Searching for…

¿Una partidita de "tiro al mendrugo"?

¿Una partidita de “tiro al mendrugo”?

Cuanto más revisamos la parrillada de estrenos de cada viernes, más ganas tenemos de volver a ver “Searching for Sugar Man” (a ver si alcanzamos las 13 ó 14 de Pedro Ruiz…). Hoy la cosa viene calentita, o más bien gélida, porque “Resacón 3”, “R3sacón”, o como demonios quieran llamarla, tiene la misma gracia que el chiste del perro Mistetas que contábamos en la EGB. Pero lo peor no es que sea repetitiva, boba y sin chispa (algo que ya nos temíamos en la anterior entrega tailandesa), sino que, encima, se pone nostálgica y autocompasiva. O sea, como un cuñado plasta y borracho que ha perdido su escaso encanto con las mujeres. Una muestra de cómo Hollywood recalienta y destruye una simpática idea a base de estirarla por activa y por pasiva (véase el pseudo spin-off “Salidos de cuentas”).

Y es que, a pesar de todo, es importante mantener la dignidad y la vergüenza. Dignas, al menos, son otras dos novedades de la semana. La primera, muy made in festival de Málaga, es “Hijo de Caín”, esmerado aunque “moroso” (como dicen los modernuquis) thriller que, aunque tira de mucho lugar común y simbolismo fácil (el ajedrez, ese juego de mesa tan jugoso), vuelve a beneficiarse del gran estado de forma de Coronado, incluso cuando no está Urbizu a los mandos. Por cierto, si habéis visto el criminal tráiler biligüe, ahí tenéis la mejor forma de dinamitar un estreno (y, por supuesto, da igual que sea catalán o eslovaco). Luego nos quejamos de que va poca gente a ver cine español y que los Renoir se vacían (en dichas salas lo llevo sufriendo un par de semanas). ¿Cómo se puede ser tan obtuso?, como dicen en mi idolatrada “Cadena perpetua”.

El putero y la adúltera de "360"

El putero y la adúltera de “360”

Y, en la otra esquina, “360” (subtitulada tontamente como “Juego de destinos”), último filme de Fernando Meirelles (el Kurt Rambis del cine brasileño), que sigue despeñándose desde que tocara el cielo con la enorme “Ciudad de Dios” (peli de cabecera de “Max Payne 3”). Ahora, adapta el canon de las novelas tipo “vidas cruzadas”, “La ronda”, de Schnitzler, llevada al cine primorosamente en 1950 por Max Ophüls (que alguien se acuerde de Ophüls hoy día ya es un detallazo). Desgraciadamente, toda la sutileza del filme original se desvanece en un álbum de cromos lleno de personajes desdibujados, algunos con una torpeza y olvido alarmantes viniendo de quien viene la cosa, en un puzle artificioso con piezas mordidas que nunca acaban de encajar. Excepto el papelón de Anthony Hopkins (ojo a su confesión en una reunión de Alcohólicos Anónimos), el conjunto parece un híbrido entre “Secretos y mentiras” (por algo asoma tímidamente Marianne Jean-Baptiste) y ese mobiliario de metracrilato que acaba siendo cierto cine “cosmopolita” y, casi inevitablemente, cateto.

En fin, que ante tanta medianía mediopensionista, al menos tenemos la voz de un poeta que se alza con suma facilidad. Hazles callar la maldita boca, Rodriguez:

PD. Por cierto, una decente que se nos quedó olvidada la semana pasada: “Un amigo para Frank”, curioso cruce entre Bradbury y Rufufú protagonizado por un robot mayordomo casi tan solítico como el Lluís Homar de “Eva”, y por un gran Frank Langella que, si existiese justicia, y Hollywood premiase a las actuaciones y no a las imitaciones, ya tendría que tener un Oscar en sus vitrinas. Además, la sala estaba moderadamente llena de cinéfilos de la tercera edad, seguramente suspirando por un autómata así de buen mozo para ellos solitos (la robótica humanista, esa eterna quimera de la ciencia-ficción…).

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Terrores reciclados

El espanto surge del camarote

El espanto surge del camarote

Últimamente bajaban turbulentas las aguas de una de las franquicias seminales del “survival horror” (aunque, para algunos historiadores, el patriarca del subgénero es el mítico “Impossible Mission” para Commodore 64): estrellas dispares -el dilema sobre si “Resident Evil 6” es una maravilla o una birria casi se ha sometido a votación sumarísima en el congreso-, proyectos a tirones, estrenos consoleros decepcionantes, saga cinematográfica conducida de aquella manera… Por ello, nos parece cabal y razonable la opción de Capcom de tomarse un respiro y resucitar una de las porciones que mejor sabor de boca dejaron entre los fans: “Resident Evil Revelations”. Como muchos recordarán, la entrega original llegó a 3DS a principios del año pasado (ver reseña en nuestro anterior blog aquí). Ahora, da el estirón convenientemente en PS3, Xbox 360, Wii U y PC, para que no se diga.

Porque, después de superar con nota el “experimento miniaturizador” de regresar a las raíces del “survival”, la jugada que pedía todo el mundo a gritos era ampliar horizontes y añadir quilates gráficos y “regomeyos” a una experiencia sofocante, angustiosa y escalofriante como pocas. ¿Dónde se pasa peor siendo perseguido por una horda de aberraciones mutantes y no-muertas, en los corredores de un caserón mohoso o en las bodegas de un barco igualmente purulento? Siguiendo aquí las evoluciones de Jill y Parker a la caza y pesca de Chris Redfield, la cosa está clara. A pesar de que el 3D brilla por su ausencia (realmente, en este tipo de juegos importa menos que, por ejemplo en las plataformas “mariófilas”), nos encontramos con un plus terrorífico en las alforjas, teniendo en cuenta que la raspa argumental sigue siendo la misma (esto es, los acontecimientos acaecidos entre el cuarto y quinto episodio).

Rachel, dando el do de pecho en su "modo alternativo"

Rachel, dando el do de pecho en su “modo alternativo”

Eso sí, las horripilantes criaturas con las que nos enfrentaremos cara a cara provocan más desazón que nunca, y encima se han añadido un par de razas de noche al bestiario, por si fuera poco. Ojo también a los “perritos” con el costillar al aire que nos asolarán en algunos escenarios al aire libre, guiño clásico de la saga, desde luego. Tampoco faltan novedades para la galería como un modo de juego alternativo protagonizado por Hunk y Rachel (ay, Rachel, Rachel…), mapas más accesibles para no perderse entre pasillos y puertas mil (sobre todo en la versión Wii U) y, en fin, contenidos descargables en tropel para ampliar aún más la carne de gallina. La operación ha salido redonda, ya que “RER” se ha aupado en un periquete a lo más alto de las listas de ventas en Reino Unido, leyendo la cartilla a “Donkey Kong Country Returns 3D” o “Metro Last Light”. El valor de una marca bien cuidada, ya se sabe.

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You’re the One (¿una consola de entonces?)

Cherchez la consolé

Cherchez la consolé

El martes pasado, parafraseando a Olano, la Gran Vía se volvió a reír. En las tripas del emporio telefónico, justo al lado de donde estaba el mítico mercado guerrillero Sepu (qué bien vendría en estos tiempos, por cierto), se levantaba el telón de la Xbox One. Bueno, más bien se encendía una tele para que un tipo nos lo contara allende los mares. Las “comparencias-plasma” estilo Rajoy, el signo de los tiempos, ya se sabe. Un toque “orwelliano” que no fue óbice para que el aforo se completase hasta la bandera, con periodistas noveles y veteranos (qué bien sienta no ser el más viejo del lugar de vez en cuando), con abundancia de chuches, piruletas y caramelos (todos de corporativo color verde, además) para amenizar la espera y la larga charleta. La nueva consola de Microsoft era la reina del baile, por supuesto. ¿Reina por un día? Esperemos que no.

Casi una semana más tarde, el tumulto inicial y los primeros anuncios de juegos para el nuevo ingenio (lógicos y esperados, evidentemente, no van a quedarse ancladas en el pasado franquicias billonarias) han dado paso a un compás de espera hasta que llegue lo realmente importante: probar la consola. Palparla, escucharla rugir, comprobar si su diseño de reproductor de vídeo 2000 o aparato de aire acondicionado de los 90 engaña y al natural es una preciosidad, cumbre del diseño funcional. Personalmente, estas presentaciones me dejan un poso agridulce de “coitus interruptus”. ¿Esto es todo, amigos? ¿Se mira pero no se toca? ¿Hemos sido niños malos para que nos pongan los dientes largos? Ante este panorama, hay que contentarse, de buena fe, con lo que nos cuenten “los mayores”: que va a ser la repanocha en cuanto a juegos (“Quantum Break” es el que llama más la atención a priori), a reconocimiento e interacción con el jugador, a multidisciplinaridad de ocio electrónico, TV, “nube” online y todos los elementos que queramos echar al caldero mágico, que se enciende a la voz de “ábrete sésamo“, que si la pelotera de los juegos de segunda mano, el acuerdo con el fútbol americano (¿mande?)… Pues eso, abracadabra, pata de cabra, o de conejo.

La televisión, más nutritiva que nunca

La televisión, más nutritiva que nunca

Como el valor al soldado, hay cosas que se presuponen en una consola que va a marcar el paso a la nueva generación: potencia, prestaciones, ampliaciaciones y fidelizaciones, que todas la compañías bailen a tu son (¿verdad EA y WiiU?)… Pero esto del hardware es más sencillo de lo que parece: una máquina, una tele y un mando (incluso en el país de Kinect, invento que puede consagrarse, o hundirse, definitivamente con Xbox One). Pero lo que realmente importa son los juegos, el desayuno de los campeones, la madre del cordero. Eso, e ir ahorrando los 600 euros que podría costar, según los últimos rumores. Y, cómo no, la competencia respirándote en el cogote, y encajando con deportividad (o no) el touché de que el One fuese el apellido de su primogénito, PlayStation One. En el fondo, son como niños… Y nosotros también, naturalmente. ¿Quién dijo aburrimiento los próximos meses? Próxima parada: E3.

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Carreteras y manta

¿Qué tal un "A todo gas" meets "Los bicivoladores"?

¿Qué tal un “A todo gas” meets “Los bicivoladores”?

Otro viernes de estreno más, anunciado como siempre por los carteles de nuevas películas, algunas largamente esperadas, otras casi a descubrir, colocados en marquesinas, carteles, pasillos de metro y paradas de autobús. ¿Antes nos hacía más ilusión descubrir tal preludio urbano, esas miguitas de cuento que nos conducían a la sala de cine más cercana? Seguramente. Quizá porque ahora cada vez quedan menos “salas de cines más cercanas” y ese ritual semanal, casi iniciático, de “ir a ver qué echan” se va perdiendo poco a poco. Pero, bueno, mientras haya vida hay esperanza. A falta de astro rey (o solete, en su defecto) como el viernes pasado, hoy nos centramos en un trío, no de ases pero casi. Por un lado, las asfáticas “A todo gas 6” y “The trip”. De la primera no hay mucho más que añadir viendo la foto de arriba: más adrenalina, más músculos, más cochazos, más tanques, más aviones, más de todo… Incluso con un toque emotivo y “melo” cual leve arañazo en la carrocería a prueba de bombas. Muy leve. De todas formas, cine brutalmente honesto, como comprar un paquete de salchichas de garrafón en el supermercado: lo quieres, lo pagas, lo consumes, te sacias y a otra cosa.

Por suerte, “The trip” sí que es una agradable sorpresa. Relativa, porque viene firmada por Michael Winterbottom, un cineasta que, si existiera algo de justicia poética en el mundo, estaría en los altares del séptimo arte desde hace tiempo. De los muchísimos palos que domina, aquí toca con virtuosismo el cómico: una extraña pareja, una misión extravagante y gastronómica y muchas millas por recorrer con el depósito lleno de ironía y retranca típicamente inglesas. Exquisita y algo arrogante. Y esa pareja protagonista… De ovación y vuelta al ruedo, como quien dice.

Queremos tanto a Colin...

Queremos tanto a Colin…

Tras las carreteras (principales y secundarias), la manta (zamorana): Colin Farrell. Uf. Mira que el tipo ha tenido oportunidades, ha trabajo con los mejores (Spielberg, Stone, Malick, Allen…), ha disfrutado de proyectos palomiteros (“Desafío total”) o de culto (“Escondidos en Brujas”), incluso ha sido malo de superhéroe (“Daredevil”, otra que tal baila)… Pero, no contento con ello, el hombre se crece (algo nada complicado en su caso) y se cree Anthony Quinn, con resultados bastante catastróficos: lo mismo acepta ser una imposible estrella country (“Corazón rebelde”) como un vampiro con dientes de leche (“Noche de miedo”) o, ay, el mismísimo Alejandro Magno con complejo de Edipo reprimido. Pero donde nos tocó la fibra fue en “Pregúntale al viento”, donde osó “metamorfosearse” en el gran John Fante. Y eso sí que no. Y espérate que tiene un “Miss Julie” made in Liv Ullman en la manga. Algunos agentes merecerían un monumento. En fin. Ahora, se mete en la piel de un francotirador húngaro (¿?) en “Dead Man Down”, salto a Hollywood del director de “Los hombres que no amaban a las mujeres” (versión sueca, que no suecada) y fenomenal empanada noir con venganzas, ajustes de cuentas y tics del último thriller europeo híbrido. Quizá por ello algunos han encontrado conexiones con Lang y “Los sobornados”, pero no merece la pena apuntar tan alto. Lo mejor, Noomi Rapace (otra con suerte dispar en Jolibú, con castañas asadas como “Prometheus” o “Sherlock Holmes 2”) en un papel cosido a cicatrices externas e internas. Y ojo también a su madre (sorda, así al menos podría encender a viva voz la nueva Xbox One) en la ficción, una Isabelle Huppert que hoy también estrena “En otro país” y de la que aún conservamos el impacto emocional que nos dejó su papel de hija desnaturalizada en “Amor” de Haneke. Mira, empezamos con “A todo gas” y acabamos con Haneke. Qué cosas.

http://www.youtube.com/watch?v=vujYViZRoDY

PD. La recomendación jugona es bien sencilla: el flamante “Fast & Furious Showdown”, estupendo videojuego basada en una película con alma de videojuego. El argumento sirve de puente entre la quinta parte y la sexta… aunque, ¿a quién le importa el argumento? Pisa el acelerador y calla, canalla.

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El bueno, el mono y el malo

Vamos que nos vamos...

Vamos que nos vamos…

Y, ya que hablamos de clásicos populares a la carta, ¿qué decir del “gran patriarca simiesco y piedra angular del imperio Nintendo“, como le llamamos en Megaconsolas (perdón por la autocita)? El mono supremo del corral regresa a casa gozosamente con “Donkey Kong Country Returns 3D”, remake de una de sus aventuras más recordadas y superventas (4 millones de unidades en Wii) y que viene a ser la summa de toda la filosofía donkeyiana: saltar, trepar, lanzar barriles, devorar plátanos y recorrer mil y un balancines, desniveles y obstáculos con Diddy en la chepa. Todo ello, en el marco incomparable de la Isla Donkey Kong, territorio repleto de junglas, playas y escenarios hostiles que se convierte en un gran parque temático para campar a nuestras anchas. ¡Que vivan los plataformas con tronío!

Algunos enemigos nos darán la del pulpo

Algunos enemigos nos darán la del pulpo

No descubrimos nada: para Nintendo, este cotarro plataformero tiene menos misterio que para Sheldon Cooper la tabla periódica. Así que tiran de oficio e imaginación para bordar un juegazo de cabo a rabo, con nueve mundos y otros tantos niveles por barba que parecen una auténtica tesis doctoral sobre el género. Y cum laude, evidentemente. A destacar el aéreo, donde tendremos que irnos por las nubes para llegar a nuestro destino. Como siempre, las monedas, letras de KONG, piezas de puzzle y todo tipo de gadgets y mejoras (adquiridos en la tienda de Cranky Kong) aportan una rejugabilidad (y retrojugabilidad) óptima a la cosa, aparte de una agilidad y una elasticidad tal que nadie diría que nuestro héroe ya no cumple las 32 primaveras

De postre, los neófitos tendrán un modo Nuevo con tres corazones extra, aparte del tutorial pasa-niveles para torpes por si nos encallamos en algún barril-cañón o el pulpo nos da la del ídem. Un despliegue gráfico 3D a la altura de las circunstancias, enemigos finales con bastante mal café y una curva de dificultad bien tensada le ponen la medallita a otro crack de la escudería nintendiana. Monkey business forever.

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Le seguían llamando Pokémon…

Pikachu y Oshawott sudarán la gota gorda en esta aventura

Pikachu y Oshawott sudarán la gota gorda en esta aventura

Sí, sabemos que todo el mundo anda a estas alturas engolosinado con la nueva generación consolera (de la que hablaremos cuando se haya reposado la polvareda y el ruido de caballos al galope) pero no tampoco que perder de vista a los históricos. Y, desde luego, Pikachu y sus huestes lo son desde hace unos cuantos lustros, y por méritos propios. Sobre todo por su capacidad de renovarse y reinventarse, respetando su ADN fundacional, a lo largo del tiempo, sacándose sagas y subfranquicias de la manga y sin defraudar a su legión de seguidores. Véase el último ejemplo, “Pokémon Mundo Misterioso. Portales al infinito”, un juego que podría ser el perfecto complemento del inminente “Animal Crossing: New Leaf”, no solo por el parecido guiño rolero, “constructor” y conversacional sino porque, en vez de antropomorfismo, aquí arrancamos motores con una especie de transmigración de almas (hacia uno de los cinco diosecillos pokémon más carismáticos del Olimpo) y continuamos gozosamente a lo largo de una aventura que, en ocasiones, parece una fábula de Esopo, o hasta una parábola bíblica, ya que tendremos que crear nada menos que el Paraíso de los Pokémon (tal vez con fruta prohibida y todo).

Mazmorras, villas y praderas a tutiplén

Mazmorras, villas y praderas a tutiplén

Así se las gasta un título que se desmarca de la línea de sus predecesores “misteriosos” y busca más complicidad con el jugador, más inmediatez en los combates (desarrollados de forma muy exprés y ágil, nada que ver con los tiempos muertos del inicios de la serie), y novedades jugosas como esos Magnoportales que le aportan una dimensión extra a las auténticas protagonistas del meollo: las mazmorras. Veinte mazmorras, veinte, serán las que tengamos que explorar y peinar hasta exprimir sus tesoros y secretos; aunque tranquilos, también veremos la luz de vez en cuando, porque algunos paisajes naturales de este título son de pinacoteca impresionista (ojo a los cielos estereoscópicos). This land is your land, desde Cueva Rocosa a Villa Reposo

Por lo demás, los atributos clásicos de la franquicia siguen cumpliendo al pie de la letra: amplitud de bestiario, tajada multijugadora (ojo a la vertiente StreetPass), y ese sentido del humor naíf y entrañable típicamente pokemoníaco. Cierto que, a veces, parece que han cenado lenguado de tanto que hablan por los codos los bichos, pero ellos son así, qué vamos a hacer. Quizá algunos fans esperaban mayor enjundia, pero es innegable que éste es uno de los cartuchos más entretenidos y menos aburridos de la saga. En fin, un “Pokémon” más que echarse al coleto tan gustosamente. Y van… Que no sea el último, of course.

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Novedades

Persona-4-Arena-USA-06

Zas, en toda la boca, “Persona”

Después de la semana “retrofantástica” pasada (de Game&Watch a Scott Fitzgerald, échale narices), y antes de que empiecen unas cuantas presentaciones jugosas (sin ir más lejos, el evento “The last of us” de hoy, del que, por supuesto, informaremos en el blog), quizá sea el momento de ponernos al día con algunas últimas novedades que han salido al mercado, cada una de su padre y de su madre pero con sus gotas, o chorreones, de interés jugón. Veámoslas en plan flash, picadito a la par que concentrado y jugoso.

-“PERSONA 4: ARENA”. Después de cruzar los dedos para que llegase a estos andurriales, finalmente aterrizó el último episodio de una saga que siempre nos ha hecho tilín (será por lo bergmaniano de “Persona”). Más japo que Hello Kitty tomando sushi mientras ve “Rashomon”, en este episodio se dejan de rock and rol y se lanzan a la arena (el título no engaña) para repartir unas cuantas yoyas, pero con mucho estilo y sofisticación. Centellas y retruécanos de la casa, personajes tremebundos y una ambientación con todo lujo de detalles (y alguna paranoia suelta) para una de las sorpresas (agradables) de la temporada.

-“METRO: LAST LIGHT”. Otro largamente esperado y con espada de Damocles (la demolición de THQ) sobre la testa pero, finalmente, el pasado viernes aterrizó con fuerza. Un nuevo viaje escalofriante al subsuelo soviet (supremo) a la altura de sus predecesores (sobre todo el memorable “2033”): perfecta ambientación industrial-underground, angustia a cada paso (ojo a los efectos sonoros) y mutaciones casi abisales definen un trayecto largo y sin trasbordos al centro del survival horror más apocalíptico. Como para coger solo el autobús de ahora en adelante.

http://www.youtube.com/watch?v=kXU-S7pBnWM

-“THE WALKING DEAD”. Después de algunas turbulencias sonoras y variopintas en el género terrorífico como “Dead Island Riptide” o “Resident Evil Revelations”, he aquí una pieza inesperadamente notable. ¿Inesperadamente? Bueno, considerando que los trasvases televisivos-consoleros suelen salir más ranas que los principitos de la Corinna esa (véase “Star Trek”, uf). Pero aquí la cosa cambia, seguramente porque el modelo está en el cómic original y no tanto en la celebérrima teleserie resultante. Espíritu precuelero, personajes novedosos, trama muy currada, al igual que el look (con confundir con gráficos o animaciones), y una dosificación de la intriga narrativa y la acción gore marca de la casa riegan de laureles este juego, para muchos de lo mejorcito de 2013, aunque el año pasado ya lo disfrutamos en porciones, como debe ser tratándose de zombis.

Zombies party again

Zombies party again

-LA PEDREA: Y, para completar la faena, “Dragon’s dogma”, “COD Black Ops 2 Upriring”, “Pokémon Mundo Misterioso: Portales al infinito”… Además, si los sacamos en nuestro nuevo número de Megaconsolas es que no están nada mal, ¿no?

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Gatsby, Deliranta Rococó y Paco Fiestas

“Donde algunos ven pelucas, yo veo prejuicios”, le soltaba un, por fin, espléndido Al Pacino a Helen Mirren en “Phil Spector”, fantástico telefilme made in HBO escrito y dirigido por David Mamet (genial la idea de enseñar los ensayos del juicio y no el juicio en sí) que el otro día estrenaron en el plus. Algo así podría aplicarse a “El gran Gatsby” (2013). Recientemente un colega comentó en Twitter que, muchas veces, los periodistas vamos a ver una película con la crítica escrita de antemano. Muy cierto. Claro que, en ocasiones, la tentación está a huevo: aquí, por ejemplo, tenemos a uno de los directores más alocados de Hollywood, a un rapero con visa oro (a la sazón maridín de Beyoncé y jefazo de los millonetis Brooklyn Nets) componiendo la banda sonora (estamos en los años 20, recordemos) y un presupuesto 50 veces mayor que, sin ir más lejos, “La mula”… aunque, en vez del bochorno visual de la “película” mangoneada por la hijísima de Fra(u)de, al menos el regalo se presenta en un apabullante 3D. Vamos, una peluca más voluminosa que la deposición de un elefante con diarrea (sorry por la escatología paquidérmica).

Pedazo de guateque (y encima con confetti 3D)

Pedazo de guateque (y encima con confetti 3D)

Por supuesto, dichos críticos “anticipativos” tampoco tienen problema -mientras que pontifican llamando a Scott Fitzgerald “sobrevalorado”- en meterse en la mente del personaje de Jay Gatsby y aventurar que esta adaptación le encantaría. Claro, como si se hubiesen ido de farra, vino y rosas con él el pasado jueves. Hombre, la verdad es que la cosa tiene su miga porque el dilema que se presenta a la hora de adaptar un libro, sobre todo un libro icónico, es contentarse con seguir sus renglones ilustrándolos respetuosamente y dejando cancha para la imaginación (visual) del espectador, igual que el escritor hace con la del lector; o bien irse por los cerros de Úbeda y reinterpretar de cabo a rabo la historia, como tantas veces se ha hecho con Shakespeare (sin ir más lejos, el propio Baz Luhrmann en “Romeo y Julieta”). El problema es que, aquí, el soga-tira no se decide por ninguna de las dos opciones.

Encantado de conocerme, digo de conocerte, "old sport"

Encantado de conocerme, digo de conocerte, “old sport”

Tenemos anacronismos y descontextualizaciones tan bizarras como cuestionables (las escenas de fiestas y guateques o el bólido amarillo de Gatsby que hubiese encantado al James Bond kitsch de Roger Moore) y, a la vuelta de página, goterones oscuros sobre la identidad impostada, la decadencia espumosa y el fuego fatuo de la pirotecnia sentimental. Una balanza difícil de equilibrar, sobre todo cuando también revolotean secuencias interminables (la de la suite acalorada donde se descubre el pastel) y jueguecillos chinescos con letras mecanografiadas flotando en el aire, estilo Von Trier pre-Dogma. Por suerte, contamos con un as en la manga: Leonardo DiCaprio, un seguro de vida siempre, y aquí aún más (¿qué otra estrella actual podría meterse en la piel de serpiente multicolor de Gatsby?), con esa entrada en escena estilo Welles en “El tercer hombre”, salvando las distancias y las mitologías. Como contrapeso, Carey Mulligan y su toque Shirley McLaine que nos deslumbró en “An education”, aunque luego haya ido perdiendo fuelle ligeramente, pese a la escena del karaoke en “Shame”. También dan el do de pecho Tobey Maguire haciendo de Tobey Maguire, y un Joel Edgerton al que recordamos de “Warrior”, una de las mejores películas de los últimos tiempos (así, como suena) por dar mucho más de lo que esperamos de ella. Justamente lo contrario que esta…

¿"GTA" y Scott Fitzgerald? ¿Por qué no?

¿”GTA” y Scott Fitzgerald? ¿Por qué no?

PD. ¿Qué vaso comunicante puede haber entre Francis Scott Fitzgerald y los videojuegos? Esta semana también es de nota… Bueno, combinando Nueva York, fiestas interminables y música desenfrenada, ¿qué tal “Grand Theft Auto: The ballad of Gay Tony”? Incluso sale un cochazo amarillo limón como protagonista…

La Jay Gatsby del tebeo patrio

La Jay Gatsby del tebeo patrio

PD bis. Seguramente no haga falta explicar quién es el Paco Fiestas del título (supongo que aquí somos todos fans de “Hora de aventuras”, ¿no?). En cuanto a Deliranta Rococó, es uno de los memorables personajes de tebeo del genial Martz Schmidt, genuino representante del exceso infinito y algo hortera de tiempos muy, muy remotos.

PD segundo bis. Aparte de volver a leer “El gran Gatsby”, o cualquier libro de su autor (por ejemplo, el coñón “Cómo sobrevivir con 36.000 dólares al año”), recomendamos “El desencantado”, de Budd Schulberg, con su crónica despiada de algunas de las fiestas más brutales y espectrales del viejo Hollywood.

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Otra batallita del abuelo

Wario el proustiano

Wario el proustiano

Aprovechando que es fiesta en el foro, seguimos rebuscando en el baúl de los recuerdos a instancias de una novedad recién anunciada por Nintendo (el “Game & Wario” para Wii U, disponible el 28 de junio) que ha obrado como magdalena de Proust para otro de nuestros highlights viejunos y con percha onomástica. Porque hace aproximadamente 30 años empezaron a proliferar en Europa (en Japón ya llevaban un par de años largos) las míticas Game & Watch, auténticas pioneras del boom de las consolas portátiles y abuelas de las flamantes 3DS o PS Vita. Unos ingenios de píxel y chip prodigiosos nacidos del auge de los juguetes electrónicos con pantalla LCD de finales de los 70 (recuérdese el «Auto Race» de Mattel) y que llevaron el minimalismo y la economía de medios a una dimensión ociosa nunca antes alcanzada. Los géneros predominantes de aquellos entrañables dinosaurios de petaca eran el deportivo y el galáctico, hasta que uno de los gurús de la historia de los videojuegos, Gunpei Yokoi, aplicó la tecnología de marcas como Casio y Sharp para dotar de alma y corazón a su nuevo prodigio G&W, que Nintendo apadrinó de mil amores allá por 1980.

Sencillo como el mecanismo de un bonobús

Sencillo como el mecanismo de un bonobús

El ADN de las Game & Watch era tan sencillo como el mecanismo de un bonobús pues, en el fondo, no eran más que una calculadora con un par de niveles de dificultad, un reloj con alarma, un par de botones de control (luego se incorporó la revolucionaria cruceta) y una pantalla «escayolada» en la que se movía un monigote de diseño vintage y esquemático que inmediatamente empezó a ser conocido como «Mister Game & Watch». Los juegos en sí también eran de una candidez y una adicción desarmantes: «Ball», «Fire», «Parachute», «Octopus», «Chef»… casi todos consistentes en acciones de malabarismo relampagueante como rescatar a las víctimas de un incendio, recolectar paracaidistas en una lancha o evitar que se estamparan los platos de una cocina infernal. La cosa empezó a animarse cuando entraron en liza algunos iconos pop como Popeye, Snoopy, Mickey Mouse o, por supuesto, los cracks Donkey Kong o Mario, cuyo «Cement Factory» es uno de los títulos más vendidos y recordados de esta línea. No solo eso: Nintendo también hizo un esfuerzo de hardware con el lanzamiento en 1982 de la línea «multi screen» de pantalla doble, antecesora directa de la DS.

Trío de ases de la G&W

Trío de ases de la G&W

Más tarde llegarían virguerías algo aparatosas como los modelos Tabletop, Panorama o SuperColor, mientras que títulos como «Oil Panic», «Tropical fish» o «Zelda» siguieron multiplicándose entre las manos de los críos junto, ay, multitud de imitaciones y clones de marcas como Bandai, Coleco o Gakken que fueron erosionando poco a poco el negocio, ya tocado por el imparable ascenso del histórico «Tetris», también copiado hasta la saciedad en formatos de bolsillo. Pero la puntilla la dio el propio Yokoi con su nueva genialidad, fechada en 1989: la mismísima Game Boy. Así, el canto del cisne definitivo de Game & Watch llegó en 1991 (el 14 de octubre concretamente), cuando se lanzó «Mario the juggler», un llamativo y optimista juego color mostaza que puso punto y final al total de 59 títulos que compusieron una de las etapas más gloriosas y memorables que el aficionado veterano recuerda, aunque Nintendo lanzó no hace mucho sus series revival «Game & Watch Collection» y «Game & Watch Gallery» para Game Boy Color, GBA o DS. A ellas acudimos los nostálgicos de pro de vez en cuando para recordar aquellos maravillosos y minimalistas años de bocata de mortadela con aceitunas y queso de suela, gol regañao con pelota de papel albal y sesiones continuas en el cine Fantasio. Ah, qué tiempos… Bueno, lo dejamos por una temporada porque menuda semanita llevamos. Y ojo que aún nos queda hablar de la Philips Videopac 7200 y el Commodore 64 para completar la Santísma Trinidad Retrojugona (o tetralogía, o lo que sea, vaya)… Ja, faltaría más.

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30 años no es nada

Dirk el Atrevido, al rescate

Dirk el Atrevido, al rescate

Para un crío de nueve o diez años, aquella máquina era como la espada de Excalibur, el Santo Grial, la piedra filosofal y el arca de Indiana Jones, todo en uno. La repera, vamos. Aunque no teníamos ni idea de quién era Don Bluth, y mucho menos el LaserDisc (si aún el Betamax era ciencia-ficción, no digamos el misterioso Vídeo 2000, grandote cual monolito de Kubrick), de lo que no teníamos ninguna duda era que aquello era el futuro. Vamos, que si algún viajero en el tiempo nos hubiera traído un portátil en ese momento, y nos hubiese dejado navegar por Google en pleno 1983, le hubiésemos mandado a freír espárragos trigueros. Porque, en aquella época, lo único importante era ayudar al valiente Dirk a rescatar a la princesa Daphne (tampoco caíamos en la cuenta de que, en realidad, eran un par de pánfilos bastante pazguatos) de las garras de un rey reptilíneo, un mago grimoso y un dragón con bastante ardor de estómago.

Ese luminoso objeto de deseo jugón

Ese luminoso objeto de deseo jugón

El mes que viene se cumplirán 30 años del advenimiento de “Dragon’s Lair” en los salones recreativos, un juego que marcó un antes y un después en varios campos de nuestro pasatiempo preferido: el más obvio, su esplendor gráfico en plena época poligonal (y algo poligonera) y con el que teníamos la sensación mágica de manejar los hilos de una película de animación de “las de verdad” y meternos en sus tripas. Ríete de “La rosa púrpura de El Cairo”… También cambió el oremus de la jugabilidad: nada de machacar botones o estrangular palancas: aquí había que pensar, esperar y actuar en el momento preciso. Lástima que una idea tan revolucionaria (precursora de los quick time events) se llevara a cabo de modo irregular, con poca interacción y bastante de “memorieta”. Nadie es perfecto, pese a parecerlo.

Hasta morirse tenía estilo en "Dragon's Lair"

Hasta morirse tenía estilo en “Dragon’s Lair”

Pero lo más importante de este prodigio (valorado en un millón de dólares de la época, que tomó como inspiración algunos ejemplares de “Playboy” y que es uno de los tres títulos, junto a “Pong” y “Pac-Man”, en exposición permanente del ilustre Instituto Smithsoniano) es que nos abrió las puertas a una dimensión desconocida, haciéndonos ver que, literalmente, todo era posible en este mundillo y que nosotros, chavalines del tres al cuatro, podríamos acceder a ese reino de Oz por el módico precio de cinco duros. Aunque, en ocasiones, nos cansábamos de tanto río de lava y tanta calavera guasona y le poníamos los cuernos con “Ghosts’n’ goblins”.

Los cachondos de "Padre de familia", exhibiendo fanatismo

Los cachondos de “Padre de familia”, exhibiendo fanatismo

Como suele pasar, el tiempo ha tratado de manera desigual a este clásico: biblias como “1001 videojuegos a los que hay que jugar antes de morir” lo acusan de “mucho ruido y pocas nueces”, y las versiones en iPhone y similares suponen un tijeretazo a su aura legendaria (aunque otros homenajes son justicieros). Así que lo mejor es ponerle un lazo plateado al recuerdo, quien tenga la ocasión de atesorarlo, y lanzar una salva y pirotecnia a una pieza que resultó ser un unicornio de la primera edad de oro de esta industria: y es que, a los tres días escasos de salir al mercado, estalló la Gran Crisis del 83. Pero esa es otra historia…

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