez dejar una nota al juez, encaramarse al viaducto o decir “adiós, mundo cruel”? Razones no faltan, desde luego, pero al final siempre hay algún aguafiestas que te chafa el plan. O cuatro. Precisamente de eso versa el estreno de la semana, basado en la estupenda novela del gran Nick Horbny “En picado”:

“Mejor otro día”. Un “club de los suicidas” de la señorita Pepis, como decimos por aquíPierce Brosnan y Toni Collette hacen lo que pueden con sus personajes veteranos, pero Imogen Poots y el estajanovista Aaron Paul demuestran que aún están algo verdes, al menos para la gran pantalla. Pese a todo, lo más destacado de la semana, para que veamos cómo está el nivel. ★★

“El poder del tai-chi”. El bueno de Keanu Reeves sigue empeñado en demostrarnos los intríngulis de las artes marciales, ahora haciendo doblete como actor y director. Aunque no somos fans del asunto, el chaval se defiende (bueno, chaval no que ya tiene una edad). ★★

Keanu, de pequeño Buda a pequeño saltamontes en 20 añitos

Keanu, de pequeño Buda a pequeño saltamontes en 20 añitos

“Seguridad garantizada”. Una duda me corroe con esta película: ¿la pusieron ya en el Plus hace unos meses? Y, si es así, ¿qué sentido tiene repescarla ahora en pantalla grande? Además, la historia (unos zangolotinos enfrascados en unos viajes en el tiempo chapuceros) no era nada del otro mundo, a pesar de ganar algún premio en Sundance, que tampoco es lo que era, desde luego. A la papelera de reciclaje. ★★

“Anochece en la India”. Para que no se diga, recomendemos una española, principalmente por Juan Diego, que ganó el premio al mejor actor en Málaga. El título, aunque espantoso, refleja bastante bien lo que esta historia de oportunidades perdidas recuperadas en tiempo de descuento. ★★

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Mario y Espe

El fontanero, la izquierda "exquisita" y otras cosas de meter

El fontanero, la izquierda “exquisita” y otras cosas de meter

Ya decía Woody Guthrie que su guitarra era la mejor arma para matar fascistas. Eso, porque no aún no había joysticks ni gamepads ni similares. Y mucho menos un héroe polivalente como Mario, que lo mismo sirve como fontanero que médico, golfista (ojo a “Mario Golf World Tour”, al caer para 3DS), piloto de carreras (ídem a “Mario Kart 8”, inminente esperanza blanca de la WiiU) que rescatador de princesas o azote de iracundos derechones. Esto último lo descubrimos en una pegatina en plena calle, concretamente al lado de los cines Méndez Álvaro de Madrid, antes de entrar al preestreno de “Noé”. Caray, ¿sabrá Nintendo que su icono ha inspirado a unos “simpáticos” ultraizquierdistas antisistema (de los que hemos obviado sus señas de contacto en la imagen por razones obvias y cívicas) para aplastar a tirios, troyanos, corruptos y obispos?

Definitivamente, aquí el que no corre vuela

Definitivamente, aquí el que no corre vuela

Hablando de inspiración, ya estaba tardando que algún avispado sacase beneficio -al menos publicitario- del incidente automovilístico de Esperanza Aguirre (amplificado hasta niveles grotescos por la propia y soberbia protagonista y por la mala baba de las redes sociales): con ustedes, “GTAguirre”, un jueguecillo más sencillo que el mecanismo de un sacapuntas pero que se sube al carro del oportunismo y la coña marinera, dos de las “marcas España” más recalcitrantes. Y así todo. Ya lo decía el poeta: “La vida es y no es un dulce coñazo”.

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