Escotazos y cortinillas

Adams y Lawrence, a punto para la pelea de gatas despechugadas

Adams y Lawrence, a punto para la pelea de gatas despechugadas

Si algo hay que alabarle a David O. Russell en “La gran estafa americana” es su capacidad de que, durante dos horas y cuarto, miremos a los ojos de su historia en vez de a su peinado o a su canalillo. Y cuesta lo suyo, porque el vestuario y la peluquería del filme pueden perfectamente pasar a la historia del cine como los más rocambolescos, aparatosos, estrambóticos y pelín patéticos habidos y por haber. Algo que, por otro lado, también podría aplicarse a los personajes de una farsa mayormente socarrona e inteligente, y sin las aspiraciones a ser “bigger than life” en las que cae Scorsese en “El lobo de Wall Street”, sin ir más lejos. Porque, hombre, la historia tampoco lleva la firma de un David Mamet o hasta unos hermanos Coen: la vieja parábola de doble hélice del timador timado y viceversa, con un poco de FBI, un poco de mafiosos de casino (de provincias más bien) y otro chorreón de política parda (servida por el alcalde de Nueva Jersey, para más escarnio). Hasta ahí, todo normal.

Cooper, dándole donde más le duele al cartoniano Bale

Cooper, dándole donde más le duele al cartoniano Bale

Pero donde realmente da el do de pecho (nunca mejor dicho, sobre todo en el caso de una Amy Adams que ya pide a gritos un Oscar; por cierto, el filme opta a diez estatuillas, nada menos) es en la nómina de personajillos que desfila por una pasarela tardosetentera repleta de cretona, moqueta, esmalte podrido y lacas estratosféricas. No solo el cuarteto protagonista -destacando un ternesco Christian Bale que podría servir de villano para Batman sin despeinarse-, sino algunos secundarios de lujo como Jeremy Renner (ese tupé modelo Atlantic City), Louie CK (lo que el cine se estaba perdiendo), Jack Huston (aunque sin la máscara de “Boardwalk empire” queda raro) y hasta un Robert De Niro que tampoco se libra de la escabechina capilar de un director que sigue afianzándose en el cogollito de Hollywood tras “The fighter” y “El lado bueno de las cosas” (por cierto, Jennifer Lawrence va a acabar con camisa de fuerza si sigue por ese camino). A pesar de sus pequeñas caídas de tensión y de algún recurso cogido con alfileres (¿un macarroni hablando árabe como si estuviera charlando con su mamma en la cocina?), la peli mola bastante. Y la banda sonora, también. Aunque, sinceramente, cualquier filme donde no aparezcan ciclistas, móviles ni perros gana muchos enteros. Manías que tiene uno.

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1984

tetris

Alexey Pajitnov, junto a su creación más eterna: “Tetris”

Para más de uno, la imagen más imborrable de 1984 tuvo lugar en la final femenina de la maratón de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, con la suiza Gabriela Andersen, deshidratada y prácticamente zombi (los zombis de toda la vida, se entiende) recorriendo dramáticamente los últimos metros de la prueba antes de entrar a la meta. Algo que, más o menos, se puede aplicar a la industria del videojuego, que ese año, hace justo tres décadas. vivió uno de sus momentos más cruciales, y tambaleantes, de su reciente historia. Pero también fascinantes, ya que probó la capacidad de levantarse del fango y reinventarse de un sector que, en ese momento, podía haberse quedado poco menos que para vestir santos o para surtir a cuatro geeks mal avenidos.

En el año olímpico, Daley Thompson fue el campeonísimo en varias pistas

En el año olímpico, Daley Thompson fue el campeonísimo en varias pistas

Tan solo unos meses antes, el maná llovía del cielo, el vellocino de oro estaba más cebado que nunca y los presidentes de Nintendo y Atari, los señores Arakawa y Lincoln, devoraban salmón de crianza y brindaban con Dom Perignon en un jet privado que les conduciría a la tierra prometida. En breve, acabarían tirándose los trastos a la cabeza, aunque Warner acudiría al rescate de la pachucha Atari, con más de medio billón de dólares en pérdidas. Pero los malos augurios, operaciones fallidas y colapsos digestivos empezaron a fraguarse rápido a lo largo de 1983, con caras largas en ferias como la Summer Consumer Electronics Show de Chicago y, sobre todo, la monumental resaca del lanzamiento del juego de “E.T. El extraterrestre”, que despachó millón y medio de unidades… aunque dejó sin vender otros dos millones y medio (enterradas en el desierto de Nevada, según la recurrente leyenda urbana), perfecta muestra de cómo iban las cosas.

Erving y Bird, tan amigos en los videojuegos...

Erving y Bird, tan amigos en los videojuegos…

...como archi-rivales en las canchas solo unos meses después

…como archi-rivales en las canchas solo unos meses después

Pero, en mitad del maremoto, 1984 mostró músculo y cerebro: por una parte, con el advenimiento de compañías de flamante estreno como Electronic Arts, que dieron en el blanco fichando por 25.000 dólares a Julius Erving y, de rebote, a Larry Bird (cuestión de compadreo entre agentes) para poner la primera piedra del género deportivo personalizado: el “Dr. J and Larry Bird go One on one”. Por otro lado, nuevos prodigios del ocio electrónico como el Commodore 64 dieron un impulso crucial al sector, animando a la programación casera y a la creación de sellos independientes Aunque, por supuesto, lo mejor fueron los videojuegos. Porque en 1984 hubo títulos cruciales y legendarios de todos los colores y géneros, siempre con la consigna de mantener un ojo en los salones recreativos y otro en las consolas domésticas.

El eslogan de "1942", toda una declaración de intenciones

El eslogan de “1942”, toda una declaración de intenciones

"Bomb Jack", otro de los arcades irresistibles de aquellos maravillosos y revolucionarios tiempos

“Bomb Jack”, otro de los arcades irresistibles de aquellos maravillosos y revolucionarios tiempos

Con esa idea surcó los aires “1942”, memorable hazaña bélica en scroll vertical para “pasarse con una sola moneda“ (a ver quién era el guapo) y que, como los grandes, no tardó en generar clones e imitadores; “Karate Champ“, pionero junto a “Yie ar kung fu“ del beat más pegón que pronto abandonaría al académico tatami para lanzarse a arenas más peligrosas y “kombativas“; “Kung-Fu Master“, germen de las irresistibles y macarras aventuras “repartidoras“ en horizontal que eclosionaría a finales de década; “Bomb Jack“, uno de los clásicos más adictivos y divertidos que se recuerdan; los también míticos “Paper boy“, “H.E.R.O.”, “Bank Panic“, “Pac-Land“, “Lords of midnight“, “Hogan‘alley“, “Tennis“, “ExciteBike“, “Duck Hunt“, “Ghostbusters“ (estimable intento de reconciliación entre cine y videojuego después del “affaire E.T.”), “Punch-Out!” (la de monedas de cinco duros invertidas en tumbar a Mr. Sandman)… Eso, sin olvidar que estábamos en un año olímpico: “Summer games“, “Track & Field“, “Hyper sports“ o “Daley Thompson‘s decathlon“ descubrieron el gozoso filón del atletismo “machaca pulgares”.

 

1984 incluso se atrevió con "Fahrenheit 451", de un jugón Bradbury

1984 incluso se atrevió con “Fahrenheit 451”, de un jugón Bradbury

Pero no todo era arcade puro y duro. 1984 también fue generoso en aperturas de campo y reinvenciones del lenguaje jugón merced a títulos casi experimentales como “Elite” (para muchos, el primer juego “inteligente” y con final abierto de la historia), “Deus ex machina” (abstracto, único y “nasciturus”) y adaptaciones conversacionales de novelas míticas de la CF como “Guía del autoestopista galáctico” o “Fahrenheit 451”, que contó con las bendiciones y la colaboración del mismísimo Ray Bradbury. Capítulo aparte merece cierta criatura de laboratorio salida, allá por junio, de la moscovita Academia de Ciencias de la Unión Soviética y que, después de una laboriosísima pugna por sus derechos en Estados Unidos que casi provocó una nueva Guerra Fría, acabaría por convertirse en el videojuego más exitoso de todos los tiempos: un tal “Tetris”. Hablando de exportaciones, en aquellos vertiginosos meses Nintendo daba los últimos retoques a la prima hermana de la Famicom que estaba a punto de cruzar el charco, bajo el nombre de NES, para convertirse en la piedra filosofal de las nuevas generaciones de consolas que iba a catapultar la industria hacia cotas nunca antes soñadas. En fin, que el “año Orwell” cundió bastante, ¿verdad?

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Hard nipples

Silvia Tortosa, luciendo poderío otoñal en "Presentimientos"

Silvia Tortosa, luciendo poderío otoñal en “Presentimientos”

Ojo con el sol de enero, que es muy traicionero (perdón por el pareado). Nos invita a refugiarnos plácidamente bajo cada rayito, como los hermosos vencidos de “Milagro en Milán”, y luego nos atiza con un estacazo helado, como la reinona de “Frozen”. Por algo hoy la cartelera da algo de escalofrío, piel de gallina y hasta tiritona. Aunque, por aquello de romper la cuarta pared, también algunas protagonistas se unen a la ciclogénesis esa, o como se diga, y lucen el “síndrome del hard nipple”, o pezones tan duros como cuchillas de diamante. Véase “Presentimientos”, un curioso cuento de hadas desarrapadas, chulos de puticlú de carretera y princesas comatosas localizado en una urbanización fantasmagórica de la costa mediterránea (por cierto, ¿nadie se ha animado a rodar una de terror en el aeropuerto de Castellón, aunque la de Almodóvar en el de Ciudad Real daba mucho miedo?). Las más o menos acertadas referencias a Lynch y al último Kubrick (Eduardo Noriega parece imitar al Tom Cruise de “Eyes Wide Shut” aprovechando que éste le imitaba en “Vanilla Sky”) conforman una fábula que, en el fondo, es apología del matrimonio feliz y el patriarcado primerizo. Pero ojo a algunos hallazgos corporales, no solo la anatomía de Marta Etura (que no nos cansamos de admirar), sino la de… Silvia Tortosa, que aporta su granito de destape setentero con unas transparencias de lo más turbadoras (ver foto de arriba).

Y Marta Etura, como siempre al desnudo (no solo anatómicamente hablando)

Y Marta Etura, como siempre al desnudo (no solo anatómicamente hablando)

¿Y qué decir de “Nymphomaniac” que no se sepa a estas alturas? Después de que la primera entrega, con sus polifonías, sus arbolitos y sus trenes calientes nos dejara también bastante fríos (pese a los trabajos de Uma Thurman y, sobre todo, Christian Slater) ahora llega la segunda y definitiva entrega, con más de lo mismo pero con protagonista más recatada (una Charlotte Gainsbourg menos dispuesta a “echar una mano” en algunas secuencias de riesgo y por triplicado, véase la foto de abajo). Eso sí, también luce “hard nipples” así que, o es muy friolera, o en el fondo le molaba el plan, que por algo es habitual del cine del mochales Von Trier, que desperdicia una oportunidad de oro para tratar la adicción al sexo desde el prisma femenino tan magistralmente como lo hizo “Shame” desde el masculino. Está claro que incluso cineastas tan “echaos p’alante” como el danés se acongojan ante tamaña empresa, y se ven obligados a irse por las ramas y los psicoanálisis de baratillo para no penetrar sin miedo en el asunto. Moraleja: Menos hablar y más f…, como recuerdan precisamente en “Presentimientos”. Pues eso, a abrigarse que hace fresquete soriano.

Si aprieta el frío, nada mejor que un abrigo humano de doble capa

Si aprieta el frío, nada mejor que un abrigo humano de doble capa

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Finalísima Fantasy

La heroica Anies vivirá un épico pulso entre luz y oscuridad en este gran título

La heroica Anies vivirá un épico pulso entre luz y oscuridad en este gran título

Ha sido uno de los regalos navideños más lucidos, bonitos y hasta inesperados, ya que muchos dudaban de que el niponísimo “Bravely Default” acabara pisando suelo europeo. Y no solo lo ha hecho, sino que ha llegado al viejo continente antes de hacer las Américas, y con contenido especial gracias a una edición mejorada con gráficos más cuidados, animaciones entre charleta y charleta, interfaz más intuitiva y tres niveles de dificultad, aparte de audio en inglés y japonés y subtítulos en castellano (más francés, alemán e italiano). Y, de propina, edición Deluxe, con figura de la prota, libro de arte, 24 tarjetas de realidad aumentada y BSO de altura firmada por Revo, líder de Sound Horizon y uno de los músicos más poliédricos y prestigiosos de Japón. La verdad es que el despliegue merece la pena y se justifica, pues Square Enix, como sabemos máximas autoridades en el género RPG, ha querido apostar fuerte por un título con alma clásica (la vieja pugna entre luz y oscuridad) pero características y apariencia innovadora.

La desbordante imaginería y el toque sexy vuelven a ser denominador común del género

La desbordante imaginería y el toque sexy vuelven a ser denominador común del género

El argumento nos traslada a la fascinante región de Luxendarc, tierra de contrastes y claroscuros, donde campa Anies Oblige, una diecisieteañera con la capacidad de controlar al Cristal del Viento, lo que le llevará a emprender una epopeya para conseguir los legendarios Espíritus de los Cristales. Contará con la ayuda de Tiz Oria, misterioso y superviviente, la zagala de Eternia Edea Lee y el liante Lingabel. Entre todos se guisan y comen una aventura amplia (puede irse a las sesenta o setenta horas de duración sin despeinarse), con enemigos que avivan el lado chungo de los protas (ojo al grupo de la Eternia Air Force, con caballero, monje, mago negro y maga blanca dispuestos a levantar dolores de cabeza a nuestra heroína Anies) y con todos los elementos fantásticos que encandilarán a los fans, que pisarán terreno firme y conocido.

Y es que la influencia de la saga “Final Fantasy” es evidente en el entramado de “Bravely Default”, sobre todo su quinta parte, gracias a un sistema de trabajos basado en dos estilos de habilidades en batalla los comandos de trabajo (órdenes de ataque y magia) y las habilidades de apoyo (realizadas automáticamente). Gracias a este sistema iremos sumando puntos y experiencia para librar batallas épicas contra los numerosos enemigos que nos cruzaremos en los diversos y espléndidamente diseñados territorios (urbanos y naturales, todos de traca) de un juego de largo recorrido y etiqueta negra. Todo un lujo a nuestro alcance, sí señor. Que no se extinga la llama de espada y brujería pin-up.

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Menos lobos

Adiós pardillos, voy a por mi Oscar

Adiós pardillos, voy a por mi Oscar

Después de pasarme 180 minutos en el cine viendo cómo la gente consultaba desesperadamente el móvil para ver qué fucking de hora era y cuándo acababa “El lobo de Wall Street”, solo tengo una duda: ¿qué habría hecho Joe Pesci si el mamonazo protagonista, sobrino putativo del gran Gatsby 2.0, le hubiese tendido el bolígrafo de marras? Bueno, también tengo otra: ¿hace cuántos años que Scorsese no rueda una buena -buena de verdad- película? ¿20? ¿25? ¿30? Seamos caritativos y dejémoslo en 19. E incluso otra: ¿de verdad Leonardo DiCaprio se va a llevar el Oscar por emular a Jim Carrey subiéndose a un Ferrari blanco totalmente colocado? Y hasta una más: ¿alguien está promocionando a Jonah Hill como el nuevo Philip Seymour Hoffman o qué? Y, ya puestos: ¿cómo es que los Razzies no se han fijado en Margot Robbie, esa Barbie tamaño natural demasiado perfecta para todo menos para un pequeño detalle: actuar?

Chúpate esa, Blesa

Chúpate esa, Blesa

No me gusta meterme con la gente de la tercera edad, pero Scorsese tendría que hacérselo mirar. No solo por el desmedido metraje (“exuberante”, lo llaman algunos) de esta enésima fábula tardochentera sobre el auge y caída de un cateto codicioso y vendemotos a base de timar a catetos tan codiciosos como él, sino por su intención de que el tipejo nos caiga bien (incluso saca al auténtico “lobito” al final de la película) cuando, no lo olvidemos, si usted está en el paro, si le han embargado la casa o si le ahogan las deudas es gracias a gentecilla como esta y a su séquito de adoradores. Además, todo bañado con la chulería de mirar por encima del hombro al espectador, ahorrando explicaciones sobre sus mangoneos porque él es el Amo del Universo (eso es de “La hoguera de las vanidades”, por cierto) y el resto, nosotros, mortales molientes. Diálogos interminables sobre temas triviales (desde contratación de enanos a discusiones de alcoba), un continuo arranca-para, un tono indefinido (a veces sátira afilada, otras comedia gruesa con toques dramáticas y nula intriga policial), mucha teta, coca y aullido de vergüenza ajena y demasiado barro en los zapatos que mancha sus innegables virtudes (no olvidemos que Scorsese siempre es Scorsese, a pesar de sus bulas) definen un filme que, en otras manos (un Paul Thomas Anderson, si de exuberancia y de sectas “iluminadas” hablamos) tendría otro calado. En fin, voy a ver si en la TDT echan otra vez “Taxi driver”.

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Fiesta suprema

Luigi, Peach, Wario, Daisy, Toad, Blooper, Boo, Bowser (e hijo), Chain Chomp, Cheep Cheep, Flutter, Goomba, Hamer Bro., Magikoopa, Koopa Troopa, Lakitu, Luma, Monty Mole, Rosalina, Yoshi, Shy Guy, Warluigi... todos al guateque de Mario

Luigi, Peach, Wario, Daisy, Toad, Blooper, Boo, Bowser (e hijo), Chain Chomp, Cheep Cheep, Flutter, Goomba, Hamer Bro., Magikoopa, Koopa Troopa, Lakitu, Luma, Monty Mole, Rosalina, Yoshi, Shy Guy, Warluigi… todos al guateque de Mario

Después de las fiestas, más fiestas. Concretamente, la proporcionada por uno de los mejores maestros de ceremonias de todos los tiempos. Por algo Mario es todo un experto en guateques y jaranas desde los lejanos tiempos de la N64, consola que albergó sus primerísimas entregas de “Mario Party”. Seguidamente, la GameCube y la Wii cogieron el testigo en las consolas de sobremesa, aunque también las portátiles de la casa acomodaron sus salones para echar unas cuantas partidas dicharacheras. Tras la GBA y la DS, ahora le toca el turno a la 3DS, también dispuesta a acoger los siete tableros diferentes y los 81 nuevos minijuegos de esta “isla de la fantasía” llamada “Mario Party Island Tour”. La mecánica de juego sigue basándose en los tradicionales juegos de mesa y tablero, con dados y casillas para el desplazamiento de los personajes. Sin embargo, en esta ocasión cada uno de los siete tableros estará regido por sus propias reglas, su nivel de dificultad peculiar y sus dimes y diretes. Así, habrá ocasiones en las que tendremos que asociarnos y en otras podremos ir por libre. También variarán los obstáculos y las “trampillas especiales” (estilo de oca a oca, ya se sabe) y los potenciadores, con más presencia e ingenio que nunca.

Más de 80 pruebas e infinidad de sorpresas para convertir la cuesta de enero en jaranera montaña rusa

Más de 80 pruebas e infinidad de sorpresas para convertir la cuesta de enero en jaranera montaña rusa

Pero la salsa de estos juegos son los minijuegos (hoy estamos sembrados en los arranques). Aquí habrá de todo, desde retos para probar nuestra rapidez, concentración o suerte (estilo tragaperras), hasta carreras por tierra, mar o aire, y desafíos arcade cómo disparar indiscriminadamente a un puñado de personajillos. Tampoco faltarán pruebas de dibujo y asociación donde utilizaremos el stylus de la consola. Y tampoco faltan los que aprovechan las posibilidades de las tarjetas de realidad aumentada, o puzles para sacar partido a las 3D de la consola. Todo ello, como siempre, con el toque rabiosamente arcade y divertido de los juegos plataformeros (y variantes) de Nintendo, y con el plus de unos gráficos que lucen mejor que nunca en la 3DS (y si es XL no digamos). Evidentemente estamos ante una de las franquicias más clásicas del “planeta Mario”, y ningún fan quedará defraudado ante este surtido generoso e ideal para jugarlo con otros tres amigos gracias a la conexión wifi. A partir del viernes, tendremos fiesta suprema de verdad, no la tontuna esa de La 2.

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Galletas surtidas

El cinturón del peso viejuno, en juego por todo lo alto

El cinturón del peso viejuno, en juego por todo lo alto

Nada de bajar la guardia, abrazar oseznamente al rival ni bailotear como una mariposa: la mejor receta para empezar el año con buen pie es encadenar un buen surtido de puñetazos, patadas y golpes nada bajos. Y eso es lo que ofrece la cartelera de hoy viernes: una gran velada en dos asaltos épicos. Segundos fuera y que suene la campana. En una esquina tenemos “La gran revancha”, esperado y crepuscular (o lo siguiente) encuentro entre Rocky Balboa y Toro salvaje, o lo que es lo mismo, Stallone y De Niro. Dos tipos que reinaron en la categoría de los pesados de Hollywood en los 70 y 80, en muy diversos rings, pero que tenían que haber colgado los guantes a tiempo hace unos cuantos lustros. Y eso que “Rocky Balboa”, la sexta entrega del “potro italiano”, fue memorable, y a De Niro aún le quedan algunos buenos golpes en la recámara (“La vida de Flynn”, “El lado bueno de las cosas” o algunos momentos de “Malavita”). Lástima que el director, Peter Segal (con recordar que su último filme fue “Superagente 86” hace seis años ya está todo dicho) no mueva un ápice de su actividad neuronal y creativa más allá de algún guiño de épocas pasadas, confiando todo el andamiaje del filme en la reunión en la cumbre y, claro, de tanto codazo cómplice acabamos con el brazo dormido. Ay la nostalgia, qué mala es. Y el no saber retirarse con dignidad, más aún…

Las chinas también son guerreras

Las chinas también son guerreras

Y, en la otra esquina, un poco de “yoyas” orientales etiqueta negra. Porque “The Grandmaster” está dirigida por Wong Kar-Wai, artífice de maravillas incontestables como “Deseando amar” o “2046”. Aquí, se aplica a la moda de “artes marciales deluxe” que inició Ang Lee con “Tigre y dragón” y siguió Zhang Yimou y tantos otros, para narrar la peripecia, golpe a golpe y casi verso a verso, del maestro de Bruce Lee, en otro combate “bigger than life” descrito con una exquisitez visual a veces apabullante. Por si fuera poco, también nos regala la vista con las también pegadoras y pegadizas señoritas de El Pabellón de Oro, más un fresco histórico alrededor de la convulsa historia de China en los años 30, con Japón midiéndole el lomo. Muchos dados para un mismo cubilete, pero el esfuerzo merece la pena. En fin, que entre tanta adrenalina y “hule” fino, no viene mal completar la tarde con el disfrute de Elena Anaya, cual Pepita Piscinas minimalista, indie y porteña, en “Pensé que iba a haber fiesta”, otra de las pelis majas del día. Aunque, para maja, ella, sus bikinis y sus uñas amarillas.

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Desembarco 2014

El Jefe Maestro y los suyos serán indiscutibles protagonistas del año

El Jefe Maestro y los suyos serán indiscutibles protagonistas del año

El recién estrenado año será, evidentemente, el de la consolidación de las consolas de octava generación. Algo que se hace patente en las novedades jugonas que nos esperan en los próximos 12 meses, y que centrarán sus esfuerzos en la Xbox One y la PS4, cuyas ventas siguen subiendo como la espuma (sobre todo la consola de Sony, con más de cuatro millones de unidades despachadas). Véanse títulos como “Halo 5” (dinamita fina para la One), “Infamous Second Son” (sandbox que echará chispas para la Cuatro), el fantástico “Destiny”“Castlevania: Lords of Shadows 2” (con Drácula enseñando los colmillos), el retro “Dark Souls 2” o los crujientes “Titanfall”, “Thief”, “Watch_Dogs”, “Lightning Returns” o “Metal Gear Solid 5”. Y que nadie olvide a la Wii U, que intentará subírsele a las barbas al dúo dinámico de la competencia con joyas como “Bayonetta 2” o “Mario Kart 8”. En fin, que se avecina una temporada la mar de interesante en territorio jugón.

Clooney y Damon, pareja de ases en la esperada "The monuments men"

Clooney y Damon, pareja de ases en la esperada “The monuments men”

Y en el cine, tres cuartas partes de lo mismo. En menos que canta un gallo, o un Llewyn Davis, desfilarán ante nuestros ojos lo nuevo de Scorsese (“El lobo de Wall Street”), Polanski (“La Venus de las pieles”), Clooney (“The monuments men”), Villeneuve (“Enemigo”), Anderson (“El gran hotel Budapest”), Aronofsky (“Noé) y, a la vuelta del verano, Eastwood (“The Jersey boys”), Fincher (“Gone girl”) o Scott (“Exodus”). Aparte, cómo no, de celuloide palomitero para dar y tomar: por orden de aparición tendremos “Robocop”, “Tarzán”, “300: el origen de un imperio”, “Capitán América: El soldado de invierno”, “Need for speed”, “The amazing Spider-Man 2”, “Godzilla”, “Maléfica”, “El amanecer del planeta de los simios”, “Guardianes de la galaxia”, “Resident evil 6”, “Hércules”, entre los nuestros “Torrente 5”, “REC 4” y el nuevo “Mortadelo y Filemón” de Fesser, y las nuevas entregas de “Los juegos del hambre” y “El Hobbit” para ir cerrando el año. A tomar aire y a dosificar el esfuerzo, que tenemos casi 360 días por delante.

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