El frotar se va a acabar

Cameron, en felina pose "feet'n'sole" antes de aplicarse en la mecánica fina a lo "Crash"

Cameron, en felina pose “feet’n’sole” antes de aplicarse en la mecánica fina a lo “Crash”

Mientras asistía a la proyección de “El consejero” (¿por qué narices no han traducido “The counselor” como “El abogado”, que así llaman al peripatético personaje de Fassbender todo el rato?), interminable, tediosa y abotargada por culpa de la modorra de la sesión de las cuatro de la tarde y del primer resfriado del otoño/invierno, no podía dejar de preguntarme una cosa: ¿para qué demonios se habrá metido uno de los tres o cuatro mejores escritores del mundo, a sus venerables 80 años de edad, en semejante berenjenal? Sorpresas te sigue dando la vida: Cormac McCarthy, al que adoraremos de por vida por “Trilogía de la frontera”, La carretera” o “Suttree”, ha pagado la novatada de su estreno como guionista de Jolibú, tal vez deslumbrado por la lluvia de Oscar que se llevó la adaptación de su “No es país para viejos” (recordemos sus sorprendentes imágenes dando botes en la platea, como un hooligan quinceañero). O igual su tesorero le timó, como a Leonard Cohen, y el hombre necesita unos dólares para asegurarse su “edad de oro”. Sea como fuere, aquí ha pinchado en hueso a base de bien.

Pitt y Fassbender, pensando en qué habrán hecho ellos para merecer esto

Pitt y Fassbender, pensando en qué habrán hecho ellos para merecer esto

No tanto por el argumento, un cúmulo de tópicos thrilleros (nunca mejor traído el juego de palabras) alrededor de un pobre pardillo leguleyo al que embaucan para un turbio asuntos de drogas en la frontera que nunca acaba de interesarnos ni de engancharnos, sino sobre todo por el envoltorio de celofán brillante (de bazar chino, vamos) con que lo recubre: una tabarra de diálogos sentenciosos, pedantes y huecos (estilo “The newsroom”, salvando las distancias) que salen como si nada de la boca de un camarero cuate, de un imponente (este sí) Bruno Ganz o de un narco de chiste (menudo añito que lleva Bardem, en el aguijón del alacrán, el curita plomizo de Malick y esto), incluyendo a Machado y todo, el pobre. ¿Dónde quedaron los diálogos secos y brutales santo y seña de su autor? Para equilibrar un poco el asunto, se saca de la manga una de las escenas más ojipláticas y alipóricas que hemos sufrido en los últimos tiempos (más o menos, desde que vimos “Holy motors”): la tigretona Cameron Díaz (que ya tiene una edad, ay) frotándose despatarrada, y con la depilación brasileña en carne viva, en la luneta delantera de un Ferrari ante la mirada espantada de nuestro tocayo. ¿Hace una combiación de squirting y limpiaparabrisas para una posible versión-parodia X? Demasié.

Poco más se puede añadir de este rollo macabeo que confirma la decadencia de un Ridley Scott que empezó a tocar fondo con su igualmente decepcionante “Prometheus” (esperemos que con su “Exodus” repunte un poco). Tan solo la curiosidad de descubrir a Fernando Cayo, el memorable Tino de “Manos a la obra”, haciendo las Américas interpretando a otro picapleitos fugaz, y a una Rosie Pérez -con creciente parecido a una Lola Gaos chicana– que vuelve a reunirse con su “Romeo Dolorosa” quince años después de “Perdita Durango”. Qué vueltas da la vida para acabar en el mismo sitio, ¿verdad? Menos para , que sigue sin quitarse de la boca el acento y la risotada cheli de Alcobendas, aunque esté envuelta en sedas y diamantes. Por cierto, quien necesite más argumentos para apoyar la mediocridad de “El consejero”, allá va el definitivo: a Boyero le ha molado bastante.

Este sí que es un Cormac McCarthy de toma pan y moja...

Este sí que es un Cormac McCarthy de toma pan y moja…

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Policías y ladrones, digo corredores

La persecución pura y dura vuelve a ser la esencia de la saga

La persecución pura y dura vuelve a ser la esencia de la saga

Después de casi una veintena de años y otros tantos títulos en primera línea de la pole, y en los que ha recorrido de pe a pa todo el espectro del género de carreras y aledaños, lo han vuelto a hacer. “Need for speed: rivals” regresa a la esencia de la saga de conducción y persecución por excelencia de ayer y de siempre. Porque, cada título y cada paso de “MFS” (“Underground”, “Most wanted”, “Shift”, “Carbon”, “Undercover”, “The run”…), y cada experiencia y hasta presentación de cada novedad, nos ayuda a tejer el apasionante mosaico de este sector en las dos últimas décadas, cuando éramos jóvenes airados y un poco tuneados. Dejémenos de nostalgias y zarandajas, porque, de hecho, este estupendo juego va a ser uno de los primerísimos espadas que den el pistoletazo de salida, esta misma noche, a la flamante PlayStation 4, así que la ocasión no podía ser más perfecta para disfrutar de sus prodigios.

El catálogo de bólidos a nuestro servicio será de impresión

El catálogo de bólidos a nuestro servicio será de impresión

El primero, cómo no, es elegir si queremos jugar como policía o como corredor, ya que cada bando tendrá sus propios retos, apuestas, recompensas y consecuencias: si vamos al margen de la ley nuestra meta será alcanzar la fama corriendo riesgos y capturando en vídeo nuestras huidas más espectaculares para fardar ante todo el mundo. Cuantos más policías esquivemos, más Speedpoints tendremos en las alforjas, para ir desbloqueando nuevos coches y objetos. Pero si nos ponemos la gorra de poli tampoco nos aburriremos precisamente, ya que formaremos parte de un equipo de persecución colaborando con otros jugadores y así conseguir prestigio y progreso en los rankings de la Fuerza Policial para desbloquear vehículos y tecnología de persecución. Aunque el alma de “Rivals” es este épico pique de gato y ratón, su columna vertebral llega con All-drive, un novedoso sistema que rompe barreras entre los modos de juego en solitario y multijugador, gracias a una competición directísima, sin salas ni esperas, con corredores de todos el mundo con los que nos cruzaremos, o chocaremos, creando un mundo en el que jamás vivirás dos momentos o dos eventos iguales. Una pasada, la verdad.

El Ferrari F12 berlinetta, la joya de la corona del juego

El Ferrari F12 berlinetta, la joya de la corona del juego

Pero, ¿qué sería de un juego de coches sin coches? Para que el listón se mantenga, esta edición viene con alfombra roja incorporada, y nunca mejor dicho porque supone el esperadísimo regreso de Ferrari a la saga después de siete años de ausencia. Por fin nos podremos poner al volante de algunos de los bólidos más lujosos del mundo, incluido el F12 berlinetta y otros muchos cochazos para quitar el hipo. Por supuesto, las principales escuderías y marcas del mundillo también estarán disponibles, y con un abanico enorme, marca de la casa, de edición y modificación para potenciar nuestro coche con con nuevas pinturas, decoraciones, matrículas personalizadas, llantas y vinilos. Ya bien maqueados y “niquelados”, nos lanzaremos como jabatos a los numerosos circuitos e itinerarios disponibles (y estupendamente diseñados y recreados), para peinar el asfalto bien sea como pilotos callejeros llenos de adrenalina y tecnologías evasivas que van desde los inhibidores hasta pulsos electromagnéticos, o como representantes de la ley armados hasta los dientes para realizar detenciones agresivas con ondas de choque, controles de carretera, helicópteros de apoyo, etc. Y pudiendo cambiar de bando sobre la marcha, claro. Lo dicho, un show de primera rabiosamente arcade y que garantiza horas de acción, persecución y disfrute. No podía ser menos tratándose de un “Need for speed”, claro.

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Más sangre verde

Todo un espectáculo entre sangre y arena

Todo un espectáculo entre sangre y arena

Seguimos con el repasito de los juegos de despegue de la Xbox One que arrancábamos ayer con dos de sus piezas más esperadas. Ahora le toca el turno a otra pareja de ases, sobre todo uno: “Ryse: son of Rome”, uno de los juegos que más nos impresionó en los primeros compases de prueba de la consola. Y es que su premisa es irresistible: meterse en la piel, sangre y arena de un Espartaco cualquiera. Concretamente, el soldado romano Marius Titus, que en su empeño por vengar la muerte de su familia y restaurar el honor de Roma debe entablar sangrientos combates en el circo, y de paso liderar sus tropas en batallas masivas para salvar al Imperio Romano de caer antes de tiempo.

Roma no paga traidores, pero sí casquería fina

Roma no paga traidores, pero sí casquería fina

Aparte de una brutalidad que se le supone, sobre todo en pleno Coliseo, y de un argumento históricamente notable que sigue las andanzas de un muchacho que se alista en la Legión Romana, viaja a Britania para vengar la muerte de su familia a manos de bandidos bárbaros, liderando al ejército romano contra sus hordas bárbaras, para más tarde volver a su tierra chica para batirse el cobre en “olor” de multitudes, “Ryse” supone otra valiosa pista de las posibilidades de la consola, gracias a su integración de Xbox SmartGlass (toda una ayuda en tiempo real gracias a su función de guía contextual) y a su complicidad con Kinect. Eso, aparte de un modo multijugador impecable y una sensación de peligrosidad y vehemencia que nos hará revivir una de las épocas más memorables de la humanidad. Tremendo.

Una "casa de fieras" para nosotros solos

Una “casa de fieras” para nosotros solos

Y, hablando de circos, también aterriza en Xbox One un bestiario sobradamente conocido: “Zoo Tycoon”, que ha rediseñado sus cimientos por completo para construir el zoo definitivo, como esa película de Matt Damon y Scarlett Johansson. Con un rediseñado e intuitivo control, el juego nos permitirá interactuar y cuidar de los animales y fieras en una gran variedad de habilidades y hábitats, más grandes y detallados que nunca. Así tendremos que diseñar, construir y gestionar nuestro zoo ideal, desde adoptar a nuestro animal favorito hasta devolverlo a la naturaleza, pasando por ajustar el precio de los refrescos o construir todo tipo de accesorios y mobiliario.

La interacción con los animales será perfecta

La interacción con los animales será perfecta

Una franquicia de lo más relacionada con Xbox no podía dejar pasar el estreno de la nuevo consola. De hecho, la versión One propone algunas novedades como, por ejemplo, subir nuestro zoo a la nube para compartirlo con otros magnates de todo el mundo, y compartiendo sus características hasta cuatro amigos en Xbox Live, donde los jugadores podrán unirse y trabajar conjuntamente para lograr objetivos relacionados con el cuidado y conservación, gracias a la comunicación con otros jugadores a través de Skype. De postre, con Kinect, las interacciones con nuestro animal pasarán a un nuevo nivel, pues nos reconocerán perfectamente y reaccionarán a nuestros movimientos e instrucciones como nunca antes se había visto. Y con un nivel gráfico sencillamente impresionante y rugiente. Lo dicho: tigres, leones, todos pueden ser los campeones.

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Verde que te quiero verde

La Xbox One ha arrancado motores con una "forza" brutal

La Xbox One ha arrancado motores con una “forza” brutal

Un millón en un día. Ni más ni menos. Así se resume la potencia de saque de Xbox One, que ha despachado tan redonda y redondeada cifra de consolas en sus primeras 24 de vida. Así que nobleza obliga a comentar más pormenorizadamente, y entre hoy y mañana, los principales culpables de tal éxito: los juegos estrella de su lanzamiento. Empezando por uno de los más esperados: “Forza Motorsport 5”, el no va más del género de conducción, un nuevo episodio en el que Turn 10 echa toda la carne en el asador para lograr un realismo visual sin precedentes en la experiencia de conducir, gracias a un nuevo motor gráfico permite recrear miles de materiales y texturas con un nivel de precisión imposible hasta la fecha: desde el reflejo de la luz sobre una capa de pintura perfectamente aplicada a la textura del cuero cosido a mano y del metal pulido, pasando por las huellas en los neumáticos desgastados y en el asfalto erosionado. Una auténtica barbaridad.

Los modelos clásicos son una de las señas de clase y elegancia del juego

Los modelos clásicos son una de las señas de clase y elegancia del juego

Aparte de un virtuosismo gráfico apabullante, lo que llama la atención de este “Forza” es su afán renovador y reformista. Por ejemplo, ha eliminado el clásico modo carrera, que nos permitía desbloquear circuitos, vehículos y desafíos, en beneficio de un acceso más selecto según las capacidades y posibilidades de cada usuario, ya que es casi imposible lograr todos los modelos disponibles en el garaje (para hacerse una idea, nada mejor que chequear el modo AutoVista, que va más allá de los 26 modelos de rigor). Hablando de modelos, La oferta automovilista del “Forza 5” es como para desencajarte la mandíbula: Audi, Ferrari, Porsche o Mercedes no han querido perderse la fiesta, y se unen al garaje aportando sus cochazos en su más alta gama. Además de clásicos modernos como el Ford Focus ST o el Chrysler 300 SRT8, también tendremos auténticas joyas como el AMC Javelin-AMX del 71, el Alfa Romeo Giulia Sprint GTA Stradale del 65 o hasta el Mercedes 300SL Gullwing Coupe. Y mil y un joyas más, incluyendo históricos monoplazas de Grandes Premios, que se irán incorporando para disfrute del personal. Y es que que una de las claves maestras de esta edición, entroncada con la característica principal de la consola, es la accesibilidad: todos los usuarios van a poder disfrutar de los 60 frames por segundo más elegantes, estables y majestuosos que se recuerdan en un juego de conducción.

http://www.youtube.com/watch?v=iYTx9DFWMSI

Ello nos conduce, nunca mejor dicho, a un modo multijugador rápido y equilibrado: gracias al innovador Matchmaking inteligente y a los servidores dedicados de Xbox Live, disfruta de épicas partidas multijugador perfectamente adaptadas a tu nivel y estilo. Todo un espectáculo poder disputar carreras vibrantes en Laguna Seca, con unos competidores más fieros que nunca gracias a la IA del juego, seis veces, seis, más potente gracias a las posibilidades tecnológicas de la Xbox One y del sistema de matchmaking llamado Smart Match, que tiene en cuenta el nivel de los corredores y su grado de picardía y veteranía. Aparte, detalles como la meteorología, la iluminación, la música, los escenarios, los circuitos perfectamente detallados, y todo lo que se nos ocurra, tienen un despliegue magistral y prácticamente inmaculado. Incluso los neumáticos Calspan en vez de Pirelli le dan un plus de “aviación” a la velocidad crucero global. En fin, que si no estamos ante el simulador de carreras definitivo, que venga Schumacher y Fangio y lo vean.

¿Una sesión de "Harlem shake"? Mejor el "Dead rising 3" a pleno rendimiento

¿Una sesión de “Harlem shake”? Mejor el “Dead rising 3” a pleno rendimiento

Y, en la otra esquina tenemos zombis, zombis y más zombis. Porque “Dead rising 3” es, además de una diversión casi hipnótica, un idóneo manual de instrucciones iniciales sobre cómo se las puede gastar Xbox One en el futuro en cuanto a capacidad, amplitud de horizontes y gestión de masas (en este caso, podridas pero contentas, como decía la canción). Aparte de la masacre máxima planteada por la saga, y que puede recordar a otra saga destrozona pero estilosa como es “Dynasty Warriors”, “Dead rising” se beneficiaba, desde sus inicios allá por 2006, de un sentido del humor a veces corrosivo y unas referencias a la cultura pop propias de un Duke Nukem en sus mejores años. Constantes vitales (valga la paradoja) que han conservado y aumentado en este tercer capítulo, que se localiza justo una década después de los fatales acontecimientos acaecidos en Fortune City, cuna de la escabechina de “Dead rising 2”. Así, tendremos un nuevo prota, un mecánico (del swing) Nick Ramos, que tendrá que afilar su caja de herramientas a la hora de sobrevivir al caos que se apodera de Los Perdidos, California. Su principal cometido, además de escapar de los mordiscos y zarpazos de las criaturas feroces, será escapar, junto con otros supervivientes, de la ciudad antes de que el ejército la convierta en cenizas.

Algunas de las "joyitas" con las que podremos arrasar muertos vivientes

Algunas de las “joyitas” con las que podremos arrasar muertos vivientes

Para salir vivos de esta locura, es preciso recurrir a las armas disponibles, que serán muchas y variadas: pistolas, cuchillos, grandas, lanzacohetes… Pero, en realidad, lo mejor es explorar a fondo el editor de armas, una de las señas de identidad de la saga: aquí casi cualquier cosa se puede usar para combatir a los zombis: despojos de viviendas, tuberías, sanitarios, palos, tablones… Y no digamos los talleres que hay en la ciudad, numerosos y todo un edén para un manitas como nuestro prota. Aunque también basa su atractivo en las funciones online (con el compinche Dick en el modo cooperativo, y hasta 24 supervivientes en el multijugador), “Dead rising 3” tiene más alma de sandbox lobo solitario que nunca, con un argumento testimonial eclipsado por su poderoso instinto de salir por patas y liquidar zombis a troche y moche. Tendremos cerca de 25.000 para elegir, así que échale pan y merienda a la cosa. Aquí no habrá límite de tiempo, además, pudiendo guardar la partida sobre el terreno y no solo en el “excusado”, como antes (a no ser que juguemos al “nightmare mode”, con opcienes más limitadas).

La exploración de Los Perdidos y sus cuatro grandes barrios, gracias a los cañeros -y por supuesto letales- vehículos disponibles es capital en un juego repleto de sorpresas y de los golpes surrealistas típicos de la casa (disfraces, guiños, referencias jugosas…). Algunos zombis son de traca, aunque los no infectados también tienen lo suyo, inspirados en los siete pecados capitales y todo. Mucha diversión (20 horas de juego), escenarios brillantes y, sobre todo, gráficos y jugabilidad que anticipan lo que puede llegar a ser la Xbox One. Por cierto, para que no se diga, el juego también utiliza algunas de las funciones estrella de la consola. Por ejemplo, el Xbox SmartGlass, ideal para localizar objetos y puntos referenciales de las diversas misiones, así como mandar un SOS militar en caso de apuro extremo. Por su parte, Kinect es ideal para llamar la atención y distraer a los zombis “a viva voz”, aparte de navegar por los menús con buena brújula. ¿Quién teme al muerto viviente feroz?

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¿La familia nipona? Bien, gracias

Marchando un rico choque generacional con guarnición de sushi

Marchando un rico choque generacional con guarnición de sushi

Este viernes, aparte de alguna opción tan recomendable como ver de nuevo “Blue Jasmine” (que desde ya incluimos en nuestro top 10, o tal vez 15, anual, ránking del que nos ocuparemos en el último y especialísimo post de 2013, por cierto) y pasmarnos ante el tour de force de Cate Blanchett, de la demoledora escena final, de lo bien que están los “chicos Boardwalk Empire” (el dentista y el chulángano novio de la hermana) y de lo enjuto que se ha quedado Peter Sarsgaard, no es mala idea recomendar un estreno que a buen seguro interesará a los adoradores de la cultura y la idiosincracia japonesa de este blog: “Una familia de Tokio”. Se trata, como cualquier cinéfilo sabrá, de un homenaje-remake (ya se sabe cómo van estas cosas en el cine: cuando copias a un clásico es una legítima reverencia) a la mítica “Cuentos de Tokio” del seminal Yasujiro Ozu, que tanto disfrutamos en aquellas tardes heroicas en la Filmoteca allá por los 90.

Precioso cartel original del mítico "Tokyo monogatari", de Ozu, alma mater de esta película

Precioso cartel original del mítico “Tokyo monogatari”, de Ozu, alma mater de esta película

Lo bueno de este caso es que el filme lo rueda Yoji Yamada quien, aparte de ser un especialista en la parodia amarilla más chillona (la saga “Tora-san”) fue un discípulo aventajado del maestro, y ha tenido el tacto y buen gusto de tratar tan idolatrado material original (que suele estar en el podio de las mejores películas de todos los tiempos junto a “Ciudadano Kane” y alguna de Bergman o Fellini) trasplantándolo al Japón actual, aunque la temática (cómo tratan los hijos a sus padres cuando éstos peinan canas) es atemporal y universal: de hecho, es habitual en el cine de Paco Martínez Soria, toma blasfemia cinéfila. Que tampoco es tanta, ya que el ritmo costumbrista y algo astracanero se impone al principio, aunque la muerte de la abuela gira dramáticamente el tempo del filme, que se vuelve emocionante y reflexivo en su tramo final. Un trabajo sólido, intenso y honesto que recuerda los guiños cómplices de Ripstein hacia su maestro Buñuel, por ejemplo. Curiosamente, el componente tecnológico y “jugón” (aunque aparece algún letrero de Sega al fondo) casi brilla por su ausencia en una crónica del Tokio actual. Y es que ponerse analógico una vez al año no hace daño…

http://www.youtube.com/watch?v=GsOKPVJGxFw

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Fantasmas de lo nuevo

Los "ghosts", al rescate de un planeta hecho añicos

Los “ghosts”, al rescate de un planeta hecho añicos

En medio de la vorágine en la que el sector videojugón está inmersa durante las últimas semanas (y lo que queda hasta final de año), no podemos pasar por alto un auténtico “highlight” -valga la redundancia- de cada mes de noviembre: un nuevo episodio de la saga más esperada, más cañera y, a veces, más polémica. Hablamos, cómo no, de “Call of Duty: Ghosts”, oro puro para más de 40 millones de fans que, temporada tras temporada, esperan su dosis de ardor guerrero como agua de mayo. Y, como en los mejores casos, no ha dejado indiferente a nadie. Empezando por su argumento, donde nos pondremos del lado del “eslabón más débil” en mitad de una masacre planetaria que nos sitúa una década después de un acontecimiento devastador, que provocó que el equilibrio de poder mundial y las fronteras nacionales han cambiado de manera permanente. Y ahí entran en escena los “ghosts”, un grupo de élite liderado por el soldado Logan que tendrá que luchar contra un enemigo tecnológicamente superior.

Aparte de la Guerra entre Clanes, también tendremos la "guerra de los canes"...

Aparte de la Guerra entre Clanes, también tendremos la “guerra de los canes”…

Ya en los primeros compases del juego queda claro que la cosa ha cambiado: más que irse por las ramas terroristas, o incluso las nubes, damos un salto directamente al espacio, protagonizando una misión antigravitatoria (un hallazgo ir cogiendo armamento flotando dentro de nuestra nave) enfundados en traje de astronauta y con la Tierra de fondo, en unas imágenes cuya espectacularidad y belleza remiten directamente a “Gravity”. ¿Quién fue primero, Cuarón o Activision? Dejémoslo en un empate técnico. Ya con los pies en el suelo, la pura esencia shooter “CoD” se derrama en todo su esplendor cuando tenemos que inspeccionar el (destrozado) terreno en busca de enemigos, actuar con sigilo y/o contundencia, derribar helicópteros, acribillar a docenas de enemigos… Un showtime adrenalínico y sin cuartel al que, como novedad, se le añade el fichaje de Riley, un pastor alemán con mucho olfato y que, como Chop en “GTA V”, también tiene sus momentos de gloria ladradora y mordedora.

¿Una escena de "Gravity"? Qué va, es Activision, más cerca de las estrellas que nunca

¿Una escena de “Gravity”? Qué va, es Activision, más cerca de las estrellas que nunca

Siete intensas horas de juego en el modo historia, un fetén “modo extinción” donde tendremos que enfrentarnos a aliens, y unas posibilidades de personalización costumización de personajes con casi 10.000 opciones disponibles redondean un título que, personalmente, nos parece sobresaliente (teniendo en cuenta que aún no hemos dado el gran salto a las consolas “next-gen”, ya falta poquito…). Aunque donde da realmente el do de pecho el juego es en su modo multijugador, con mapas dinámicos con terremotos, inundaciones y eventos provocados por el usuario que alterarán el curso y la estrategia de todos los combates. Eso, aparte de la edición de personajes ya comentada y de unas misiones (sobre todo la Guerra entre Clanes, enorme) que hará las delicias de hasta 16 jugadores enfrascados en un mismo desafío. Acción pura y dura en perfectos 60 FPS, motor gráfico impactante, localizaciones memorables, novedades cósmicas y un argumento épico. ¿Qué más se puede pedir? Bueno, algunos echarán en falta alguna machada antiterrorista de antaño, o algún ataque a aeropuertos rusos, con masacre de civiles indiscriminada, pero cada cosa en su momento. Este año toca desolación, heroísmo y ciencia-ficción, y por nosotros, de mil amores. Parafraseando a Ray Bradbury, fantasmas de lo nuevo entre doradas manzanas del sol. Por cierto, ¿qué me decís de este tráiler, con Sinatra y Megan Fox? ¡A divertirse, chicos!

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Heroicidades de una pieza

Los chicos Marvel, al completo y a galope

Los chicos Marvel, al completo y a galope

Sinceramente, era uno de los juegos que esperábamos con más interés. Qué digo interés, ansia viva y sana. Porque el aporte de la casa LEGO (aún guardamos las cajas de construcciones de nuestra infancia, incluyendo el pack de bomberos, que pasan de generación a generación tan campantes) al noveno arte es para escribir una tesina. Franquicias como “Star Wars” o “Harry Potter” (sobre todo ésta) y héroes como Indiana Jones o Batman deben buena parte de su revitalización videojugona a las versiones LEGO, auténtica vitamina y desayuno para campeones. ¿Qué decir, pues de “LEGO Marvel Super Heroes”? Pues eso, una gozada de principio a fin, un “must” para adoradores de ambas franquicias, y una machada de dimensiones casi épicas. Porque ríete de “Los Vengadores”. Aquí tenemos cien personajes de la casa dispuestos a partirse el pecho contra los villanos de sus entretelas preferidos.

Los escenarios del juego, sencillamente brillantes

Los escenarios del juego, sencillamente brillantes

Iron Man, Lobezno, los Cuatro Fantásticos, Hulk, Spiderman, Loki, Thor, Masacre, Viuda Negra… Todos los all-stars sobradamente conocidos, más una buena nómina de superhéroes “secundarios” y, sobre todo, enemigos implacables contra los que batallar en pleno Manhattan. Solo hay que ver la potencia de las peleas finales contra el Hombre de Arena o Doctor Octopus para darse cuenta de cómo se las gasta este juegazo. Por cierto, que no solo podremos transitar las calles neoyorquinas, desde Times Square a las azoteas de Manhattan, sino también escenarios típicamente marvelianos como Mansión X, Asteroide M y Asgard, todos ellos recreados con todo lujo de detalles e interacción constante con el entorno, una de las felices obsesiones de la saga.

Las batallas, como ésta de Hulk contra e Hombre de Arena, son épicas

Las batallas, como ésta de Hulk contra e Hombre de Arena, son épicas

Una historia emocionante y repleta de guiños y cambios de dirección, y con detalles de chapó (ojo a cómo se transforma Hulk en Bruce Banner, y viceversa, o cómo Míster Fantástico se metamorfosea en una taza de té pasmosamente) le añaden quilates a un juego basado en la cooperación entre los personajes y el aprovechamiento de sus habilidades: la fuerza bruta de La Masa, el vuelo rasante de Iron Man, el sentido arácnido de Spiderman, el escudo afilado de Capitán América… Y, como siempre, con mil y un detalles a descubrir, entre moneditas, gadgets, mecanismos para construir laboriosamente y un largo etcétera. Lo dicho, un título fantástico para estas Navidades ya que, además, también estará disponible para PS4 y Xbox 360. ¡Albricias!

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Cochinadas

 

Woody Allen y sus limpísimos actores

Woody Allen y sus limpísimos actores

Otro viernes más, y otra pila de estrenos en la saca. Una docena, peli arriba, peli abajo. Con cosas interesantes, como la “Blue Jasmine” del yayo Woody Allen, que por suerte esta vez no se quiere hacer el gracioso ni imitar a Ettore Scola, como en su anterior piltrafilla. Aunque la auténtica suerte para él fue fichar a Cate Blanchett, que como actriz le da mil vueltas a sus últimas musas, Pe y Scarlett. No está mal, siempre que no hayas visto una película del ex genio anterior a 1995. El resto de la oferta baja bastantes enteros: la televisiva “¿Quién mató a Bambi?” (lástima porque el director era una joven promesa del indie patrio hace unos años), las tibias y olvidables “Malavita” y “La huida”, o los espantos terroríficos “The Collection” y “Retornados”, que hacen que a uno le entren unas ganas locas de volver a ver “La cabaña en el bosque” (consultar post de la semana pasada por estas fechas).

El simpático gorrino, de lo mejor de la franja de Gaza

El simpático gorrino, de lo mejor de la franja de Gaza

Así que, hablando de hace siete días, viene muy a cuento de estos apestosos y absurdos días que vivimos (sobre todo en Madrid capital) recomendar “Un cerdo en Gaza”, una estupenda e inteligente comedia que le da una vuelta de tuerca al eterno y penoso conflicto palestino. Una fabulilla (también moral) que nos presenta a un pobre pescador a quien cae del cielo un hermoso cochino vietnamita, animalito impuro tanto para judíos como para palestinos. La ocultación y posterior amortización del gorrino (o de su simiente) dará lugar a situaciones chocantes y, a veces, descacharrantes. No olvidemos que estamos ante una comedia, incluso charlotada, y no un filme de denuncia política (aunque a veces cae en el terreno de la patochada, como el cerdo-bomba, o la ingenuidad, como esa conga final), por si algún espectador “concienciado” se desorienta. Si lo hace, que recuerde la escena del doble de Hitler paseándose por Varsovia en “Ser o no ser”, por ejemplo.

En fin, ojalá todos los cerdos con los que nos cruzásemos estos días fuesen así, ¿verdad sufridos paisanos matritenses?

En nuestro pobre Madrid también abundan los cerdos (y las urracas) últimamente

En nuestro pobre Madrid también abundan los cerdos (y las urracas) últimamente

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La primera consola

(Algunos de) los mejores juegos de nuestra vida

(Algunos de) los mejores juegos de nuestra vida

Siempre que sale una nueva consola al mercado (aunque ya se sabe que suelen ir en pareja, como las cerezas o los guardias civiles), me acuerdo de la primera de todas, o la primera que tocaron mis inocentes manos infantiles: la Videopac de Philips. Además, el “tío en América” de turno (aunque la máquina era europea de pura cepa) tuvo el detalle de pedir a Papá Noel la versión G7200, rara avis que llevaba el monitor incorporado, algo que, junto al teclado “ergonómico” y algún misterioso extra como una plantilla con símbolos y notas musicales, hacía parecer a tal ingenio directamente importado de la NASA, o de Marte. Corrían los primeros meses de los 80, del “video killed the radio star”, de la tele en color, de la revolución tecnológica casera, de los prodigios… y este maná jugón caído de cielo fue algo mágico. Aunque más mágico aún es el hecho de que, hoy por hoy, aún goce de buena salud y pueda echar algunas partiditas con mi hija, como hacía en su día con mi buen padre.

Treinta y tantos años, y tan fresca y lozana

Treinta y tantos años, y tan fresca y lozana

Principalmente, al “Munchkin”, un comecocos francamente mejorado, minimalista (solo tenía nueve pastillitas para devorar), con cantidad de escenarios (incluso editor de niveles) y una velocidad endiablada a partir de la tercera pantalla, que hacía incluso que la píldora parpadeante atravesara el cuerpo del Pac-man cuando la engullía, como en “el cuenco de cobre”. Mítico. También había otros juegazos como “Turtles” o algún matamarcianos como “Terrahawks” que poco tenía que envidiar a los de las recreativas, pero volvíamos al “Munchkin”. Y volveré cuando, a partir de la semana que viene, llegue la enésima generación de macroconsolas, con la Xbox One y la PS4 marcando poderío. A veces, los superjuguetes duran la eternidad y todo el verano.

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¿Dónde vas, Lovecraft?

 

Los pardillos, a punto de picar el anzuelo más magistral de sus vidas

Los pardillos, a punto de picar el anzuelo más magistral de sus vidas

Más vale tarde que nunca, ya se sabe. Que se lo digan al extraño caso de “La cabaña en el bosque”, una de esas películas que parecían condenadas al limbo pirata de internet tras fracasar su salto directo al DVD a finales del año pasado, justo después de dejar al Festival de Sitges con la boca abierta de par en par. Pero a veces los milagros existen y, después de cambiar de distribuidora, por fin llega hoy a nuestras pantallas este ingenio perverso, orwelliano y borgiano que bebe de tantas fuentes que requiere más de un visionado para su completo disfrute (ayer la vi de nuevo en el plus y saltaron reminiscencias a “Los juegos del hambre” o “Monstruos S.A.”, sin olvidar “Hostel” o “El show de Truman”). La trama es inmejorable: una especie de CIA controla y administra el terror en todo el mundo (también Madrid, aunque algo delirantemente) en una suerte de sacrificio para los dioses primigenios (puro Lovecraft, para cerrar el círculo sobrenatural) que está a punto de cobrarse las vidas de cinco pardillos domingueros encerrados en la cabaña de marras.

¿Quién dijo que no daba miedo?

¿Quién dijo que no daba miedo?

El desarrollo de esta idea es sencillamente brillante, aunque se nota que los autores prefieren el escenario B (perfecta parodia burocrática y jaranera con un magistral Richard Jenkins al frente) antes que el A, dominado por el ataque de unos zombis paletos algo descuidados. Pero todo cambia cuando ambos escenarios confluyen y corre como la pólvora una matanza “metaterrorífica” de diez pares de narices, con monstruos desencadenados de todo jaez (cenobitas, dragones, bichas, fantasmas, licántropos, mutantes… y hasta un unicornio con alma de vitorino) protagonizando uno de los momentos más intensos y en estado de gracia de la historia reciente del género. Y, de postre, la aparición de uno de los iconos del cotarro, Sigourney Weaver, para darle sentido a todo el guiso y poner el broche de oro a una de las mejores películas del año… aunque en realidad fuese de 2012 (de hecho, así lo constaté en su día). Absolutamente imprecindible. Chapó.

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